Carlos Alberto Palacio: «Soy un tipo enamorado de la palabra»

Éxitos como “Rubia como la Monroe”, “La vida está mal usada” o “Yo solo vine a cantar”, lo confirman como uno de los cantautores más importantes de la escena en español.

Por Harold Alva
Naciste y viviste en Yarumal, una localidad de alrededor 42 mil habitantes, hasta la adolescencia. ¿Cuánto marcó en tu literatura ese primer contexto?

Fue definitivo. De allí vienen mis primeras lecturas, mis primeras obsesiones y mis primeros amores literarios. Además, yo tampoco escapo del tópico de la infancia a la hora de escribir y en cada uno de mis libros hay esquirlas de mi niñez por todos lados.

Médico, filólogo, poeta, cantautor, ¿quién es Pala?

Menos médico que todo lo otro, pero algo de cada cosa. Si tuviera que resumirlo, lo haría con una fórmula simple. Soy un tipo enamorado de la palabra sin importar el vestido que lleve. A veces me encapricho con la canción, pero también me doy el permiso de serle infiel con la poesía cuando me apetece. Y hasta ahora no he recibido quejas.

He leído tu poesía, tu destreza con el verso clásico es impresionante. ¿Cuándo decidiste que lo tuyo sería cantar y hacer de la décima y del soneto soportes valiosos para tu registro?

Lo planteas tal como fue. Mi primera opción por un oficio fue por el mundo de la canción. Mucho más tarde me adentré en la escritura de formas clásicas, pero aún entonces con la única intención de adiestrar el lápiz para la escritura de canciones. Lo que ocurrió después es la historia repetida de las vocaciones: se me convirtió en una pasión desbocada y comenzó a ocupar un espacio cada vez mayor.

Así llegó el primer libro y luego de ese los siguientes. Ahora estoy convencido de que el haber asumido la escritura de versos sin otra pretensión que la de adiestrarme para la canción hizo que mi autorreconocimiento como poeta fuera calmo, progresivo y desprovisto de muchas de las angustias que reconozco en otros poetas.

¿Por qué debemos ser transgresores? ¿Contra quién se rebela Pala?

No creo que la transgresión sea un deber. Creo, sí, en el derecho a decir lo que se piensa. En mi caso particular y para darte algunos ejemplos, me rebelo ante la moral judeocristiana y su culpa castradora, ante los incapaces de abrazar la diferencia del otro, ante el reinado de la imbecilidad que descalifica la ciencia o ante la prepotencia de quienes son incapaces de ver en los animales a nuestros prójimos.

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