Combate en El Frontón
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La situación de los penales siempre fue un problema para el aparato estatal. Al hacinamiento y alarmante descontrol se sumó en los años 80 el ingreso de los terroristas, con lo que se inició un nuevo capítulo en la historia de las prisiones del país.

Tras el ataque a la cárcel de Huamanga, Ayacucho, en 1982. que narramos en anterior edición, en diciembre de 1983  empezaron los motines sincronizados y en 1985 cuando Sendero Luminoso tenía controlado el Pabellón Británico del penal de Lurigancho, decenas de terroristas se amotinaron, tomaron un rehén y doblegaron a las autoridades.

Los senderistas también iniciaron un «ciclo de conferencias» dictadas por cabecillas de la talla de Antonio Díaz Martínez, captando para sus insensatas causas a cientos de delincuentes comunes a los que vimos marchar uniformados rindiendo culto a Abimael Guzmán y constituyendo lo que llamaron «trincheras vivas».

A continuación presentamos una visión de lo que ocurrió en la isla El Frontón que fue reabierta con el nombre de penal San Juan Bautista para albergar a los más peligrosos genocidas y donde – como veremos – no se produjo ninguna masacre sino un combate militar que dejó un saldo de 250 senderistas y cinco agentes del orden muertos y 25 heridos. Es decir, fue un enfrentamiento entre dos contendientes armados.

DOMINIO SENDERISTA

Apenas amanecía cuando los seguidores del «presidente Gonzalo», obedeciendo a los cabecillas, se colocaban en formación y respondían a consignas. «¿Viva el marxismo leninismos maoísmo, viva el pensamiento guía del presidente Gonzalo!», gritaba uno de ellos y los 250 detenidos respondían a unísono: «¡Viva!».

Seguidamente se alzaba otra voz: «Camarada Edith Lagos» y todos gritaban: «¡Presente en la lucha armada!».  “¿Quién la asesinó?», preguntaba una voz. «El perro Belaunde», contestaban.

Acto seguido, tres cabecillas con los puños en alto y a voz en cuello decían: «¿Quién la vengará?». La respuesta era más contundente: «¡El pueblo combatiente!»

Se escuchaban aplausos por varios minutos y desde la formación emergía uno de los sediciosos con un trapo rojo exclamando: «¿Cómo será vengada?». La respuesta era inmediata: «¡Con las armas en la mano, viva Edith Lagos!».

Esto ocurría todos los días, según relataron  terroristas que estuvieron recluidos en El Frontón y que antes de que ocurriera el motín se acogieron a  los beneficios del Decreto Ley Nro. 25499 (Ley de Arrepentimiento) que entró en vigencia el 12 de mayo de 1992 por el expresidente Alberto Fujimori.

Por su parte, Francisco Morán Guillén, quien cayera con un grupo de  subversivos en Huancavelica y que cuando se produjo el combate entre las fuerzas del orden y los genocidas de Sendero fue apuñalado tres veces por la espalda al intentar rendirse, reveló en su lecho del Hospital Dos de Mayo que la mayoría de los presos estaban provistos de  ballestas, cuchillos, fusiles, explosivos y  alistaban un gran escape.

Morán  dijo también que  diariamente eran obligados a  asistir a las «conferencias magistrales» que  dictaba Luis Kawata, considerado por muchos  analistas militares como uno de los iniciadores de la «lucha armada».

Contó además – y es un hecho comprobado – que los pabellones estaban decorados con los símbolos de Sendero y que todos se turnaban para mantenerlos impecables. Igualmente refirió que allí se vivía bajo una » disciplina militar».

Reveló que por las noches se entonaban canciones en las que se elogiaba a Abimael Guzmán. Una de esas  tonadas decía: «Gonzalo, las masas rugen, los andes se estremecen, expresan pasión ardiente, fe segura y acerada».

Los cánticos se prolongaban hasta la medianoche, las llamadas de atención de los  centinelas de la torre eran ignoradas. Precisamente, el guardia republicano que se atrevió a  gritarles: «¡Cállense!», el día del combate fue cruelmente torturado como  narraremos más adelante.

