Óscar Becerra, exministro de Educación: «La ‘Toma de Lima’ es una marcha de delincuentes»

Extitular del Minedu señala que manifestantes son «cuatro gatos» y que no pueden definir la agenda del país.


Siendo usted un hombre de derecha, ¿por qué aceptó ser parte del Gobierno de Dina Boluarte?

Es cierto que mis ideas coinciden con algunas personas connotadas de la derecha, pero yo creo que esas diferencias se están haciendo tenues, porque tenemos que pensar en intereses más que en ideologías. En mi opinión, las ideologías son refugios del inseguro.

Yo estuve en un Gobierno que no considero tan de izquierda, como quiso ser al principio, justamente yo soy uno de los síntomas del cambio de orientación. Yo veo la intención del Gobierno de ser uno para todos los peruanos.

Lamentablemente hemos vivido, por poco más de un año, a alguien que intentaba enfrentarnos. O sea, el presidente que tuvimos parecía uno de estos azuzadores de peleas de gallos que lo que tratan es de que los gallos se maten. Yo no me considero en ningún extremo; de hecho, tengo muy buenos amigos en la izquierda, con los que no coincido, como el doctor Walter Albán.

¿A usted lo convoca Alberto Otárola?

A mí me llama por teléfono Alberto Otárola, a quien no conocía, y me dice que habían recibido mi CV y que si tenía tiempo para conversar. Voy, llego a Palacio, y me recibe la presidenta de la República.

Y ahí usted le dice que es anticaviar.

Le dije tres cosas: que no había votado por ella, que era anticaviar y que, si aceptaba algo que me ofreciera, que tuviera claro que no tenía que darme explicaciones si me sacaba. Sin embargo, ella tuvo la cortesía de invitarme a la juramentación de los nuevos ministros y de invitarme a comer en el comedor privado de Palacio, de manera que yo no tengo ninguna queja.

Usted que ha estado dentro del Ejecutivo, ¿me puede decir quién gobierna? ¿Alberto Otárola o Dina Boluarte?

Yo creo que en un Gobierno presidencial con primer ministro hay roles y en nuestro caso se cumplen. La presidenta expresa muy claramente sus intenciones y opiniones, y el premier es como un presidente de directorio.

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Alberto Otárola es el gerente general, es el gestor, el que ejecuta, el que dispone. Muchas veces, él me decía que hable con la presidenta, quien, en última instancia, toma la decisión o la que sugiere el camino a seguir, y es Otárola quien ejecuta. Por ejemplo, la presidenta fue muy clara en ordenar que salgan las fuerzas del orden a cumplir sus funciones sin usar ni siquiera balas de goma. Esa frase yo la recuerdo.

Eso me pareció mal y supongo que a usted también.

En su momento, me costaba entender porque yo no hubiera tomado esa decisión, pero es su gobierno y ella es la que asumirá las consecuencias. Pero se le llama asesina, cuando dio una orden expresa de no agredir a gente que estaba buscando ser agredida, gente que estaba buscando muertos. O sea, esos 69 muertos son culpa única y exclusiva de las mentes siniestras que manipularon a los peruanos para esas marchas violentas, es mentira que fueran pacíficas.

No tiene sentido que digan que Dina Boluarte ordenó matar a los manifestantes, cuando ella ordenó no usar siquiera balas de goma.
Eso es mentira, no tiene ningún sentido.

Pero, al fin y al cabo, el Gobierno cedió ante las críticas y botó a alguien por ser simplemente políticamente incorrecto.

Las críticas las logramos superar, pasamos el ataque de la prensa y la interpelación del Congreso. Pero encontré mis molinos de viento en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que creí poder descalificar en cuanto a los despropósitos con los que se expresaba respecto al Perú.

Usted entró al Ministerio de Educación pisando callos: denunció que se gastaron 728 millones de soles en consultorías.

Esos no son callos, es pus, por eso les dolió tanto. Había consultorías por cualquier cosa. Una de las más importantes de estas consultorías era definir la misión de 27 institutos tecnológicos superiores. Eso es cínico. Ojalá que esto se frene.

Por Aaron Salomón

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