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Edmundo del Águila Herrera: “Belaunde fue el último estadista que tuvo el Perú”

Del Águila Herrera considera que la presencia de Belaunde en el partido —y fuera de él— sigue vigente.

Edmundo del Águila Herrera: “Belaunde fue el último estadista que tuvo el Perú”
  • Fecha Jueves 6 de Junio del 2019
  • Fecha 8:04 am

Siendo todavía un niño, su padre lo llevó a escuchar un mitin de Fernando Belaunde en Aucayacu. Tenía apenas cuatro años, pero ver a un hombre hablando desde el balcón, rodeado de una masa de seguidores, lo impactó. Con el tiempo, se hizo militante y logró tratar personalmente al fundador de Acción Popular. Edmundo del Águila Herrera es hoy congresista de la República y considera que la presencia de Belaunde en el partido —y fuera de él— sigue vigente.

-Su familia está ligada al partido y en especial al presidente Belaunde.

Vivíamos en Tingo María cuando Belaunde llegó a un mitin. Yo era muy pequeño y mi padre, quien era profesor de la Universidad Agraria de la Selva, me llevó al mitin que se realizó en Aucayacu. Después, tuve la oportunidad de conocer a Belaunde cuando mi familia se vino a vivir a Lima. Recuerdo haberlo ido a visitar con mi hermana a su departamento en San Isidro. Era 1985 o 1986, cuando ya había terminado su segundo mandato.

-¿Cómo lo trató Belaunde en esa oportunidad?

Era una persona muy amable, muy caballeroso. Nos saludó muy efusivamente. Me marcó mucho ese encuentro porque recuerdo que el expresidente me trató como una persona mayor. Nos enseñó su estudio, la biblioteca y se detuvo en la réplica del monitor Huáscar. Tenía muchos recuerdos en torno a la figura de Miguel Grau.

-¿Posteriormente, siguió viéndolo?

A raíz de eso, cada vez que mi padre iba donde el presidente Belaunde yo lo acompañaba y aplicaba la política china: callar y solo escuchar. Ahí aprendí de la política cosas que mucha gente no tiene oportunidad de conocer y se demoran más, por no prestar atención. Se volvió una constante visitar al presidente en su departamento.

-¿En qué momento se inscribió en el partido?

A los pocos años me inscribí en Acción Popular, cuando tenía unos catorce años, porque en ese tiempo se podía inscribir un menor con autorización de sus padres. Fue en el año 86. No solo conocí a Belaunde, sino a muchas personalidades que lo visitaban en su casa, por ejemplo, Víctor Andrés García Belaunde, Sandro Mariátegui, Javier Alva Orlandini, Gastón Acurio.

-Aprendió escuchando y viendo hacer política a los fundadores.

Navidad siempre era un bonito pretexto para llevarle un presente al presidente Belaunde y a la señora Violeta. Yo coincidía con Belaunde no solo en la parte política, sino también en el lado de la gastronomía. Al presidente le gustaba ir al (restaurante) Rosita Ríos, y cada vez que iba yo estaba a su lado, en ese famoso restaurante del Rímac, degustando.

-Cuando Belaunde regresa del destierro —enero de 1976—, los partidarios lo llevan al Rosita Ríos.

Cómo es la vida, después de mucho tiempo, cuando integré el Comité Cívico de Lima Norte y en alguna oportunidad nos hicieron un almuerzo, nos fuimos también a lo que quedaba del Rosita Ríos, porque después fue una iglesia evangélica y ahora son viviendas. Nosotros somos cuatro hermanos pero el único que cultiva la actividad política con persistencia soy yo.

-Como parte de la nueva generación de AP, ¿qué valores considera podemos rescatar de Belaunde?

Belaunde era una persona que siempre inculcaba el estudio. Decía: si tú quieres hacer política, primero capacítate, estudia para luego hacer una política seria. El ejemplo que él nos dejó es uno que es resaltado por muchas personas a raíz de la mala coyuntura que vivimos. Las personas que estuvimos a su lado sabíamos que él era la persona indicada y que siempre toda su actuación estuvo basada, no solo en principios y valores, sino que fue un hombre que se había preparado no para ser presidente ni jefe de un partido, sino para pasar a la historia.

-¿Lo vio actuar en el terreno?

Acompañé al presidente en muchos viajes, porque él viajó mucho del 87 al 90. Realizó más de cuarenta manifestaciones públicas. Me quedé asombrado. Nunca vi a alguien demorarse tanto en trasladarse del aeropuerto a la Plaza de Armas de Iquitos. La gente salía, le regalaban víveres, gallinas, juanes. Él tenía un gran fuste político. Sabía cómo capear todas las situaciones y siempre exhibía por delante una humildad que lo diferenciaba. He acompañado luego a otros candidatos a la presidencia y se nota la distancia entre uno y otro.

-¿Cuál era esa diferencia?

La sencillez, la responsabilidad, a la hora de asumir la política. La política es una profesión, y Belaunde era sumamente profesional. Llegaba temprano a las manifestaciones, organizaba bien sus tiempos. Estaba en el detalle de las manifestaciones. El presidente estaba informado de todas las cosas que estaban detrás de una manifestación. Ahí estaba Carlos Ausejo, que se encargaba de hacer el estrado; Raúl Diez Canseco, que veía toda la parte de organización y movilización; Edmundo del Águila Morote, que era el responsable porque era el secretario general.

-Belaunde tiene varias lecciones, una de ellas fue trabajar en equipo. Cuando él pierde las elecciones en 1956 forma equipos de trabajo y cuando fue presidente se reunía todos los lunes con los parlamentarios de su bancada.

Belaunde dejó mucho ejemplo, no solo al momento de hacer campaña, como un candidato excepcional. Creo que ha sido el último estadista que hemos tenido. El último presidente que ha llegado al poder sabiendo qué tenía que hacer. Siendo presidente se reunía con su bancada, que era numerosa en el periodo 80-85. Incluso, en el periodo 85-90 se reunía con los parlamentarios del partido los martes en el local de la Asociación Perú, que quedaba en la avenida Diez Canseco. Él sabía que la política era responsabilidad y por eso intercambiaba opiniones con diputados y senadores, siendo el jefe máximo del partido.

-Tenía claro que el partido debía estar activo antes, durante y después de la contienda.

Claro. Es otra lección. El espíritu de Belaunde está siempre presente cuando uno está en política, porque ante una situación difícil uno piensa en cómo actuaría Belaunde en esa situación. Él dijo, en más de una oportunidad, que todo lo que hizo en vida fue por el partido. Nos ha dejado un partido limpio. Hoy tenemos un partido con muchos activos y cuya responsabilidad, creo yo, es dejar a las generaciones que vienen, un partido en las mismas condiciones en que lo recibimos.

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