ARMADOS HASTA LOS DIENTES

La vociferada «masacre de El Frontón» difundida por ciertas ONG y sumos pontífices de la “secta caviar” sólo anida en la mente de los enemigos de las Fuerzas Armadas.

Lo que ocurrió el 18 de junio de 1986 fue un combate entre las fuerzas del orden y criminales de la banda maoísta, que luego de tomar de rehén al centinela que días antes les había exigido que se callen, le introdujeron un lapicero por el orificio del pene, destrozándole la vejiga, para luego descuartizarlo a machetazos. Después lanzaron explosivos a miembros de la Marina desde trincheras de concreto.

En cuanto a las bombas caseras, las fabricaron con magnesio que usan los fotógrafos y otras sustancias químicas y también con componentes de aluminio mezclados con dosis de azufre o de óxido de bario, según confesiones de terroristas arrepentidos.

«Entre los detenidos en El Frontón había individuos con conocimientos de química y que además habían sido instruidos por Guzmán que, como sabemos, fue adoctrinado militarmente en actos de sabotaje, uso de armas y elaboración de explosivos en China», afirmó José Páez Warton, estratega del desaparecido Comando Operativo del Frente Interno (COFI) del sector Defensa.

Indicó que también debieron utilizar nitroglicerina obtenida sometiendo la glicerina  y azúcar de consumo humano a la acción de una mezcla de ácido sulfúrico y  azotico o alguna sustancia similar, lo cual ha sido corroborado en  libros pro senderistas como » Sendero Luminoso: fuego en los  Andes» y «Perú: del imperio de los incas al imperio de la cocaína», escrito por un tal  «Cristóbal».

En uno de esos  textos bajo el título “Bunker, queso ruso y bandeja” se relata: «Previendo el ataque fascista, los presos comenzaron a preparar su defensa. Durante meses elaboraron cuchillos, lanzas con puntas de metal, arcos y flechas, artefactos para lanzar piedras, cócteles molotov y ‘quesos rusos’ (explosivos caseros  envueltos en plástico activados por detonadores a distancia). En Lurigancho crearon además chalecos a prueba de balas  hechos con bandejas de comedor».

BUNKERS DEL TERROR

Los terroristas convirtieron a El Frontón en una madriguera  con ramificaciones, a manera de triángulos  alineados y colocaron pieles de carnero para abrigarse en las especies de catacumbas donde dormían los cabecillas y a las cuales se accedía  descendiendo por unas escaleras de madera y donde también existía un arsenal de armas y explosivos.

No funcionó la Contrainteligencia, que es un componente esencial de la Inteligencia, cuya finalidad es prever y  neutralizar cualquier acción subversiva. Las cárceles debieron ser infiltradas como se hizo a partir de 1992 y se hubieran evitado tantas muertes, explico Vladimiro Montesinos durante una  conferencia que dictó  a estrategas del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) en 1992.

¿Cómo  se obtuvo el cemento para construir trincheras, túneles y un verdadero bunker en El Frontón? En el libro de «Cristóbal» hallamos dos versiones: la primera es que el material -incluyendo las sustancias para  fabricar explosivos- fue introducido en el CRAS de Lurigancho y El Frontón  camuflado en sacos de productos comestibles llevado a los presos por sus familiares poco a poco, utilizando  el mismo sistema que usan los mochileros para trasladas  los insumos para la elaboración de drogas en la ceja de selva, es decir  «como hormigas». La otra versión señala que el cemento armado fue proporcionado por las propias autoridades para la construcción de baños y otras instalaciones. ¿Por qué los bunkers no fueron descubiertos? Simplemente porque los terroristas tenían  control absoluto de los penales.

LOS HECHOS

El 18 de junio de 1986 a las seis de la mañana en días en que tenía lugar en Lima el Congreso de la Internacional Socialista -de la que el APRA era integrante-  los  genocidas de Sendero detenidos en las cárceles  de Lurigancho, Santa Bárbara y El Frontón se amotinaron y tomaron rehenes, exigiendo la disolución del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe).

