Mario Morquencho: «La poesía es una puerta de escape ante la cotidionidad»

En una pequeña biblioteca encontró libros de Vallejo, Whitman, González Prada, José María Arguedas, MVLl y Mariátegui.

Mario Morquencho nació en Los Órganos, Piura, en 1982, y vive en Lima desde el 2006, su poesía transita desde el caos de la urbe hasta la placidez del mar norteño. Adolfo Polack lo definió así: «es un poeta con todas las de la ley, que tiene una amplia gama de recursos técnicos y expresivos y los administra con soltura en referencia a una megalópolis a la que no termina de acostumbrarse».

¿En qué circunstancias descubriste el fulgor de la poesía?

En casa teníamos una pequeña biblioteca. Allí encontré a César Vallejo, Walt Whitman, Manuel González Prada. También encontré a José María Arguedas, Mario Vargas Llosa, José Carlos Mariátegui.

Sobre todo con Vallejo, mi papá fue cómplice de que descubriera el fulgor de la poesía, además de los libros tenía casetes de Vallejo, no recuerdo quién era la voz que leía los poemas de Vallejo pero sí recuerdo que la portada del casete era el retrato de Vallejo por Picasso, de este casete escogí «El Poeta a su Amada» para recitarlo en el salón de clase, aún lo sé de memoria.

El otro era un casete azul, la portada era un dibujo collage de Vallejo y el pueblo andino, aquí los poemas estaban musicalizados, huaynos y yaravíes que los domingos mi papá solía escuchar, los domingos era una combinación de pasillos, boleros y huaynos. También encontré un poema de papá detrás de una fotografía de mi madre cuando eran adolescentes.

En primaria parece que gané un concurso de poesía en una radio local, el concurso era hacer un poema a la madre. No recuerdo cómo es que llegué a escribir o lo que decía el poema, hasta parece un sueño, aunque mi mamá dice que sí, es cierto que gané ese concurso.

«El viejo, che’ su madre», en uno de sus ensayos nos dice que la poesía allende los significados que nos pueda legar, puede ser impulsada de tres maneras. Una de ellas es la «fanopeia» que privilegia la fuerza de las imágenes visuales que serán propuestas al lector, que armará en su mente un andamio que lo elevará a contemplar el cielo o el infierno que le propone el poeta con sus imágenes. ¿Crees tú que este enfoque es el que prima en tu primer libro Ciudadelirio (2010)?

Ciudadelirio es la respuesta que tuve ante el contraste de cambiar mi hábitat, de un pueblo playero al norte del Perú con la ciudad convulsa como Lima, cambiar el sol por lo gris. Una ciudad con una fuerte carga visual, aquí encuentras los rasgos de todos los rincones del Perú, aquí hay rostros de todos los colores, toda una mezcla, carteles publicitarios, carteles de protestas, etc. Fue inevitable escribir este registro visual.

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