Abducciones: secuestros extraterrestres

Se han dado casos en la antigüedad en relatos bíblicos y prebíblicos de abducciones en supuestas 'nubes'o ‘carros de fuego’ en los cuales 'ascendieron a los cielos'.


La vida en otros planetas es esa incógnita que no terminamos de resolver. Hay quien cree en ella, a quien le parece una auténtica locura y hay quien, directamente, se dedica a investigar sobre alienígenas y otros fenómenos paranormales de la galaxia. Ellos son los ufólogos, esas personas que vigilan los cielos e, incluso, llegan a afirmar que estos seres del espacio están entre nosotros. Son muchas las preguntas que suscita el universo.

Desde los años 50, los relatos de abducciones suelen incluir la descripción de una sala semejante a un laboratorio en la cual los extraterrestres realizan algún tipo de experimento o investigación sobre el individuo secuestrado.

El relato (subjetivo) del secuestro suele incluir la idea de que el mismo estaría precedido por la pérdida de la voluntad y de la conciencia en el instante anterior al momento del transporte.

Quienes refieren haber sido víctimas de una abducción aseguran que durante el rapto habrían padecido un lapso importante de “tiempo perdido”, es decir, la sensación de haber pasado un tiempo prolongado, pero sin poder recordar casi nada de ese lapso transcurrido. El interior de la nave a la cual serían conducidos los abduccidos por lo general es descrito como una sala redonda, con cúpula, iluminada por una luz difusa que parece salir de las paredes y del suelo. Tras ser retornados de la abducción, algunos comentan tener alguna anomalía en su organismo, tales como la presencia de objetos metálicos dentro del cuerpo. Algunos puntos en común serían; pesadillas reiterativas, cicatrices o marcas en el cuerpo de origen desconocido, sinagesia, fobias repentinas a objetos, olores o ruidos.

¿Qué es la abducción?

En el campo de la ufología se llama abducción al acto en el cual uno o más seres extraterrestres toman a un ser vivo terrestre contra su voluntad, lo secuestran y lo llevan a algún sitio determinado, generalmente a su propia nave espacial. La mayoría de los relatos son muy semejantes entre sí, y a su vez son semejantes representaciones en las películas de ciencia ficción acerca del tema.  Por su parte, el folclorista Thomas E. Bullard realizó un estudio sobre 309 casos de este tipo, mostrando que siguen cierto orden y en el que destacan varios episodios clave: captura, examen, excursión o viaje a otros mundos, teofanía, regreso, y consecuencias.

Si bien todos los elementos no aparecen en todos los casos, según él y sus propios criterios acerca de lo que se considera captura, examen, viaje, teofanía, regreso y consecuencias, hay un 84% de situaciones en los que el orden se cumple.

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Una característica común a quienes alegan haber sido abducidos es la amnesia, llamada “tiempo perdido” en el argot que popularizó el escritor neoyorquino Budd Hopkins, autor del libro Missing time (“Tiempo perdido”), de 1981.

Esta amnesia casi siempre impide a los protagonistas recordar el meollo del incidente. Por ejemplo, una persona vive una situación extraña de una supuesta abducción o visita extraterrestre a una determinada hora. Más tarde, al mirar su reloj, ve que han pasado varias horas, pero no recuerda bien qué ocurrió en ese lapso.

Aplicando hipnosis

Mediante la regresión hipnótica, profesionales como el hipnólogo estadounidense Leo Sprinkle, el hipnólogo estadounidense Berthold Schwarzy  y el hipnólogo e ingeniero estadounidense James Harder han conseguido obtener relatos de varios centenares de abducciones.

Este último investigador llegó a estudiar 104 casos, de los cuales un 39% eran varones y un 16% se trataba de niños acompañados de adultos. El 50% eran personas en situación de desempleo o trabajadores no especializados, un 10% oficinistas y alrededor de un 5% estudiantes universitarios. Según el autor, esto “implica un nivel ocupacional o educativo relativamente elevado”.

La mayoría de los relatos son parecidos entre sí y suelen seguir el patrón de las historias difundidas y puestas de moda previamente por los medios de comunicación.

