La arquitectura de la impunidad
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LUIS LAMAS PUCCIO

Afirmar que el futuro de un país puede quedar libre de la corrupción es refrendar en términos y condiciones políticas que dicho portento en algún momento puede desaparecer o por lo menos aparecer atenuado como si solo se trata de una decisión política.

Sucede que ahora, posiblemente más que nunca, la corrupción como conjunto de conductas que son reprochables ha dejado de ser un fenómeno propiamente nacional, y ha pasado a convertirse en un proceso global de grandes proyecciones que aparece plagado de una serie de graves contradicciones y vicisitudes, las que envuelven de una manera poco inimaginable a la comunidad internacional, a los mismos países y a millones de seres humanos que se encuentran sometidos a ella.

Si no es cierto lo que afirmó, cómo se explica que alrededor del planeta operen más de un centenar de jurisdicciones catalogadas como paraísos financieros como también otras naciones que aparecen soterradas, a las que bajo el paradigma de la confidencialidad y la protección del secreto bancario se les permite guardar y esconder todo el dinero sucio y el flujo de capitales que proviene de la corrupción que opera impunemente en el orbe.

Manipulan Percepción

Hablo de naciones catalogadas como corruptas, otras medianamente corruptas y otras que son consideradas como libres de corrupción, cuando en realidad se trata de un fenómeno de manipulación de la percepción que lo que hace es esconder una opacidad trasnacional que opera a nivel mundial, y que por razones más que obvias superan las jurisdicciones y las fronteras nacionales que separan a los países.

Hablo de un mapa mundial de la corrupción que divide a las naciones de acuerdo a los criterios de percepción, que se inducen para manipular a la población mundial como si existieran países transparentes y creíbles y otros que no lo son tanto. La corrupción existe en muchos naciones y posiblemente existan muchos gobiernos que no puede desarrollarse alejados de ella, o porque la usan como un medio para consolidar sus posiciones económicas y financieras, o porque no hay mejor herramienta para buscar el apoyo mayoritario o popular afirmando su decisión de fiscalizar la corrupción más allá de quien proviene.

La desgracia del Perú

Nuestro país no es una excepción al problema de la corrupción, si no cómo nos explicamos que nuestros últimos presidentes, así como una gran parte de nuestra historia republicana desde la misma época de la independencia hasta la actualidad, se encuentra plagada de infinidad de casos de gran corrupción en los que sujetos inescrupulosos abusando de su poder, de sus relaciones con los gobierno de turno, en última instancia del ejercicio mismo de la función pública, se aprovecharon de los recursos del Estado para su propio beneficio en desmedro de las grandes mayorías.

El Perú como nación tiene una historia lastimosa no solo de corrupción en los términos explicados, sino también de conductas escandalosos que resultaron impunes y libres de toda responsabilidad o que no fueran sancionados como correspondía, las que quedaran libres de toda responsabilidad sus autores, a pesar de las pruebas que existían contra ellos y los cuantiosos daños económicos que se produjeron.

No solo me refiero a las pérdidas millonarias de dinero, de recursos naturales y todo tipo de activos perdidos en los gobiernos pasados, sino que hasta la fecha resulta menos que imposible cuantificar en términos monetarios y económicos los perjuicios ocasionados. Me refiero a una lista de casos escandalosos y hasta vergonzosos de gran corrupción política y económica que quedaron menos que impunes, o porque no fueron castigados sus autores con la adecuada rigurosidad o porque las medidas restrictivas que se aplicaron resultaron menos que irrisorias en comparación con los daños ocasionados al país.

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