La ruta del oro ilegal en la Cordillera del Cóndor
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Pasar de un lado al otro de la frontera entre Perú y Ecuador, en la zona de la Cordillera del Cóndor, es muy fácil. Apenas existe un puesto de vigilancia a cargo de seis militares, tres de los cuales custodian el hito fronterizo sin ningún tipo de armamento.

Esto ha permitido que muchos peruanos asentados en la localidad ecuatoriana de La Herradura se desplacen hacia territorio peruano para extraer oro ilegalmente. La ruta es simple, viajan desde Piura hasta la provincia de Loja (Ecuador) y de ahí se desplazan hacia La Herradura, que se encuentra justo en el límite de la frontera. Desde aquí suelen caminar por trochas abiertas por ellos mismos hacia el lado peruano, sin que nadie controle sus movimientos.

Ya en el Perú, estos mineros ilegales aprovechan la falta de supervisión estatal para realizar trabajos de excavación incluso durante el día, utilizando dinamita, hachas y palas que luego ocultan entre los arbustos, y depredando a su paso nuestra preciada Amazonía.

Por las noches, entre la 1 y 3 de la madrugada, aprovechan el cambio de turno de los militares peruanos para trasladar sacos de 40 kilos con el preciado mineral hacia las moliendas ubicadas en La Herradura. Aquí, mediante un procedimiento mecánico, lo pulverizan. Este polvo pasa a otro proceso químico en el que se usa mercurio, que por sus propiedades químicas captura las partículas de oro, luego este mercurio es quemado para que quede solo el oro en pepitas.

“Ahora de todo este proceso solo se recupera aproximadamente el 60 % de oro. Por eso la arena negra que queda es pasada a un pozo de cianuración, donde se recupera el 40 % restante”, señala Fernando Cuadros Villanueva, asesor técnico de la Organización Indígena de Desarrollo de las Comunidades del Alto Comainas (Odecoac).

Cuadros Villanueva explica que las modalidades de trabajo son dos: de forma independiente o como asalariados de algún ecuatoriano dueño de una molienda. En el primer caso, los peruanos suelen venir de provincias cercanas (de Piura y Tumbes), siguen la ruta antes señalada y se quedan del lado ecuatoriano (normalmente en La Herradura) y realizan sus actividades ilegales al caer la noche.

“El primer día juntan el material en sacos y los almacenan en los túneles que han abierto para extraer el oro, el segundo día vuelven a llevarse los sacos, también de noche. Como es pesado solo pueden cargar uno a la vez, por lo que solo trasladan uno o dos por día”, señala Cuadros Villanueva.

Una vez al otro lado de la frontera estos mineros ilegales venden cada saco a 35 dólares a los ecuatorianos, quienes pueden llegar a extraer hasta 15 gramos de oro por cada saco, que en el valor del mercado vendría a ser unos 2,100 soles.

En el segundo caso, son los propios ecuatorianos que antes ingresaban ilegalmente al Perú a extraer oro los que contratan a peruanos para que depreden nuestros recursos por un pago de unos 70 soles por jornada. Lo peor es que de una forma u otra el oro extraído en nuestro territorio termina al otro lado de la frontera beneficiando a los empresarios del vecino país.

SIN CONTROL

Llegar a la Cordillera del Cóndor por el lado ecuatoriano es sencillo. Existen varias empresas de transporte que en menos de cuatro horas hacen el traslado desde Loja hacia La Herradura, mientras que por el lado peruano la ruta más cercana puede tomar hasta ocho días.

“Nosotros tenemos acceso directo a todas estas zonas. Pero aun así no hay ningún control porque solo hay garitas militares ecuatorianas, del lado peruano no hay ninguno. Es decir, hablamos de unos mil o dos mil kilómetros de abandono de la frontera en la que no hay presencia de autoridad alguna”, sostiene el abogado Shandry Armijos Fierro, exfuncionario del Ministerio de Energía y Minas de Ecuador.

Para el experto en temas mineros la gran diferencia es que Ecuador posee fronteras vivas, con presencia de pobladores o empresas casi a lo largo de todo el límite fronterizo, cosa que no ocurre en el lado peruano.

“No hay pueblos cerca a la frontera peruana, nuestras comunidades están a unas 10 horas de caminata por trocha y somos los más cercanos a esta zona. Por eso, es que no hay forma de impedir que ecuatorianos ingresen a nuestro territorio para robar el oro”, asegura Saúl Yampis Kantua, presidente del comité de vigilancia de los Awajún.

Pero la Cordillera del Cóndor no es la única forma de acceder a esta preciada área llena de minerales. El paso más peligroso y sin control se da por la carretera denominada Lapandi, que de un lado llega casi hasta la frontera y por el otro hacia Chinapilsa (Ecuador) que es donde se unen todos los caminos para ir a La Herradura, Paquisha, y Zamora. Por este camino pueden circular libremente camionetas con espacio para cargar más de una bolsa de 40 kilos de mineral a la vez y, aunque en teoría existe una garita de control en el paso entre Perú y Ecuador, en la realidad no hay ningún militar o autoridad que vigile el área.

