TAMBIÉN LLAMADA ANEMIA FELINA

Micoplasmosis felina: síntomas y tratamiento

Dicha patología puede desarrollarse cuando el gato está débil o estresado.

  • Fecha Jueves 23 de Agosto del 2018
  • Fecha 12:00 am



La micoplasmosis felina o anemia infecciosa felina es una enfermedad causada por una bacteria parasitaria denominada Mycoplasma haemofelis que habitualmente pasa desapercibida en los seres que la padecen. En los gatos suele manifestarse como una anemia muy grave y podría llegar a causar la muerte.

Una vez ingresa en el torrente sanguíneo a través de la picadura de pulgas y garrapatas infectadas, el Mycoplasma haemofelis se adhiere progresistamente a la superficie de los glóbulos rojos, destruyéndolos, y provocando la aparición de anemia en el gato. Diversos estudios afirman que fueron identificadas algunas subespecies distintas de Haemobartonella felis: una forma grande y relativamente patógena y más peligrosa.

Cabe señalar que existen animales que no desarrollan la enfermedad tras haber estado en contacto con la bacteria, y además no muestran síntomas. En este caso hablamos de animales portadores que no manifiestan la enfermedad pero pueden transmitirla. Esta patología también puede mantenerse latente cuando el gato está débil o estresado.

Transmisión de este enfermedad

La transmisión de la microplasmosis en gatos se produce por interacciones de agresión, como peleas, mordeduras o arañazos; así como por el simple contacto de saliva. En estos casos, los animales pueden estar expuestos a la sangre de un animal infectado. Cualquier felino puede padecer esta patología, sin importar la edad, la raza o el sexo.

Según diversas investigaciones, los machos parecen estar más dispuestos a padecerla que las hembras, debido a las peleas callejeras, especialmente durante las épocas de primavera y verano, cuando el número de pulgas y garrapatas se dispara, aumentando así el riesgo de infestación.

TRATAMIENTO DE LA ANEMIA

De forma general, el tratamiento indicado ante un cuadro de microplasmosis felina consiste en la administración de antibióticos en el gato, corticoides, fluidoterapia y, en algunos casos, una tranfusión. Recuerda que debe estar siempre prescrito por un veterinario, quien ajustará las dosis según el peso, las necesidades del individuo, el historial clínico del paciente y los resultados de las pruebas.








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