Hasta tal punto es así que, según dice el estudioso británico John Rimmeren en su obra The evidence for alien abductions (1984), basándose solamente en relatos bien documentados, ha podido construir un “modelo” de abducción, según el cual las personas abducidas (pertenecientes a ambos sexos, aunque con preponderancia del masculino) son seres humanos sanos, normales y no interesados particularmente por el problema ovni.

El escritor español Antonio Ribera, en su obra Secuestrado por extraterrestres (1981), escribe:

Los sujetos, por lo general, recuerdan el principio y el final del episodio, pero la parte central del mismo -la más importante- ha sido borrada de su mente consciente. Este borrado ha sido hecho sin duda mediante la hipnosis: se les ha impuesto un bloqueo para que no recuerden unas experiencias, que en ocasiones podrían resultar muy traumáticas.

Peor todavía, en estado de hipnosis se tiende a inventar recuerdos, con lo que la regresión hipnótica pasa de ser un argumento a favor a un argumento en contra de la tesis ufológica de las abducciones.

Explicaciones posibles

Científicamente la explicación más plausible de las supuestas abducciones sucedidas durante el sueño es que los relatos surgen como explicación a episodios psicóticos o de parálisis del sueño o en sueños lúcidos no controlados.

En general las alucinaciones que se tienen durante la parálisis del sueño serían sueños con algunas de las características de los sueños lúcidos, que se perciben reales mientras sucede el fenómeno; pero que sin embargo al despertar las personas que creen haber sido víctimas, recuerdan el hecho como real, llegando incluso a reconocerlo como un acontecimiento vivido realmente durante el resto de sus vidas.

Esta explicación se basa en que los relatos de abducciones se han incrementado después de que las historias sobre extraterrestres y las abducciones empezasen a aparecer en el cine y la televisión.

La historia de los Hill fue popularizada por el periodista John G. Fuller, dando comienzo a una era de supuestas abducciones que seguían un patrón similar al descrito por los Hill, hoy en día asumido culturalmente.

Extraterrestres
Esto dificulta el trabajo de los ufólogos, ya que deben descartar los casos en los que se demuestra que la “víctima” sólo tuvo un episodio paranoico, por lo que resulta más complicado dar con casos en los que aparentemente sí sucedió un rapto real.

En cualquier caso, la posibilidad de “episodio paranoico” es anecdótico: no es necesario en absoluto sufrir algún tipo de inestabilidad mental para sufrir episodios de parálisis de sueño y autoconvencerse de haber sido raptado por algún tipo de entidad. En realidad, los episodios de parálisis de sueño no dan lugar solo a interpretaciones del tipo abducción, también son interpretados como visitas de ángeles, posesiones demoniacas.

Abducciones en la antigüedad

Hay creyentes en el fenómeno de la abducción, que igualmente afirman que varios personajes de la antigüedad, tales como algunos personajes indicados en relatos bíblicos y prebíblicos habrían sido abducidos en supuestas “nubes” o carros de fuego a través los cuales “ascendieron a los cielos”.

El caso del profeta Ezequiel, o de Elías (ascendiendo al Cielo a través de un carro de fuego que provenía del cielo), o incluso Jesucristo (subiendo al cielo a través de una nube) hace lanzar a algunos ufólogos la idea de que el fenómeno no es solamente actual, sino que existió a través de los años, incluso en la más remota antigüedad.

Frente a estos argumentos, los críticos, la comunidad científica y los escépticos indican que la hipótesis de la abducción no deja de ser una explicación ad hoc, ya que las nubes y carros de fuego podrían ser metáforas para un relato religioso y no hay ninguna evidencia de que esos relatos deban ser interpretados de otra manera. Desde el punto de vista historiográfico además se trataría de hipótesis argumento desde la ignorancia, pues los que realizan tales interpretaciones ufológicas ignoran a qué se refieren esas historias, el significado de tales imágenes en la cultura y cosmovisión de los autores. Ezequiel, por ejemplo, describe un típico carro-trono adornado con querubines, al más puro estilo fenicio, tal cual es representado en relieves y monedas de la época, solo que de enormes dimensiones dada la importancia del dios que está sentado en él.