TIERRA DE NADIE

En La Herradura oficialmente existen unos 3,000 mineros artesanales trabajando. Allí, los dueños de moliendas tienen permisos legales para procesar el oro que, supuestamente, tiene origen legal. Pero cada vez son más los ‘empresarios’ ecuatorianos que trabajan con oro ilegal proveniente de la Amazonía peruana. “Se mueven en grupos, puedes ver hasta a 12 o 15 peruanos sacando hasta 30 sacos y todos van a una misma molienda. Cada vez están más organizados y se están volviendo más osados, incluso llegan a amenazar a los awajún que se encuentran con ellos en sus rondas”, afirma Fernando Cuadros.

Uno de ellos es ‘Kevin’, un piurano de unos 22 años que ante la presencia de cualquier extraño en el paso entre La Herradura y la Cordillera del Cóndor sale a perseguirlo para interrogarlo. “Sí, yo reconozco que soy un minero ilegal pero soy peruano y tengo que trabajar. Hay empresarios que también sacan oro ilegalmente y no les dicen nada, yo también tengo derecho a hacerlo. Nosotros no queremos problemas, vienen y nos acusan, nos hacen quedar como los malos pero necesitamos vivir de algo”, declara.

Pero no es el único. Otros jóvenes de entre 18 y 25 años lo secundan, muchas veces con alguna arma casera como una honda o algún palo que usan para amedrentar a todo aquel que consideren peligroso. Sus reglas son simples, no pueden tomar ninguna foto -ni del pueblo ni de ellos-, no pueden preguntar por sus actividades y tienen que identificarte, incluso detallar el motivo de tu visita. Si no confían en alguna persona le ‘escoltarán’ hasta que lleguen al paso de la frontera donde escuchan atentos su nombre y las actividades que van a realizar en la zona.

“Es que en algo tenemos que trabajar, entiendan. Yo, por ejemplo, vengo desde Ate, soy madre soltera con cinco hijos, en Lima trabajaba en La Molina limpiando casas pero no alcanza. Por eso me vine aquí para tener plata con qué educar a mis hijos”,  asegura Rita, mientras menciona que ‘unos amigos le avisaron de esta gran oportunidad’.

“Cada vez son más los que vienen a extraer el oro. A partir de las seis en la tarde escuchamos detonaciones, ellos trabajan con dinamita. Primero cortan los árboles y luego vuelan las rocas para hacer sus túneles. La vez pasada nos encontramos con nueve y nos amenazaron, dijeron que iban a venir de noche a matarnos cuando dormíamos”, acusa Saúl Yampis.

Vieja historia

No es la primera vez que se escucha de ecuatorianos extrayendo oro ilegalmente en el Perú. En 2010 la situación fue tan crítica que se tuvo que realizar una actividad conjunta entre ambos países para desalojarlos. “En aquella época llegaron a haber más de dos mil ecuatorianos en más de 150 frentes de trabajo en la Cordillera del Cóndor. Se encontraron más de 200 labores mineras que se tapiaron y clausuraron”, señala el abogado minero Shandry Armijos.

Ahora, la historia parece repetirse. De acuerdo al Informe Técnico Nº -102-DTSCT-Z-2017, de la Agencia de Regulación y Control Minero del Ecuador, en febrero de este año se interceptó, en el límite de la frontera, a mineros de nacionalidad peruana -Manuel Vicente Jiménez y José Castillo Álvarez-, que “declararon estar trabajando en territorio peruano con nueve personas a cargo de Jordy Fernández, alias El Chipi. Dichos mineros trabajan de 1 a 3 de la madrugada ya que a esa hora se realiza el cambio de guardia de los militares peruanos. Ellos ingresan por territorio ecuatoriano desde la ciudad de Loja hasta Chinapintza. Utilizan esa ruta porque no existe acceso por parte de territorio peruano”.

El documento también señala que el tipo de minería realizado en la Cordillera del Cóndor es de “exploración subterránea por un sistema de niveles siguiendo la secuencia mineral económicamente rentable, en las labores mineras se utiliza un nivel de explotación”.

En pocas palabras, el oro ilegal sacado por peruanos del Amazonas se procesa y vende en el Ecuador utilizando empresas legales no solo por la gran cantidad de minerales que encierra la Cordillera del Cóndor, sino porque el vecino del norte ha endurecido sus leyes en contra de la minería ilegal”. Hace 10 años el expresidente Rafael Correa cambió la Constitución y asumió como ministro Alberto Acosta, un ambientalista que maneja fundaciones, quien llevó al máximo la premisa que la minería es contaminante y empezó a combatirla”, señala Shandry Armijos.

La pregunta ahora es ¿cuándo el Gobierno peruano hará lo mismo? ¿O debemos esperar a que el Amazonas llegue a la situación de Madre de Dios para que las autoridades decidan tomar cartas en el asunto?

REDACCIÓN: VICTORIA MANRIQUE
FOTOGRAFÍA: LUIS BORJA

(ENVIADOS ESPECIALES A LOJA, ECUADOR)