Velasco convirtió a Expreso y Extra en sus perros mastines
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“La burguesía entendía por libertad de prensa la libertad de los ricos de publicar periódicos. El gobierno Obrero y Campesino entiende por libertad de prensa la emancipación de la prensa del yugo capitalista. Ahora hemos derrocado el yugo de la burguesía. No podemos conceder a la burguesía la posibilidad de que nos calumnie”, escribió Vladimir Ilich Utranov ‘Lenin’ el 22 de noviembre de 1910 a Masin Gorki (1868 -1936).

Muchos años después Ángel Castro Lavarello, presidente del Frente de Liberación Nacional del Perú (FLNP) y muy cercano a Carlos Delgado Olivera, ideólogo de la dictadura velasquista, afirmó durante la presentación del ensayo “Lenin Periodista” de Genaro Carnero Checa: “un Estado formado por obreros y campesinos entiende por libertad de prensa la emancipación de los periódicos del dominio capitalista y el paso de ellos y de las imprentas al Estado”.

Enseñanzas que debieron inspirar a Delgado y el círculo de canallas que convencieron al general EP Juan Velasco Alvarado a confiscar los medios de comunicación, empezando por Expreso y Extra.

FACTOR LOLI ROCA

Como narramos anteriormente, las críticas de Expreso, especialmente en la matutina columna de Luis Loli Roca, provocaron la indignación y deseo de venganza de la dictadura.

Fue entonces -según fuentes fidedignas- que el general EP José Graham Hurtado, jefe del Comité de Asesoramiento a la Presidencia (COAP), considerado en esos momentos el segundo hombre más poderoso del país, planteó convencer a Loli Roca para que no continuara con sus certeros e irrefutables ataques al “proceso revolucionario”.

El “Colora’o” -como llamaban sus amigos a Graham- era un personaje carismático, criollo y que tenía muchos amigos en el ámbito político. Buscó a su pariente el empresario Víctor Graham Morales y amigo del periodista y le pidió una reunión en un chifa que funcionaba en la primera cuadra de la avenida Brasil.

Nunca se supo si se dio el encuentro. Loli Roca continuó censurando a la dictadura de Velasco, que tomaba ciertas decisiones -que daremos a conocer más adelante- al mismísimo estilo de Rafael Leonidas Trujillo (1891- 1961), militar y político elegido presidente de República Dominicana en 1930 y que estableció una férrea dictadura y un régimen de corrupción haciéndose llamar “dictador benefactor”. Claro está, durante el velasquismo no se dieron índices de corrupción.

ASALTAN EDITORA NACIONAL

Lo cierto es que el 4 de marzo de 1970 las garras de la tiranía arrebataron de un solo zarpazo Expreso y Extra a su legítimo propietario Manuel Ulloa Elías, a quien posteriormente sindicaron como el jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense y le quitaron la nacionalidad peruana, convirtiéndolo en un apátrida, al igual que a Manuel D’Ornellas Pardo.

Esa fecha, desde la madrugada y cuando algunos trabajadores, se encontraban en los talleres de Editora Nacional S.A. en el antiguo local de Jirón Ica 646, agentes de Seguridad del Estado y de Servicios Especiales de la desaparecida Guardia Civil, presumidos de cascos, escudos y bombas lacrimógenas, se pertrecharon en los jirones Chancay, Callao y la calle Orejuelas. cerrando el paso vehicular y alarmando al vecindario.

Cuando trabajadores y periodistas intentaron ingresar, fueron impedidos groseramente. “Lean El Peruano”, advirtió el oficial a cargo del operativo.
Efectivamente el Decreto Ley N° 18169 anunciaba que Expreso y Extra habían sido confiscados y puestos en manos de una cooperativa inexistente que sería organizada bajo la tutela de la dictadura.

Años después el general EP Armando Artola Azcárate reveló que ambos diarios fueron expropiados a insistencia de Augusto Zinmmerman Zavala, quien era un especie de “Rasputín”. Dijo además que aseguró a Velasco que el Frente Ünico de Trabajadores de Expreso y Extra lo integraban el 95 % de empleados y periodistas “revolucionarios” y que solo un grupúsculo respaldaba a Ulloa.

El local de Orejuelas, al poco tiempo, se transformó en refugio -al igual que la Asociación Peruano Rusa- y en albergue de los comunistas expulsados de Chile por el régimen del general ECH Augusto Pinochet Ugarte.

El día del asalto los primeros en ingresar a Editora Nacional en medio de “vivas a la revolución “ fueron Efraín Ruiz Caro, Ismael Frías y Francisco Moncloa. Este último traicionó a Manuel Ulloa, quien fue su permanente benefactor en tiempos en que Moncloa presidía la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (ANEA).. “Expreso será el nuevo “Granma”, diría sonrisa a flor de labios.

Semanas después, al margen de los bacanales que seguían a los “cierres” de edición los fines de semana, también sucedieron hechos delincuenciales que se reflejaron cuando Editora Nacional volvió al control de Ulloa.

Alfonso Baella Tuesta, entonces jefe de la Página Política del diario decano, fue uno de los periodistas que dedicó muchas horas de su tiempo a investigar lo que sucedía y, en varios editoriales, exigió a los nuevos “ dueños” que muestren los documentos que los acreditaban como tales.

AVES DE ESPAÑA

Las investigaciones de Baella pusieron al descubierto que la denominada Cooperativa de Producción y Trabajo “Prensa y Pueblo” era un engaño y no figuraba en Registros Públicos. Tampoco existían balances de ingresos y egresos. Ambos diarios estaban a merced de las aves de rapiña de cuello y corbata. La mafia enquistada en ambos distribuyó seudo “estatutos” que señalaban que su capital social sería cubierto con el dinero de los derechos sociales de los propios trabajadores.

POR: CÉSAR REÁTEGUI

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