Caso ‘Cócteles’: del cuadernón al descargatón

Al cierre de esta edición, nuevos servidores judiciales subían las 89 apelaciones del Caso Cócteles en gigantescos paquetes a la Sala de Apelaciones. El inicio del descongelamiento de estos expedientes ha producido un verdadero cataclismo como el que describe el deshielo de la Era de Hielo 2. Sin alusión al oso, mamut y tigre, la ley de la manada se cumple en la vida cotidiana, en la hora nona se trata de cumplir con el plazo para intentar sobrevivir entre inmensos iceberg documentarios.


Cuando el calendario inexorable marca 40 días desde que el juez Víctor Raúl Zúñiga, a cargo del Cuarto Juzgado de Investigación Preparatoria, informó que había concluido la etapa de control del Caso Cócteles (30/5/23), contra toda lógica, ni siquiera cumple con ejecutar el recurso de amparo favorable al empresario Ricardo Briceño, concedido por la Segunda Sala Penal Constitucional de Lima (24/4/23), que anula la decisión judicial de acusarlo por el delito de lavado de activos, atropellando sin miramientos el derecho de defensa del expresidente de la Confiep.

Y, menos aún, cumple con elevar a la Segunda Sala Penal de Apelaciones, que preside el vocal Iván Quispe Aucca, las 89 apelaciones de Keiko y otros 48 acusados, estas apelaciones presentadas hace diez meses. Si bien hace tres meses (11/4/23) cumplió con tramitar algunas apelaciones (19) “una golondrina así se trate de una tortolita moteada no hace un verano”. Todo indicaría, a juicio de la defensa, que pretendería agilizar al auto de enjuiciamiento como anticipó en las audiencias para quedar bien con su paisano Octavio César Sahuanay Calsín, presidente de la Corte Superior Nacional Penal, que lo anda felicitando y visitando.

El ahijado: La logia de la ocopa

“Cosas de la vida, chico”, como decía Trespatines hace varias décadas. Porque a estas alturas sólo queda recordar que hace más un año, el propio vocal Sahuanay visitó a su paisano Zúñiga para anunciar la “Descargatón Judicial” (27/5/22) escogiendo su juzgado (ver foto). Y de paso, se fue de lengua, o quizá posee las dotes de Nostradamus, porque anunció dos cosas: “en el próximo mes de agosto concluiría el control de acusación y se iniciaría el juicio oral”, que no se cumplió, y de paso descartó de plano el archivo del caso en la fase de control. Un adelanto de opinión, propio de un magistrado con menor experiencia.

Esta irregularidad, de haber encarpetado las apelaciones de la defensa, para que carezcan de sentido por el inicio del juicio oral, debería ser cortada por lo sano por el propio presidente Sahuanay, porque acorde con la campaña del “Descargatón” se encuentra no el principio procesal de la celeridad (artículo de la Ley Orgánica del Poder Judicial), además que entre sus funciones y atribuciones le corresponde: “Cautelar la pronta administración de justicia, así como el cumplimiento de las obligaciones de los magistrados del distrito judicial”.

Tampoco debería olvidar el presidente reelecto de la Sala Penal que su accidentada reelección se debió a una emergencia para superar una crisis y garantizar la transparencia de la corte. Porque en un primer momento fue reemplazado, mediante una resolución oleada y sacramentada del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial (CEPJ) que en aquel entonces presidía la vocal Elvia Barrios por el vocal superior Teófilo Salvador Neyra (3/12/23). Pero una denuncia periodística le bajó la llanta. Se reveló que con la abogada Pilar Ponce, expareja del congresista de Perú Democrático Guillermo Bermejo, asiduo visitante del Vraem, eran padres de una niña.

Curiosamente, uno de los procesos que habían absuelto al parlamentario, se habría llevado a cabo en una sala penal que integraba el vocal Salvador (Expreso 23/12/22). Se adujo, para dorar la píldora, que Salhuanay sólo sería ratificado hasta el 2024 y no dos años como se acostumbra, hasta que el CEPJ concluya con las ratificaciones de los jueces. Además se señaló que la salida de Salvador de la presidencia de la Cuarta Sala Penal de Apelaciones, provocaría el quiebre del proceso del Caso Perseo (se acusa al Movadef de ser parte de Sendero Luminoso).

Quien mal anda, mal acaba

Todo indica que el Cuarto Juzgado ha sido rebasado por sus propios errores. Sucede que el magistrado mistiano tuvo tres pecados originales, que tal como el Pecado de Adán son irremediables y son la causa de sus tribulaciones, porque sin querer queriendo han contribuido a inflar de manera insólita los cuadernos del juzgado que acompañan con las apelaciones a la instancia superior.