El presidente Alan García y los miembros de su Gabinete ministerial, que fueron tomados desprevenidos por el incidente, convocaron a los mandos militares de inmediato y tres horas después  Agustín Mantilla anunció que ningún centro penitenciario sería reformado por la presión de Sendero.

A criterio de Páez Warton, los lacayos de Abimael Guzmán se prepararon y escogieron esa fecha a sabiendas de la presencia de líderes extranjeros en el Perú. Prueba de ello es el documento senderista que bajo el título «Luminosa  trinchera de combate en El Frontón» señala: «Todos los aparatos ya están enterados del día y la hora de acción. Estuvieron bien cohesionados con una única decisión de hacer resistencia feroz, de que sólo los sacarían muertos, pues la moral de la clase estaba en juego y había que defenderla hasta el último hálito de vida, decisión unánime de comunistas y combatientes (…) se había cumplido con todos los preparativos».

El Gobierno envió una comisión negociadora integrada por Augusto Rodríguez Rabanal, Fernando Cabieses y César Samané que llegó a El Frontón a las 2.30 de la tarde y que no logró los resultados esperados. A las 5.15 a solicitud del entonces viceministro del Interior, Agustín Mantilla, las Fuerzas Especiales de la Marina (FOES)  iniciaron la planificación de la retoma del orden en dicho penal.

A esa misma hora, de acuerdo a un  documento senderista » los destacamentos [subversivos] ocupan sus emplazamientos (…) el destacamento encargado cumple exitosamente su tarea, tomaron tres GR, tres FAL, una metralleta, un revólver (…) la acción duró tres minutos”.  Más adelante se lee: » os combatientes dispuestos a todo, (…)  queman documentos y papeles por orden de los mandos». Entonces empezó el combate.

En cuanto a la rendición que fue solicitada repetidas veces por los enviados del Gobierno, la consigna de los mandos senderistas fue clara y se pone de manifiesto en el documento antes mencionado. “Los combatientes  escucharon por megáfono la petición de que se rindan para evitar mayor derramamiento de sangre. Se les respondió: ‘hijos de perra, genocidas, váyanse a la mierda (…)’. Los combatientes estaban agrupados en la cocina listos al cuerpo a cuerpo por si entraban, el “camarada Alejandro” dio varias vivas al “presidente Gonzalo”, al “Partido Comunista del Perú” y a la “guerra popular por el comunismo y socialismo”.

El mismo escrito demuestra que no se dio la «masacre» de que hablan las ONG’ empeñadas en buscar que se condene al almirante AP ( r) Luis Giampietri Rojas y otros ilustres miembros de nuestra Armada cuando en uno de sus acápites afirma:  «Un grupo de marinos con un oficial llegaron a ingresar por un boquete, el oficial cayó muerto (…) cayó herido el ‘camarada Alejandro’. Se envía un destacamento [senderista] para que ingrese a los túneles con la orden de salir por los respiraderos y arrojar dinamita a los marinos (…). Ambos bandos podían verse frente a frente, esto mermó la resistencia. Sin embargo, los combatientes persistieron disparando».

PERSECUCIÓN INFAME

Debido a una insólita decisión del Tribunal Constitucional (TC), que a criterio de prestigiosos hombres de leyes constituye una aberración jurídica, el proceso contra 35 marinos que intervinieron en la debelación del motín de El Frontón ha sido reabierto a solicitud del Instituto de Defensa Legal (IDL), acusando a quienes expusieron su vida para restablecer el orden de haber cometido delitos de lesa humanidad.

Esa poderosa ONG opera en el Perú desde hace 30 años, hostigando siempre a los militares y dispone para ello de un bien montado aparato de difusión.

Antes de la reapertura del nuevo proceso el vicealmirante AP (r) Luis Giampietri era citado como testigo, ahora  lo acusan  de ser responsable de la muerte de los terroristas Norberto Durand  Ugarte (a) «Tito», intervenido el 14 de febrero de 1986 por agentes de la Dirección contra el Terrorismo (Dircote).

CESAR REATEGUI