Amistades peligrosas: el escandaloso asesinato del Conde Sartorius

La muerte de un conde español en 1963, aún no aclarada, pone en la lupa de los investigadores a una alemana, hija del criminal nazi Schwend que se refugió en el Perú.


En 1963, la noticia de un asesinato llenó los titulares de diarios limeños: Ingrid Schwend de Oliveira, hija del nazi Federico Schwend, de 24 años, mató de cinco disparos a su amante, un conde español llamado José Manuel Sartorius. El caso acabó con la apacible vida del alemán y lo llevó a ser parte de las primeras planas de los diarios locales e internacionales.

El nazi, sin embargo, hizo de todo en Lima; hay informes que datan de los años 60 de la CIA, el Servicio de Inteligencia Británico y el Servicio Federal de Inteligencia de Alemania Occidental que vinculan a Schwend en falsificación de monedas, tráfico de estupefacientes y venta de armas.

Klaus Barbie, el socio

Friedrich Schwend vivía en un caserón ubicado en la carretera central en Santa Clara rodeado de árboles y animales, jamás hubiera imaginado que se trataba de un sanguinario nazi que fue parte de la Operation Bernhard y que era amigo cercano de otro criminal de guerra, Klaus Barbie, responsable de la ejecución y asesinato de 4.000 personas, la deportación de 7.500 judíos (los cuales fallecieron en su mayoría en centros de concentración) y participó también en la captura del Che Guevara, en Bolivia.

Barbie (escondido bajo la identidad de ‘Klaus Altmann’ que le otorgaron sus protectores de EE.UU., a quienes sirvió) fue asesor de varios dictadores militares, debido a su experiencia como asesino y torturador en la represión de la izquierda y desarrolló múltiples negocios en asociación con militares y miembros de la burguesía boliviana.

El apellido Altmann (que tomó del rabino del barrio donde vivió en su niñez) le abrió las puertas de la comunidad judía de La Paz, que lo creía uno de los suyos. Entre otros negocios, Barbie convenció al dictador René Barrientos de la conveniencia de que Bolivia, país sin litoral marítimo, tuviera una marina mercante, creándose así la Transmarítima boliviana, de la que Barbie fue nombrado gerente general y que sirvió de pantalla para el tráfico de armas y otros negocios.

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Fue a raíz de su participación en un golpe militar fracasado que la suerte de Barbie empezó a decaer. Adicionalmente, en 1971 quebró la Transmarítima boliviana y Barbie se vio obligado a abandonar La Paz, mudándose a Lima.

No era nada extraño ver a Barbie en Lima. Él viajaba continuamente al Perú y en Lima tenía un firme aliado en el también nazi Friedrich Schwend. Federico Schwend, quien había logrado insertarse bien en la burguesía peruana. Era visto como un nazi cualquiera, pero no lo era en absoluto. Dirigía la red nazi de AL con Barbie y tenía fama de ser un falsificador acérrimo.

En 1972, cuando fue asesinado Luis Banchero Rossi (un importante empresario dedicado a la exportación de harina y aceite de pescado) en su residencia en Chaclacayo, la policía detuvo al estafador debido a que documentos de la víctima dejaban en evidencia que Schwend había extorsionado a funcionarios peruanos, había vendido secretos oficiales y violados el régimen de cambios.

Pocos días después, Barbie fue desenmascarado en Lima por los cazadores de nazis Serge y Beate Klarsfeld. Esto le obligó a fugar hacia La Paz, el 23 de ese mismo mes, con el apoyo de miembros del “ala dura” del gobierno militar de Velasco. En La Paz, ya reconocida su verdadera identidad, varios regímenes militares lo protegerían durante una década más, llegando hasta a darle el grado de teniente coronel honorario del ejército boliviano, en reconocimiento a sus aportes como instructor y torturador.

En la captura de Barbie y su entrega a las autoridades francesas, el 4 de febrero de 1984, jugó un importante papel el entonces viceministro del Interior Hernán Siles Suazo y Gustavo Sánchez Salazar. Fue él quien reveló la conexión de Barbie con el asesinato de Luis Banchero Rossi, a partir de documentos incautados a los cuales tuvo acceso.

Friedrich Schwend, historia oscura

En 1947 llegó al Perú, dos años antes había sido capturado por EE. UU. Y canjeó su libertad a cambio de información que le permitió recuperar su dinero, según reportaron medios locales. Vivía impunemente en Lima pese a que no fue un nazi más; lideró un plan para falsificar libras esterlinas durante la Segunda Guerra Mundial.

Friedrich Schwend fue un líder nazi que vivió impunemente en un caserón en Santa Clara, llegó desde Alemania en 1947 y estuvo vinculado al caso del asesinato de Luis Banchero Rossi.

