CVR nunca explicó cómo calculó número de víctimas

Tampoco imaginó que general Arias Graziani alzara su voz en defensa de militares y policías.

CVR nunca explicó cómo calculó número de víctimas
  • Fecha Domingo 13 de Octubre del 2019
  • Fecha 3:00 am

En anteriores ediciones dimos a conocer que la “Comisión de la Verdad y Reconciliación” (CVR) contrató consultores extranjeros bajo cuyas recomendaciones encarcelaron a militares que combatieron a terroristas del Frente Farabundo Marti de Liberación Nacional (FMLN), autores de genocidios en El Salvador, y tuvieron similar actuación en Guatemala y Colombia.

En el Perú hicieron lo mismo: concentraron sus indagaciones y análisis en supuestos delitos de lesa humanidad como consecuencia de riesgosas operaciones especiales de Inteligencia realizadas por nuestras Fuerzas Armadas para destruir las redes de Sendero y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

El experto Mr. Ball

Precisamente uno de esos consultores, Patrick Ball, sostuvo con increíble exactitud (ni uno menos, ni uno más) que las víctimas del conflicto que asoló el Perú fueron 69,280 atribuyendo gran parte de ellas al dizque “terrorismo de Estado”, ejecutado -según él- por miembros de las Fuerzas Armadas y policiales.

¿Cómo logró una cifra tan precisa Mr. Ball? Según señala la conclusión N° 2 del “Informe Final” de la CVR fue la técnica que denomina “Estimación de múltiples sistemas”. Es decir, tomando como referencias diversas bases de datos. “En este caso -indica Ball- empleamos datos de tres bases: la CVR la Defensoría del Pueblo y de diferentes ONG. Con ello obtuvimos 23,969 muertos plenamente identificados con nombre y apellido”.

Agrega que con esos datos realizaron la proyección “a partir de un componente conocido y uno desconocido”, asegurando que el margen de error no era alto, por lo que no alteraba mucho los resultados.

Al respecto, cabe precisar que todo nivel de una investigación científica debe basarse en la presentación de los métodos empleados, más aún si se trata de una investigación de la relevancia de la que nos estamos ocupando.

Sin embargo, lo incomprensible de lo declarado por Mr. Ball, director adjunto de un Programa de Ciencias Humanas y con experiencia en siete “comisiones de la verdad”, fue cuando afirmó fehacientemente y muy suelto de huesos: “El trabajo científico debe ser cuestionado, pero los cuestionamientos deben tener base científica”.

Obviando que no es posible una crítica científica, si antes no se esclarece el método utilizado, es decir, para que pueda sustentarse la crítica que exigía debió fundamentar cómo se realizó la investigación y no esperar que surgieran las críticas, como ocurrió tras conocerse tremenda patraña contra el Estado peruano y los heroicos miembros de las Fuerzas Armadas y policiales que derrotaron al terrorismo.

Ello nos trae a la memoria al ilustre sabio Ramón y Cajal, quien decía: “(…) el método o métodos de investigación seguidos por el autor, sin imitar a esos sabios, que a titulo de mejorarla ulteriormente, se reservan el monopolio de la técnica empleada, restaurando la casi la perdida costumbre de los químicos y matemáticos de las pasadas centurias, los cuales inspirados en la pueril vanidad de asombrar a las gentes con el poder de su penetración, se reservaban los detalles de los procedimientos que les habían conducido a la verdad”.

No es suficiente pues tener conocimiento de la base de datos, sino conocer cuáles ONG proporcionaron la información y, sin lugar a dudas, fueron aquellas que desde un principio se convirtieron en el brazo legal de SL y el MRTA y sus directivos en inquisidores de los militares y policías.

De otro lado, el método denominado “Estimación de múltiples sistemas” no es más que una triangulación descarada de versiones recogidas por entes controlados por la secta caviar.

Arte de magia

No se puede pasar por alto lo importante que pudo significar conocer los softwares y programas de control elaborados por Mr. Ball que le permitieron pasar -“por arte de magia”- de lo que se conocía en las bases de datos a lo insólito.

En otras palabras, qué varita mágica empleó para que la cifra consignada líneas atrás por la Comisión Especial de Pacificación del Senado, de 7,136 víctimas del terrorismo entre 1983 y 1984, se convirtiera en 19,468 o que el cálculo inducido en 25,000 a 28,000 pase finalmente con exactitud a 69,280 señalando a las fuerzas del orden como las principales responsables.

En la guerra convencional existe una metodología que hace posible determinar el número de víctimas como consecuencia de las acciones bélicas, heridos y desaparecidos, sea a consecuencia de ataques con misiles, bombardeos aéreos, etc., como los que sucedieron en la guerra en Irak y en anteriores conflictos armados de magnitud.

Tales manuales no son de utilidad en una guerra asimétrica, como la que desgraciadamente vivimos en el Perú durante casi dos décadas.
Resulta pues -por decir lo menos- ambigua la clasificación y conclusiones a las que llegó Mr. Ball.

Sin llegar a dudas, con el correr del tiempo se comprobará que las víctimas de la barbarie terrorista triplican la cantidad conocida hasta hoy con el hallazgo de nuevas fosas comunes.

Discrepancia

Lo que no pasó por la mente de la cúpula caviar es que entre los miembros de la cuestionada CVR se alzaría la voz discrepante del general FAP (r) Luis Arias Graziani, quien en una carta dirigida a Salomón Lerner Febres, presidente de dicho organismo creado para desacreditar a los militares, luego de describir el vandalismo subversivo, señala: “(…) no puede juzgarse con el mismo nivel de responsabilidad a las infames huestes terroristas (SL y MRTA) con los contingentes de las Fuerzas Armadas. Estas últimas participaron en la acción contrasubversiva en cumplimiento de su misión constitucional, por disposición de los gobiernos de turno en dos décadas. Esos gobiernos habían sido elegidos por el voto popular, lo que hace suponer que analizaron democráticamente la conveniencia de ordenar la participación de las FF.AA., así como declarar los estados de emergencia y establecer los mandos político militares”.

NO CABE RECONCILIACIÓN

“La violencia que se produjo en el Perú fue obra de los terroristas contra todos los peruanos, por consiguiente con ellos no cabe una reconciliación, pues fueron quienes principalmente violaron los derechos humanos”. Luego, indica que es conveniente que “tengamos siempre presente en nuestra memoria el recuerdo de los miles de militares que murieron, quedaron inválidos o sufrieron en defensa de la Patria mientras las huestes de Guzmán y Polay sembraban terror y muerte”, advierte Luis Arias.

POR: CÉSAR REÁTEGUI

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