Ley de industrias quebró empresas y generó fuga de talentos en Perú

Este y otros dispositivos fueron “recomendados” por Fidel Castro durante diplomacia secreta con dictadura.

Ley de industrias quebró empresas y generó fuga de talentos en Perú
  • Fecha Domingo 10 de Noviembre del 2019
  • Fecha 4:06 am

Durante largos años, a inicios de la República, muchos civiles no hicieron otra cosa que ser consejeros de regímenes militares. Entre esos civiles figuraban prelados de campanillas y letrados salidos de los claustros de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos: Luna Pizarro asesoraba a La Mar, Mariano Nicolás Varcárcel a Remigio Morales Bermudez, el propio Vigil, contumaz opositor de los uniformados, se puso al servicio de Ramón Castilla. Los militares siempre necesitaron de los civiles.

La filosofía de la historia peruana presenta la colaboración de unos y otros como indispensables cuando la fuerza política está en manos de la milicia. El general EP Juan Velasco Alvarado no fue la excepción y tuvo como consejeros a Alberto Ruiz Eldredge, al ideólogo aprista Carlos Delgado Olivera, Alberto Ruiz Eldredge, a Héctor Cornejo Chávez, Alfonso Benavides Correa, monseñor Luis Bambarén y al exguerrillero Héctor Béjar, entre otros.

Y, por cierto, desde un comienzo recibió los consejos del sátrapa comunista Fidel Castro.

CARTAS Y CONSEJOS

Cuando se dice que la dictadura velasquista fue procubana -más bien pro comunista- no se miente. El 7 de junio de 1970 Castro escribió una carta a Augusto Zimmermann Zavala, entonces hombre fuerte de Velasco, dando las directrices políticas que el “gobierno revolucionario” debía seguir.

La amistad entre el tirano y el secretario de Prensa de Palacio surgió a través de Sergio Pineda, entonces representante de la agencia noticiosa Prensa Latina, quien era agente de la Dirección General de Inteligencia de Cuba. Adiestrado en la KGB soviética, Pineda había descubierto el perfil psicológico de los golpistas y tenía la seguridad de que podrían convertir al Perú en un nuevo satélite de la Unión Soviética.

En la página 6 de la carta a la que nos referimos se lee: “Estas ideas que pueden parecer e incluso tal vez sean un poco idealistas, pero que trato de expresar sin lirismo alguno, explican el sentimiento en que se inspira la actitud de nuestro pueblo hacia ustedes (…). Nuestra única política es actuar acorde a normas éticas y principios revolucionarios que sentimos profundamente y mirando hacia el difícil y duro camino que cada uno de nuestros pueblos deberá recorrer en el próximo cuarto de siglo. Los políticos demagogos que hemos padecido trabajan para hoy, para el minuto o el segundo que viven, dedicados al culto de la vanidad (…). Somos políticos y haremos política, pero en el sentido más revolucionario (…) debemos ser continuadores de los que hace más de un siglo y medio iniciaron el camino y actuar de modo que, en 20 o 30 años, lleguemos a lo que todavía no somos y estamos muy lejos de ser (…), cuente Perú con nuestra sangre y hasta la vida de nuestro pueblo sin otro interés que el de contribuir a la creación del espíritu de hermandad que debe ser el cemento de la unión, el destino y hasta la supervivencia de nuestros pueblos”.

Más adelante, recomienda no restablecer por el momento las relaciones entre ambos países, y continua Castro: “Desde nuestro punto de vista, serviría ahora más a los enemigos de la revolución peruana que a los intereses de nuestros países. Ello en cambio no constituye ningún obstáculo para que ustedes puedan contar con nuestra total cooperación. Nuestro pueblo comprende perfectamente la situación y no sentirá desaliento (…), cuéntese con nuestra solidaridad en la forma en que se considere más útil. Dígasenos cada vez que se estime oportuno (…)”.

DIPLOMACIA SECRETA

Todo lo anterior evidencia cómo clandestinamente y, tal vez sin conocimiento de las Fuerzas Armadas -especialmente de la Marina y Fuerza Aérea-, el velascato sostenía en las tinieblas una relación diplomática con el régimen totalitario de La Habana. En otra carta dirigida por Castro a Zimmermann, 19 días después, se lee: “No pensemos si no en el respeto que nos debemos mutuamente, por la sinceridad de las convicciones que nos impulsan a actuar siempre en favor de millones de seres humanos (…). No importa cómo las
cosas son hechas sino que simplemente se hagan en abierto desafío a las dificultades” Agrega: “ Si usted lo desea háganos conocer su pensamiento todas las veces que crea necesario, seguro de que encontrará en nosotros una abierta disposición a la franqueza. Las mentes estáticas hacen daño. Nuestros pueblos tienen el rico contenido de un ser humano cuya alma y cuyo espíritu están labrados para la cosecha de un mundo mejor”.

Zimmermann respondió a esa misiva afirmando que Velasco era un hombre profundamente honesto y un “ conductor indoblegable” de sus ideales revolucionarios y que le había encargado expresarle “todos esos sentimientos que son la correspondencia peruana a la solidaridad robusta y generosa de nuestros hermanos de Cuba”.

El 23 de abril de 1971 -unos meses después- se oficializó la relación diplomática entre Cuba y Perú. La hizo desde La Habana el dictador caribeño, quien refiriéndose al velasquismo terminó diciendo: ”Es revolucionario, no en los esquemas, sino en los hechos. No puede considerarse una revolución marxista leninista, pero sí se puede desde un punto de vista marxista leninista hablar de un proceso revolucionario en el Perú”.

LEY DE INDUSTRIAS

A pocos días de la comunicación epistolar entre Castro y Zimmermann, se promulgó la Ley de Industrias, la Comunidad Industrial y la Estabilidad Laboral, para consagrar “una sociedad más justa”, instrumentos importados de Moscú y Pekín, que a la larga fueron nefastos para la productividad nacional. Su vigencia dio patente de corso para que cabecillas de organizaciones marxistas que habían desaparecido durante el régimen de Manuel Prado Ugarteche se infiltraran en los sindicatos y adiestrasen a los fanáticos de la dictadura militar en el uso de explosivos caseros para amedrentar a los propietarios de las empresas que se negasen a aceptar sus exigencias.

El camino del diálogo patrón-trabajador terminó en el chantaje. Las cúpulas dirigenciales cobraban sin trabajar. Las empresas fueron quebrando y sus dueños así como técnicos de primera línea emigraron al exterior, especialmente a Venezuela. En cambio, en Chile el general ECH Augusto Pinochet Ugarte dio una ley que permitió a los extranjeros establecer sus industrias luego de trámites que duraban una semana y se les exoneraba del pago de impuestos durante seis meses.

DELLEPIANI OCAMPO

Los genios que giraban alrededor del contralmirante AP Jorge Dellepiani Ocampo, entonces ministro de Industrias, habían ofrecido crear para el año 1975 no menos de 2 millones de nuevos puestos de trabajo. Refiriéndose al Producto Bruto Ibnterno (PBI), aseguraron que la tasa de crecimiento no bajaría del 7.5 % anual.. En cuanto a las inversiones dijeron que serían del orden de 270,000 millones de dólares.

POR: CÉSAR REÁTEGUI

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