Nueva Carretera Central es innecesaria: 24 mil millones de soles no son imprescindibles

Hay otras salidas, tanto por el Norte (Canta-Huayllay) como por el Sur de Lima (La Chutana), para descargar en un 50% la congestión de la actual vía del centro del país.


Por Domingo Palermo

El tema de la Nueva Carretera Central (NCC), lamentablemente está alcanzando niveles de escándalo. Quienes apoyan el proyecto patrocinado por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), aupados en el convenio Gobierno a Gobierno celebrado entre el Perú y Francia, al parecer viven en otro planeta. Al margen de los actos indebidos que pudieran haberse producido, este proyecto resulta una ofensa directa a los ingenieros peruanos y a la ingeniería en general.

Esto porque la propuesta del MTC técnicamente es inviable, y en la realidad solo representa la ejecución de una simple variante de la actual Carretera Central a expensas de evaluar otras alternativas o propuestas, existiendo una razón aún más poderosa que muchos conscientemente han advertido, pero no acusan la más mínima crítica. Esa razón se llama “rentabilidad social”.

¿Cuál sería la justificación para gastar 24,000 millones de soles, que probablemente se incrementen, como ya es costumbre en nuestro medio, por lo menos en 30% más? Una cifra que será cuantificada recién con los Estudios con carácter de Definitivos y concluidos, para después dar paso a las Adendas.

La única respuesta valedera conocida es “tener la primera autopista de montaña en América Latina”, las otras no son para nada consistentes. Todos, sin excepción, quisiéramos tener esa maravillosa autopista, pero estoy seguro que esa no es razón suficiente. Y es que mi búsqueda de una justificación razonable ha sido intensa, pero los resultados han sido infructuosos, porque además la situación económica del Perú es aún muy delicada.

Las razones para invertir –con coherencia y responsabilidad– los dineros de la Nación son abrumadoras, las carencias en educación, salud, infraestructura, seguridad ciudadana y muchas más, son harto conocidas.

Los índices de pobreza han retrocedido en forma alarmante, las amas de casa de los hogares de menores ingresos ya no saben cómo estirar los 20 soles que llevan al mercado todos los días para servir la mesa familiar.

Y así podríamos abundar en ejemplos, mientras el Gobierno está ensimismado con su súper carretera de 35 millones de dólares iniciales por km. No es posible, en términos sencillos, es un despropósito, hasta un agravio a la Nación y negación flagrante de nuestra realidad.

Reformulación

Este proyecto, para no mandarlo al archivo, debería ser reformulado con la evaluación de otras alternativas viables por más que estas no hayan sido contempladas desde su inicio y lo gastado hasta la fecha es diminuto comparado con los daños que causará llevarlo adelante, porque su rentabilidad económica es insuficiente, la escasa capacidad del retorno de la inversión por los ingresos por peaje, publicidad, alquiler de ductos para fibra óptica y otras inversiones colaterales no alcanzarán ni para el mantenimiento.

Luego veríamos que la gran inversión será siempre de cargo del Estado y, lo más grave, causará daño irreparable a los distritos de la zona Este de Lima porque el impacto vial negativo que hoy los afecta, con el caos causado por la congestión vehicular, será inexorablemente mucho mayor.

Por tales razones este es justamente el momento más adecuado y conveniente para poder rectificar, adecuar y mejorar sustancialmente lo avanzado, sin causar mayores perjuicios, y de renegociar contratos ante un daño evidente, pasos que deben darse observando estrictamente el marco de la normatividad vigente y, en lo posible, dentro de los alcances del Contrato G2G suscrito.

En el escenario antes descrito, considerando que Lima es una ciudad que crece hacia el norte y hacia el sur y que en la fecha tiene aproximadamente 100 km de largo, en nuestro concepto, para resolver adecuadamente su integración con el oriente peruano y el acceso a los dos grandes puertos, Callao y Chancay, que serán pilares de su futuro inmediato, consiste en desarrollar 3 ejes viales, paralelos a los 3 ríos cuyos valles lo constituyen, Chillón al Norte, Rímac al Centro y Lurín al Sur.

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