Abducciones reconocidas

El famoso caso Hill que popularizó las historias de abducciones. El caso comenzó cuando la pareja avistó un objeto que no identificaron cuando volvían de madrugada a casa, el 19 de septiembre de 1961.

Según el relato, Barney Hill habría observado el objeto con prismáticos y le pareció ver formas humanoides a través de las ventanillas, lo que le hizo pensar que se trataba de un avión.

Betty, en cambio, dice que en ese momento estaba convencida de que era un platillo volador, e hizo llamadas durante los días siguientes a la Base de la Fuerza Aérea de Pease para informar de lo que había visto, y se compró y leyó varios libros sobre platillos volantes.

También escribió al autor de uno de ellos (Donald E. Keyhoe) relatándole lo que había vivido. En ninguna de esas cartas ni en las llamadas que hizo habló nunca de ninguna abducción.

Estas salieron a la luz unos tres años después, cuando la pareja se sometió a tratamiento por el psiquiatra Benjamin Simon y narraron la abducción, describiendo al que sería el prototipo de extraterrestre durante las décadas siguientes.

Durante los años setenta la historia de los Hill se popularizó y se filmó una película sobre el tema.

Betty y Barney Hill
John Mooner, ufólogo británico que fue abducido por extraterrestres y que manifestó que Google Earth captó su secuestro.

Mooner actualmente es el investigador jefe de World Ufo Photos, una web que recibe fotos misteriosas de todo el mundo para investigarlas, y también trabaja para la Sociedad Británica de Misterios Terrestres y Aéreos (BEAMS, por sus siglas en inglés). Pero como toda historia, la de Mooner también tiene un comienzo.

“Me secuestraron y esta imagen de satélite es la prueba. En ella se ve cómo yo mismo luchaba contra un alienígena gris, golpeándolo en la cara”, afirma. “Recuerdo que llevaba una gorra de béisbol negra y una camisa”, dice, “definitivamente, era yo, y creo que los ovnis venían a llevarme con ellos. Aunque no recuerdo este episodio en mi vida, he sufrido momentos esporádicos de saltos en el tiempo en los que me remontaba a años anteriores”, además, según él los extraterrestres habrían establecido bases en la parte posterior de la luna, por lo que les resultaría más sencillo visitar nuestro planeta en busca de material genético.

En octubre de 2001, Amy Rylance, de 22 años en aquel entonces, su esposo Keith y su amiga Petra estaban en la casa de los Rylance en Gundiah, Australia. Petra se despertó a las 11:15 p. m. y fue a la sala de estar, donde quedó horrorizada al ver que Amy era llevada por la ventana sobre un rayo de luz, en posición para dormir, hacia una “enorme nave que había fuera”.

Petra despertó a Keith, pero para cuando él entró a la sala, Amy ya no estaba. La cortina estaba rasgada y los arbustos de afuera estaban quemados. La pareja llamó a la policía, a la cual le resultó difícil tomar la denuncia en serio. Sin embargo, unos 90 minutos más tarde, Keith recibió una llamada telefónica de una mujer de Mackay, Queensland, a una distancia de ocho horas en auto de Gundiah. La mujer dijo que estaba con Amy, quien se encontraba en el hospital, aturdida y deshidratada. Nadie pudo explicar cómo había recorrido semejante distancia en tan poco tiempo.

Amy estaba ilesa, salvo unas marcas rojas en la parte superior de los muslos y los talones. Ella dijo que recuerda haber estado recostada en una cama junto a unas figuras altas inclinadas sobre ella que la tranquilizaban y tomaban muestras de ella. Cuando la hallaron, su vello corporal había crecido considerablemente, lo que sugería que había estado ausente durante mucho más tiempo que las pocas horas en las que estuvo desaparecida.

En octubre de 1957, un granjero brasileño llamado Antonio Vilas Boas vio una estrella roja en el cielo. La luz se acercó, hasta que Boas pudo divisar una nave espacial, la cual aterrizó en su campo sobre tres largas patas. El hombre trató de escapar en su tractor, pero un pequeño humanoide de ojos celestes lo agarró.