Schwend se sentía tan cómodo en Lima que ni siquiera tuvo que cambiarse el nombre solo lo redujo a Federico. El nazi se refugió en Perú después de la Segunda Guerra Mundial y fue parte del plan del Tercer Reich (la Alemania liderada por Adolf Hitler) para falsificar libras esterlinas en el Campo de Concentración de Sachsenhausen, cerca de Berlín. La estrategia pretendía provocar el colapso económico británico durante el conflicto armado.

Federico era el encargado de vender los billetes en el mercado negro y a título de comisión se quedaba con la tercera parte de las ganancias. El hecho fue de tal gravedad que las autoridades británicas tuvieron que retirar de circulación todos los billetes auténticos de cinco libras para detener la falsificación. Inclusive el Banco Alemán terminó comprando las libras esterlinas falsas, puesto que el estafador comercializaba la moneda en territorio nacional.

Cuando la Alemania nazi fue derrotada, Schwend fue tenido por la OSS, antecesora de la CIA. Sin embargo, en 1947 abandonó Europa con un pasaporte de la Cruz Roja Internacional emitido en Roma a nombre de Wenceslau Turi. Así llegó a Lima y se estableció con su esposa. Durante el III Reich fue el responsable de la ‘Operación Bernhard’, un proyecto destinado a inundar Inglaterra con libras esterlinas falsas (indistinguibles de las originales) para provocar el colapso económico de Gran Bretaña. En Lima su hija Ingrid se vio involucrada en un triángulo que culminó en un sonado caso policial, cuando su amante, el conde español Sartorius, fue asesinado por el marido.

Para Schwend todo ese escándalo cerca de su casa resultó fatal. Cuatro años después de la captura de Barbie, el gobierno peruano lo deportó a Alemania donde fue condenado a dos años de prisión suspendida por el asesinato de uno de sus agentes en Italia, cuando era el Doctor Wendig. Deportado de regreso al Perú, por un breve tiempo volvió a ser “Don Federico”, el gordo amable que compraba el pan en la panadería de Santa Clara, el nazi “que todo el mundo conocía”. Pero no le alcanzó el tiempo, murió en Lima en 1980.

El asesinato del Conde Sartorius

La hacienda La Encalada estaba distante de la ciudad en los años sesenta, y era el lugar en el que vivía hasta hace poco Ingrid de Oliveira. Punto de inicio para realizar las pesquisas referentes a la investigación de un crimen que aún mantiene una serie de interrogantes. Ingrid estaba acusada de asesinato y tendría veinticuatro años mientras su marido era un cuarentón con algo de dinero. Ella, de soltera apellidaba Schwend, y era de origen alemán.

El crimen había ocurrido de noche en una zona descampada de entonces. En una pista auxiliar, frente a los laboratorios Roche, en lo que hoy es la prolongación de la avenida Javier Prado, entre los distritos de San Isidro y Monterrico. ‘El Conde’ José Manuel Sartorius fue encontrado acribillado con cinco tiros cerca de su auto, un pequeño Mini Minor. Sus luces aún estaban encendidas y la sangre salpicaba por su rostro cuando llegó la policía.

De no ser por la propia Ingrid, quien se presentó en la comisaría de la zona para decir que había matado un hombre en defensa propia, el que intentó violarla, es posible que hasta hoy hubiera quedado silenciado este suceso para no hacer escándalo en esta mediática situación.

El fallecido, el Conde de Sartorius, joven español que según investigaciones realizadas en la Biblioteca Nacional y en libros de heráldica, no era ‘Conde’, su fama trascendía por ser un vividor y dueño de un gran poder de seducción aprovechando su buena y radiante apariencia.

Conde de Sartorius

Ingrid Schwend de Oliveira

Ingrid Schwend, una bella alemana de 24 años contrajo matrimonio con José Oliveira. Abogado e importante hacendado peruano, hacía algunos años, en ese entonces cuarentón, con algo de dinero y características de personalidad muy peculiares, las que después se conocerían en el juicio. Hasta lo acusaron de ser pervertido sexual e impotente. La chica había pasado, desde su niñez, terribles acontecimientos que iban desde ataques sexuales y violación hasta las secuelas de una fuga de su patria en la post guerra, debido a la condición de su padre, quien era un exnazi. Frederick ‘Fritz’ Schwend.

A raíz del asesinato de Sartorius saldría a la luz la vida de este criminal de guerra refugiado en Perú y que vivía, en total ostracismo, en su casa de Santa Clara, camino a Chaclacayo.

Ingrid Schwend

Los hechos

Según las investigaciones del caso, Ingrid estuvo minutos antes del asesinato en la fuente de soda “Todos” en San Isidro. Comió con uno de los abogados más connotados de la época, Roque Romero Cárdenas, un hombre mayor del que se dijo que fue uno de sus amantes.  Sin embargo, una amiga de Ingrid contó, mucho tiempo después, que nunca fue su amante y más bien quiso aprovecharse de ella cuando le manifestó el deseo de separarse de su esposo. La razón: estaba locamente enamorada de Sartorius.

