William James Sidis, el hombre más inteligente de la historia: así fue el trágico destino del genio

Desde sus primeros días, su mente brillaba con una luz inigualable, preludio de una vida marcada por la genialidad y la tragedia.


En el bullicioso Nueva York de 1898, nacía un prodigio entre los inmigrantes ucraniano-judíos: William James Sidis. Desde sus primeros días, su mente brillaba con una luz inigualable, preludio de una vida marcada por la genialidad y la tragedia.

Desde la tierna edad de dieciocho meses, Sidis leía las páginas del New York Times, desafiando las expectativas. A los cuatro años, ya escribía relatos en francés, y a los siete, inventaba su propio dialecto. Pero su verdadero asombro llegó a los 10 años, cuando dominaba ocho idiomas y pasaba los exámenes de tercer grado en tres días.

Su ingreso al prestigioso MIT a los 10 años y, un año después, a la Universidad de Harvard, lo convirtieron en el alumno más joven de la historia de esta institución. A los 16 años, se graduó en medicina, demostrando que su intelecto excepcional no conocía límites.

Aunque su coeficiente intelectual nunca se midió formalmente, se estima que alcanzaba entre 250 y 300, hablando cerca de 40 idiomas con perfección, una proeza que lo distinguía como la mente más brillante de todos los tiempos.

William James Sidis, genialidad y tragedia

Sin embargo, la brillante trayectoria de Sidis dio un giro inesperado. Atraído por la matemática superior, abandonó el mundo académico y se sumió en una vida de escritura y filosofía, buscando la tranquilidad que la fama le arrebataba.

La prensa de la época no fue amable con él, perpetuando “la falacia de Sidis”. Incluso, una publicación de 1937 en The New Yorker lo tildaba de “excéntrico fracasado”, desencadenando una histórica batalla legal por invasión a la privacidad.

Sus últimos años estuvieron marcados por la soledad y la huida de la prensa, enamorándose de manera platónica y enfrentándose a una sociedad que no comprendía su singularidad.

Se negó a alistarse en la guerra, declaró su ateísmo y participó en marchas políticas, encontrando un breve respiro en la compañía de Martha Foley, la mujer que le brindó una fugaz felicidad.

La vida de William James Sidis culminó en la tragedia el 17 de julio de 1944, cuando una embolia cerebral lo llevó a la muerte. Entre sus pertenencias, una fotografía: el rostro de Martha Foley, el último suspiro de un hombre cuya inteligencia desafió las barreras de la comprensión humana.

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