Como es ampliamente conocido, el juez Zúñiga se tomó la licencia de aceptar, irregularmente, que la Primera Fiscalía Anticorrupción a cargo de su sachapaisano José Domingo Pérez, también del Misti, subsane la acusación original en 12 oportunidades, con lo que aumentó indiscriminadamente los volúmenes del caso, y así como jugando, se quintuplicaron como la espuma los 15,000 folios iniciales. Se multiplicaron como los panes y peces de la Biblia. Ahora, el tamaño del expediente de requerimiento es inconmensurable.

Además, el juez de control, por si fuera poco, para no proseguir concediendo subsanaciones irregulares adicionales, cuando ya había arribado a la duodécima subsanación, tomó conciencia de la magnitud de este escándalo y autorizó que la fiscal adjunta Paulina Roque, que le había tocado presentar la acusación a los 49 acusados en un solo paquete “Al Guerrazo” ( 8/2/23 ) por cinco delitos: sobre la base de 1,063 testimonios de testigos y 5,936 pruebas, en lugar de haber enviado cada requerimiento acusatorio, por separado, señalando con claridad los elementos de convicción que correspondían, subsane oralmente esta deficiencia.

El cuadernón

Como remedio a la confusión de la generalización de la acusación el juez, volvió a lanzar este salvavidas al Ministerio Público, permitiéndole que realice “oralmente esta individualización de las pruebas en maratónicas jornadas de audiencias de hasta 8 horas. Los frutos de estas largas jornadas de alegatos orales, ahora se han convertido en un problema mayor porque al transcribirse los videos en las actas judiciales, para registrar la individualización de cada prueba, ahora no sólo tiene al titánico trabajo de “traducir” a la fiscalía, sino que estas actas a la vez que se han convertido en faraónicas, al intentar sintetizarlas, no estarían recogiendo el íntegro de los alegatos de la defensa. El remedio peor que la enfermedad.

Tercero, a inicios de año para intentar morigerar el reclamo de las defensas técnicas por el retraso en la elevación de las apelaciones a la instancia superior, reveló que en coordinación con Ingrid Nevado, asesora de Sahuanay, reelecto presidente de la Corte, implementaría un novísimo mecanismo para las apelaciones, “el cuaderno único” o “cuadernón”. Desaguisado que Zúñiga habría estrenado sin éxito en el Caso Orellana donde también permitió que se acusara en un solo “paquete” y pese a que tiene un menor número de procesados, viene trayendo mil y un problemas al tribunal colegiado a cargo del juez Guillermo Huamán.

Lo que no contaba inicialmente Zúñiga es que la formación del famoso “Cuaderno Único” o “Cuadernón” al incorporar parte de las 12 subsanaciones y agregados de la transcripción de las extensas videoactas, tomó magnitudes siderales, ante lo cual, el juez de marras ensayó sobre la marcha una fórmula: en lugar de enviar un solo megacuaderno con todas las apelaciones, tomó la decisión de dividirlo en dos o tres “cuadernazos” para elevar las 89 apelaciones; sin embargo, la Corte Penal de Apelaciones no le atracó el salto, porque se asustaron con el tamaño y con el desorden, devolviéndolos, a la vez que le exigían que cumpla con enviar cada una de las apelaciones en cuadernos separados. Que desarmen a los monstruitos.

Y es así que desde hace algunos días se han venido incorporando una legión de refuerzos para capear el cataclismo del deshielo de las apelaciones y lograr desenmarañar los cuadernazos. Al parecer, la magnitud de los expedientes y la complejidad es tal que, al parecer, los nuevos servidores judiciales tienen que recurrir a los participantes de las audiencias para recordar el tortuoso pasado. No es fácil ensamblar cada prueba con cada acusado en este oceáno de papeles que ha llegado a formar, sin querer queriendo, el juez Zúñiga, por haber sido hipertolerante hasta el abuso con los copia y pega y los añadidos de última hora de la Primera Fiscalía que dirige su paisano characato.
Al cierre de esta nota, el cuarto juzgado volvía a la carga, ya no con tres cuadernazos, sino con cerca de media docena de cuadernotes menos voluminosos. De todos modos, vale la reducción. Pero, los tamaños son extra large, y aún se desconoce cuál será el talante de la Sala de Apelaciones. ¿Llegará a digerir estos presentes? Que si bien no son griegos parecen venir de los vecinos: los faraones egipcios.

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