Terminado el encuentro con el veterano abogado, la bella alemana partiría por la avenida Javier Prado rumbo a la hacienda, ubicada por la zona que ocupaba la Embajada de los Estados Unidos. Detrás de ella un auto pequeño la seguía. Le dio alcance cerca de los laboratorios Roche y el auto cerró su marcha. Su ocupante, quien estuvo vigilante durante el encuentro en la fuente de soda, se acercó a ella y trató de aprovecharse de la chica. Esta era la versión, como defensa propuesta por el abogado de la alemana, Carlos Enrique Melgar, durante el juicio, pero rápidamente fue cuestionada, entre otras razones, por la posición en la que fue encontrado el cuerpo del occiso.

Los detalles de los hechos indicaban que Oliveira, el día del asesinato, siguió o mandó seguir a su esposa porque estaba celoso de ella. Por primera vez la alemana se enamoró y se lo había dicho a su marido. Eso estaba más allá de lo acordado. “Tú no debes enamorarte”, le dijo en alguna oportunidad. Y ella sentía temor, porque una noche, al enterarse de sus frecuentes salidas con el español, la dejó fuera de la hacienda, no sin antes agredirla físicamente. Pasó la noche acurrucada junto al portón. El día del asesinato el viejo abogado se contuvo al verla con su supuesto amante en “Todos” y no hizo nada porque mucha gente degustaba helados y “sándwich” en el entonces local de moda. Agazapado estaba cuando vio a Sartorius y luego que su esposa subía apurada al Mini Minor. Ni Ingrid ni el falso Conde se habían dado cuenta de la presencia del esposo de la rubia alemana.

Otra versión

Otra versión señala que terminada la reunión entre ella y el abogado se dirigió al auto rumbo a su casa. En el camino, cerca de los laboratorios, fue alcanzada por el falso conde, quien la convenció de cambiar de auto. Ya ella en el coche del español y dispuesta a ir a otro sitio apareció su marido, quien increpó a su acompañante y después de discutir, este bajó del vehículo para contener a Oliveira, el marido ofendido extrajo su arma y le disparó varios tiros. Sartorius estaba herido de muerte. Ella corrió a su auto y se marchó a La Encalada. El esposo la siguió y en casa se pusieron de acuerdo sobre lo que dirían a la policía. Hay circunstancias no aclaradas hasta hoy. Cómo pudo Sartorius obligar que ella detuviera su auto, la posición del cuerpo de la víctima, las luces encendidas de su auto, y la falta de marcas de sangre o pólvora en la puerta del carro de la alemana. Todo esto fue muy extraño. Es poco creíble que una chica detenga su auto en la noche y en una avenida solitaria si es que no conoce a su interlocutor. Por otro lado, si ella (como declaró a la policía) le disparó cuando se acercó a su auto, el cuerpo de la víctima debía estar lejos del Mini Minor del “conde”, pero estaba muy cerca. Tampoco se puede creer que si disparó desde su auto no quedaran vestigios del disparo ni manchas de sangre en vidrios o carrocería. Los disparos se hicieron fuera de los autos.

Lo que dice la gente

Las habladurías de la gente cuentan que lo que ocurrió en realidad fue que el falso Conde e Ingrid, en el auto del joven Casanova, marcharon hacia el “cinco y medio”, zona conocida por sus moteles de citas a la altura del kilómetro 5.5 de la Carretera Central. Que fueron espiados por un enviado del marido de ella y fue quien le avisó de los pasos de la rubia. Parece ser que cuando llegó Oliveira a la zona de la fuente de soda “Todos” solo pudo divisar a la pareja que se dirigía velozmente a su cita de amor. Por alguna razón, el marido engañado esperó pacientemente el final del encuentro amoroso y los siguió procurando alcanzarlos en una zona descampada. Ese lugar fue frente a los laboratorios “Roche”. Allí disparó al amante de su mujer y a ella la arrastró hasta su auto y en el camino fue maquinando el plan. Ella confesaría su crimen en defensa propia. De no hacerlo les quitaría a sus dos pequeñas hijas, lo dijo de manera desafiante y como amenaza para que Ingrid espiara sus culpas por su infidelidad.

Al final de esta historia Ingrid fue culpada y procesada por este crimen y al terminar su carcelería se fue del país. Se supone que encontró un nuevo amor y destino que le hiciera olvidar su tragedia. Su exesposo (quien debe vivir aún) es posible que se encuentre en el Perú. El exnazi Frederick murió hace muchos años sin que el peso de la justicia se abatiera sobre sus crímenes de guerra. Aún hay mucho que desentrañar del enigmático nazi y de la trágica noche en que murió ‘El Conde’ José Manuel Sartorius.

Frederick Schwend
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