Crónicas y retratos | Flores y sabores

La clausura de los Panamericanos dejó una estela de optimismo que se extendió vigorosa cubriendo espacios de crisis.

Isabel de Mauleon de Bruyeres, con la mascota y sus chocolates MILCO, el Oficial de los Panamericanos.
  • Fecha Lunes 19 de Agosto del 2019
  • Fecha 2:32 pm



La clausura de los Panamericanos dejó una estela de optimismo que se extendió vigorosa cubriendo espacios de crisis, abriendo rutas sobre las que sería posible tender una hoja de mejoras y crecimiento, y, también, dando pie a cuestionamientos que no andan o corren lejos de la verdad. Pero lo importante es que entendamos y aprendamos que gran parte de la exitosa realización está dada por esa actitud que tiene como eje y motor la comprensión del trabajo en equipo, valorar el criterio, respetar el conocimiento y la experiencia sobre el favoritismo y protección de los compadrazgos y beneficios personales. A la vez asumiendo y aceptando la presencia del nuevo impulso creador que otorga energía a la permanencia de lo que probó su validez y da paso a la renovación, que llegado el momento será pasado y recibirá el nuevo impulso.

Los Panamericanos nos trajeron responsabilidad, entrega, vitalidad, coraje, reconocimiento de presencias y ausencias. Permitió que podamos comprender que el brillo no solamente deslumbra sino que también abre la visión hacia esas zonas en que no hay ni reflejo que ilumine esas existencias que se sustentan en la decisión y fortaleza personal para alcanzar esa capacidad de crecer que sin mezquindad es entregada y puesta al servicio de los demás. La abanderada, Gladys Tejeda, es parte de ese ejemplo.

Los juegos Lima 2019 también propiciaron acciones de desarrollo y promoción como el que mencionamos en nuestra Crónica del 22 de julio, Chocolate con historia. Tuvimos a Isabel de Mauleon de Bruyeres con Milco, su creación, nombrado Chocolate Oficial de los Panamericanos por la presencia reconocida de sus componentes peruanos. La voluntad de Isabel de convertirlo en mensajero de historia y cultura colocándolo en el mercado local y proponerlo en el mercado internacional valorando su condición de producto peruano, es esfuerzo que tuvo su recompensa. Su presentación a la prensa internacional fue un éxito; y ahora ya es producto de consumo interno con su “distribución horizontal”. Nos alegra el haber tenido su presencia en nuestras Crónicas y Retratos.

¿Poco o nada tienen que ver las sakuras con los Panamericanos? Año tras año en agosto cumplen su ciclo de floración que pone, con un sabor de efímera y seductora belleza, esas tres tonalidades rosa que se incorporan al paisaje urbano en el que aún no consiguen convertirse en un elemento de diseño que trabaje con su gracia. Lo veo en la Residencial San Felipe. Las primeras fueron sembradas en 1993 en la avenida Gregorio Escobedo recordando los 120 años de la firma del tratado de Paz Amistad y Comercio con Japón, donde motivan festejos que se realizan bajo las copas floridas y alumbradas con las tradicionales linternas de papel.

Aquí, aparte de la Escobedo donde están alineadas, las demás están desparramadas casi al voleo, muchas maltratadas, viven sin recibir mayor interés, sobreviven y crecen con esfuerzo tenaz, pocos son quienes tienen interés en crear con sus flores zonas de color reconociendo su aparición anual que juegue y alterne con la vegetación existente, que tantas veces sufre a manos de los jardineros podadores municipales cuyo su mayor anhelo es convertir en chupete cuanta planta o arbusto tocan. Son muy pocas las que tienen un desarrollo acorde a su naturaleza, de planta de copa generosa que después de florear se llena de hojas verdes brillantes que van mudando a un verde oscuro, se secan hasta caer y dejar el árbol pelado
Aun así, incorporadas al entorno de San Felipe, son disfrute pasajero que da pie a valorar la calma y la espera.

(POR ROBERTO CORES)

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