Nueva doctrina estratégica para combatir el crimen organizado

Ensayo elaborado por Vladimiro Montesinos detalla tácticas para acabar con el sicariato.

Nueva doctrina estratégica para combatir el crimen organizado
  • Fecha Domingo 5 de Enero del 2020
  • Fecha 4:30 am

Mientras el Gobierno de Martín Vizcarra Cornejo incrementa las restricciones para las licencias de armas de uso civil, la asimetría con la que opera el sicariato cada minuto debilita la confianza ciudadana en la Policía, fiscales y jueces.

La inseguridad, a causa de los altos índices de violencia, refleja una imagen del Perú en el exterior similar a la de los años en que imperaba el terrorismo. Las redes y coaliciones delictivas y las bandas de narcotraficantes utilizan la cibernética y hoy cuentan con infraestructuras y redes de alcance nacional que garantizan el éxito de su accionar.

Vemos una constante confrontación entre la Policía y el crimen organizado, buscando neutralizarse mutuamente y en ese período de acción – reacción se muestra una auténtica lid entre agentes del orden y la delincuencia, que tiene la ventaja que le da el marco asimétrico. Estas bandas -como ocurrió con los subversivos- son enemigos invisibles.

Enfrentamos un fenómeno complejo que será duradero mientras su combate no esté en manos de verdaderos estrategas y expertos en operaciones psicológicas. Además, debe hacerse un cambio sustancial en la configuración del escenario de seguridad, pues dicha amenaza se da en un contexto inmerso en la globalización. En este nuevo esquema estratégico juega un papel preponderante el factor inteligencia -como avance en la lucha- frente al conflicto asimétrico que genera el crimen organizado.

NUEVA DOCTRINA

Este nuevo escenario implica impulsar una nueva doctrina sobre la Seguridad y Defensa Nacional que no debe limitarse al espacio de la soberanía nacional que años atrás representaba la defensa del territorio, pues hoy existen factores de inestabilidad internos que generan riesgos y amenazas contra la población perturbando la paz y estabilidad del país.

A mediados de 1992, durante una reunión que sostuvieron el general del Ejército colombiano Harold Bedoya y Vladimiro Montesinos en las instalaciones del desaparecido Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el entonces asesor presidencial recomendó al visitante, frente a la amenaza del sicariato que había atentado contra delegaciones policiales e incluso cuarteles militares, que debía tenerse en cuenta el marco legal existente para hacer algunos cambios que se incorporen a una nueva estrategia de Seguridad Nacional.

La banda de sicarios de Mario Pérez Marín (a) “Morro”, tiempo atrás, había intentado victimar a agentes del Departamento de Administración de Seguridad (DAS) en Medellín. Como ocurría diariamente en Colombia -y viene sucediendo en el Perú- la naturaleza hace estéril el uso convencional de las fuerzas policiales, lo que obligó a la DAS -siguiendo la recomendación de Montesinos y estrategas colombianos como el comandante Luis Pulido- a redefinir su estructura organizacional y reconceptualizar su doctrina. Aspectos que, pareciera, la Policía Nacional del Perú (PNP), el Sistema de Inteligencia Nacional (SINA) y su ente rector, la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI), no habrían tomado en cuenta.

“Es un craso error- sostiene Montesinos en uno de sus ensayos – combatir una fuerza asimétrica que recurre a otra clase de estrategias con una fuerza simétrica. Y que en el caso del oponente más débil se escapa a los métodos convencionales al emplear armas y tácticas innovadoras concebidas para debilitar la determinación del poder del más fuerte y su capacidad para utilizar de manera eficaz su superioridad en términos de medios”, señala el exasesor.

FACTOR INTELIGENCIA

Las apreciaciones antes señaladas coinciden con las de consultores del Federal Bureau of Investigation (FBI), pues en el documento se sostiene que las reglas de la experiencia aconsejan que los servicios secretos posean una estructura organizacional y una doctrina que les permita disponer de sistemas de conocimiento basados en el procedimiento óptimo de la información lograda por diversas fuentes para producir la Inteligencia Nacional destinada al jefe de Estado y el Consejo de Ministros e Inteligencia Policial y para los órganos de inteligencia del sector Interior, que son los competentes en este caso.

Montesinos indica en su ensayo que bajo esa línea de pensamiento, los procesos de producción de inteligencia son entendidos básicamente como actividades intelectuales interconectadas con las que la capacidad del analista de inteligencia, apoyado por la tecnología, hace posible la elaboración de un conocimiento estructurado a partir de datos inconexos que, debidamente procesados y tras ser evaluados, integrados e interpretados, garantizan un eficiente combate al sicariato y al crimen organizado.

“Esto significa -se lee en el ensayo- que el tiempo dedicado por los analistas de Inteligencia al procesamiento de datos y al análisis de información se reduce drásticamente, ya que se necesita disponer del conocimiento de la situación con la máxima urgencia, pues la ola de violencia se incrementa con mayor intensidad”.
Lógicamente la información debe ser puntual sobre lo que ocurre, activando la capacidad recolectora de las fuentes sobre estos hechos que son una amenaza tan siniestra como el terrorismo.

Según el ex asesor presidencial, los esfuerzos de Inteligencia tienen que actualizarse constantemente para conocer las capacidades e intenciones de las redes criminales y para ello hay que penetrar en el núcleo de dichas organizaciones. Indica que los analistas deben presentar un listado de las áreas donde las redes criminales captan, adoctrinan y financian a sus integrantes, sin descuidar sus capacidades de mando, control, inteligencia y comunicaciones.

Más adelante, Montesinos señala: “La gestión de la imaginación y la simulación de situaciones que puedan comprometer la seguridad colectiva es otro de los retos que tendrían que afrontar diariamente los servicios de Inteligencia que de manera combinada con expertos científicos y medios tácticos deben crear escenarios virtuales de lo que puede ser improbable, pero no imposible”.

Así la evaluación de riesgos hallaría un adecuado ejemplo de simbiosis entre lo que es la tecnología y la gestión de la imaginación como antesala preventiva de la labor de inteligencia. Estrategia que garantizó la vida del expresidente Alberto Fujimori y su familia durante su régimen.

“Los simulacros -se lee en el ensayo- ponen a prueba medidas de reacción rápida ante cualquier acción de estas redes y coaliciones”.

MODELO REACTIVO

El modelo de seguridad reactivo no ha dado los resultados esperados frente a amenazas cada día más crecientes de las redes criminales.

“Los servicios de inteligencia -se lee en el ensayo- están obligados a desarrollar nuevas capacidades orientadas a la prevención de esta peligrosa y creciente actividad.

a comunidad de inteligencia deberá reestructurar sus prioridades desarrollando las áreas que se muestran vulnerables”.

POR: CÉSAR REÁTEGUI

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