Parlamento dio golpe y Fujimori contragolpe
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El diccionario de la Real Academia Española concibe como golpe de Estado “una medida grave y violenta que toma uno de los poderes del Estado, usurpando las atribuciones de otro”.

No es pues una creación hispanoamericana, el 2 de diciembre de 1851 el presidente de Francia, Luis Napoleón Bonaparte, disolvió la Asamblea Nacional y se convirtió en emperador, hecho que -guardando distancias- lo vivimos recientemente en el Perú tras el golpe sui géneris del ingeniero Martín Vizcarra Cornejo, quien tuvo el respaldo de las Fuerzas Armadas y la Policía. A diferencia de Guillermo Billinghurst (1912 -1914) que tenía en mente disolver el Congreso y cambiar la Constitución de 1860 mediante un plesbiscito. El Parlamento no perdió los papeles ni entró en “dimes” y “diretes”. Se adelantó, con el apoyo del coronel EP Óscar R. Benavides. Por esos años jefe de la guarnición de Lima y puso -como vulgarmente se dice- “de patitas en la calle” a un vanidoso Billinghurst.

Por su parte, Curzio Malaparte, analista del diario Corriere della Sera, en su célebre ensayo “Técnica del golpe de Estado“, sostiene que dicha acción no se improvisa y que está sujeta a reglas. Describe con objetividad cómo los bolcheviques se adueñaron del poder en octubre de 1917. Y asegura que no se trató de una revolución: fue un golpe.

Señala que Lenin dio la orden, pero quien la ejecutó fue León Trotsky y no Lenin. Menos aún Stalin, Kamenev, Zinoviev o cualquier otro cabecilla bolchevique.
Trotsky era el caudillo del Soviet (asamblea de soldados, obreros y campesinos) de San Petesburgo.

El día “D” Trotsky, en las sombras de la noche, desplegó sus “guardias rojos” al Palacio de Invierno y Kerensky huyó para no volver jamás.

EN EL PERÚ

El primer golpe de Estado en el Perú lo dieron dieciocho militares el 28 de enero de 1821 en Aznapuquio.

Entre ellos estaban Rodil, Canterac y Valdez, conminando al virrey Joaquín de la Pezuela a que entregase el mando al general José de la Serna, verdadero promotor de la conspiración.

Muchos años después, en el siglo XX, lo hicieron el comandante EP Luis M. Sánchez Cerro y los generales EP Manuel Odría, Ricardo Pérez Godoy, Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez, quien impidió que el Perú se convirtiera en un nuevo satélite de la Unión Soviética y devolvió la democracia.

Al caer Augusto B. Leguía Salcedo, derrocado por Sánchez Cerro con apoyo de los civilistas, nunca se supo qué destino tuvieron los 6 millones de dólares que el exmandatario recibió de Chile en compensación por Arica. De otro lado, el trato a Leguía fue inhumano -como narraremos en próxima edición- por presión del diario El Comercio, entonces dirigido por Antonio Miró Quesada, que desde sus páginas recomendaba reforzar la vigilancia en el Panóptico donde Leguía estaba
recluido.

Creado el llamado Tribunal de la Sanción, el exmandatario no tuvo una defensa justa, pese a los esfuerzos de su abogado Eulogio Romero Romaña.
En 1945 el Partido Aprista, aún perseguido, se puso una careta y se presentó como el Frente Democrático, gracias a lo cual José Luis Bustamante y Rivero llegó a la Casa de Pizarro. Más tarde, este en su obra “Tres años de lucha por la democracia en el Perú” señalaría: “Uno de los reproches que ciertos sectores políticos me han formulado desde los días de mi candidatura es el haber caído en la imprudencia de pactar con el Apra”.

Bustamante no era un político sino un diplomático de prestigio sin contacto con las masas. Lo cierto es que tras el asesinato de Francisco Graña, atribuido al Apra, cayó el gabinete presidido por Julio Portugal y se instaló el gabinete bajo la presidencia del contralmirante AP José R. Alzamora.

Asumió la Cartera de Gobierno (hoy Interior) el general EP Manuel A. Odría, quien de inmediato planteó la proscripción del Partido Aprista.
El 27 de noviembre de 1948 Odría impuso nuevamente el militarismo No fue un caso aislado en el continente, donde ya gobernaban otras dictaduras empeñadas en acabar con las explosiones sociales. Bustamante no había de terminar con el caos y acabó deportado.

Odría nombró en su junta de gobierno a los generales EP Zenón Noriega ( luego destituido) y José Villanueva; los comandantes EP Juan Mendoza Rodríguez, Alberto López, Luis Ramírez Ortiz y Carlos Miñano; los contralmirantes AP Roque A. Saldías y Federico Díaz Dulanto.
Asimismo, los comandantes EP Marcial Romero Pardo Alfonso Llosa y Augusto Villacorta.

La calma volvió al país. Se convocó a Elecciones Generales y Odría venció al general EP Ernesto Montagne, quien postuló por la Liga Nacional Democrática, asumiendo constitucionalmente el 28 de julio de 1950. Es recordado por sus obras de infraestructura.

Luego vendría el golpe del 18 de julio de 1962 dirigido por el general EP Ricardo Pérez Godoy, aduciendo un fraude electoral que favorecía a Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del Partido Aprista. Convocadas nuevas elecciones, salió electo el arquitecto Fernando Belaunde Terry, quien fue derrocado por el general EP Juan Velasco Alvarado, que instauró una dictadura pro comunista.

PARLAMENTO DA GOLPE

A diferencia de Vizcarra, que disolvió el Congreso, porque sus proyectos de ley no eran aprobados “ ad -litteram” (a la letra), como si se tratara de mandato imperial, Fujimori lo hizo porque se enfrentó a una oposición realmente obstruccionista. En junio de 1990 había vencido abrumadoramente a Mario Vargas llosa pero en la composición del Congreso su movimiento político (Cambio 90) no alcanzaba el 24 % de representantes. Es decir estaba prácticamente maniatado, cualquier iniciativa que presentaba le era rechazada.

Vladimiro Montesinos, señalado junto con el general EP (r) Nicolás Hermoza Ríos, como los principales instigadores al pronunciamiento de la noche del domingo 5 de abril de 1992, en una reunión que sostuvo con analistas del Servicio de Inteligencia del Ejercito (SIE), explicó que la actitud de la mayoría parlamentaría configuró un estatus de golpe de Estado.

Indicó que la oposición sin ningún fundamento promulgó la denominada “Ley de control parlamentario” sobre los actos normativos del presidente de la República.
De un solo plumazo despojaron a Fujimori de las facultades esenciales para gobernar. Asimismo le impidieron irrespetuosamente y sin tener en cuenta sus atribuciones constitucionales la posibilidad de observar la Ley Anual de Presupuesto, y se habían aumentado exorbitantemente su presupuesto.

OPOSICIÓN IRRESPONSABLE

La oposición irresponsable podía convertirse en una especie de superministro del Interior y la autoridad de Alberto Fujimori quedaría disminuida en tiempos en que Abimael Guzmán, mediante una muy bien planeada operación psicológica, intentaba lograr el equilibrio estratégico a través de sus “bases de apoyo”.

POR: CÉSAR REÁTEGUI