Boas afirma que lo llevaron al interior de la nave y lo cubrieron con una sustancia que parecía un gel. Luego lo obligaron a tener relaciones sexuales con una criatura femenina que tenía vello púbico rojo brillante, con el fin de producir un híbrido humano-alienígeno que los extraterrestres criarían.

Finalmente, Boas fue escoltado afuera de la nave y regresó a la Tierra cuatro horas más tarde. Tenía quemaduras en el cuerpo, náuseas, lesiones y dolores de cabeza, y un médico le diagnosticó la enfermedad por radiación.

En noviembre de 1975, seis trabajadores forestales de Arizona informaron haber visto a su colega Travis Walton lanzado por el aire en un rayo de luz desde un ovni situado por sobre los árboles. Los trabajadores denunciaron la desaparición de Walton. La policía sospechaba que había sido asesinado por el grupo que había desechado su cuerpo.

Pero cinco días más tarde, Walton reapareció, afirmando que había sido abducido por extraterrestres. Según describió, había caminado sobre una mesa, rodeado por figuras pequeñas que llevaban vestidos de color naranja. Su piel era suave y blanquecina, y sus cabezas calvas eran demasiado grandes para su cuerpo. Tenían enormes ojos marrones brillantes.

Walton escapó de los alienígenas y huyó a través de la nave. Finalmente se encontró con otros humanos a bordo, vestidos con uniformes azules. Ellos no le hablaron, sino que le colocaron a la fuerza una máscara de gas, de modo que perdió el conocimiento. Walton afirma que lo que recuerda luego de eso es haber despertado, temblando y confundido, al costado de una ruta de Arizona.

El intento de abducción del coronel H.G. Shaw. Este fue uno de los primeros encuentros alienígenas reportados y fue redactado en el periódico Stockton Evening Mail en 1896. El coronel H.G. Shaw viajaba con un compañero en caballo y carruaje rumbo a Lodi, California.

De pronto, sus caballos se sobresaltaron y los hombres vieron a tres “extraños seres” al costado de la ruta. Las criaturas eran esbeltas y de apariencia humana, aunque medían más de dos metros y eran calvos, a excepción de una pelusa suave de terciopelo que les cubría el cuerpo. No hablaban, sino que se “gorjeaban” unos a otros, como si cantaran. Llevaban lámparas que brillaban extrañamente fuerte y parecían estar hechas de algún tipo de mineral resplandeciente. Shaw dijo que las criaturas poseían “una belleza extraña e indescriptible”.

Los alienígenas intentaron alzar a Shaw, quien sintió que ellos querían llevárselo. Pero él era demasiado pesado para ellos. Finalmente se alejaron, flotando apenas por encima del suelo. Shaw los siguió, hasta que llegaron a una enorme nave espacial con forma de cigarro suspendida en el aire. Las criaturas volaron hasta ella y desaparecieron tras una puerta. La nave partió y pronto se perdió de la vista.

Las abducciones de Khoury. Una noche de febrero de 1988, Peter Khoury dormía en su cama cuando sintió que algo lo agarraba de los tobillos. Sintió que por el cuerpo le corrían alfileres y agujas y quedó paralizado. Vio a tres seres alrededor de la cama. Eran dorados y tenían tajos, que hacían las veces de boca, y grandes ojos negros. Khoury dijo que era consciente de que las criaturas se comunicaban por telepatía. Le insertaron una aguja en la cabeza y Khoury se desmayó.

El segundo encuentro alienígena de Khoury fue aún más perturbador. En este, alienígenas femeninas con cabello largo y rubio se acercaron a su cama y lo abordaron sexualmente. Luego del encuentro, encontró un pelo largo y rubio atado alrededor de su pene. Khoury afirma que el posterior análisis de ADN reveló que el pelo era biológicamente diferente al cabello humano, y él está seguro de que se encontró con formas de vida extraterrestre.

Así como estos hay un centenar de casos de abducidos que lo único que manifiestan es que no estamos solos en el universo.

Por Andrés Dávila

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