La justicia de dos velocidades diferentes: las dos caras de la moneda, triste realidad

Para unos se aplica la ley sin contemplaciones, mientras que para otros prima la presunción de inocencia.


Se trata de las aseveraciones categóricas que se encuentra brindando un investigado ante la justicia nacional por distintos casos de corrupción en las altas esferas del poder, y que motivan reacciones diferenciadas y hasta antagónicas de parte del mismo sistema de justicia.

Manifiesto que el sistema de justicia opera a dos velocidades diferentes, dependiendo de quién o quiénes se encuentren de por medio y los intereses que pueden primar sobre el particular.

Hablo de sistemas de justicia que operan de forma paralela y similar, contradiciendo principios que sustentan el estado de derecho e incluso de contenido constitucional, que preconizan la igualdad de las condiciones y las personas frente a la ley.

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Me refiero a la rigurosidad como se aplica la ley sin mayores contemplaciones y privilegios, mientras que para otros, impera prerrogativas de primer orden como la presunción de inocencia, el respeto irrestricto al estado de derecho y todo un abanico de preceptos, mandatos y principios que señalan las leyes y que parece que no se respetan en igualdad de condiciones.

Justicia a la medida

Hablamos de un sistema de justicia que dependiendo quién o quiénes se encuentran involucrados no solo tiene dos velocidades, sino incluso interpretaciones jurídicas antagónicas y hasta disímiles.

Una justicia selectiva y la otra para el común denominador de los ciudadanos, como si las personas no fueran iguales frente la ley y tuvieran que responder bajo las mismas condiciones.

Una delincuencia de cuello o guantes blancos que se ampara en el poder y la función pública, y la otra violenta y callejera a la que hay que aplicarle sin mayores contemplaciones y dudas todo el peso de la ley, en el sentido que el castigo penal tiene que ser ejemplar.

Las dos caras de la moneda

Hablo de una justicia que tiene a la misma vez dos caras, porque para unos casos los procedimientos son rápidos e inmediatos incluso obviando trámites y preceptos, mientras que para otros es larga, aletargada e incluso dubitativa e irresoluta.

Hablo de juicios que pueden durar varios años y en la que los procesados se manejan a sus anchas y antojos, entre indagaciones, investigaciones, acusaciones, controles y constatación de las imputaciones hasta límites insospechables, mientras que para los delitos comunes basta una sola sindicación o indicio de cualquiera para aplicar toda la ley penal con la mayor rigurosidad posible.

La delincuencia con poder

A diferencia de los delincuentes comunes que arrastran todo un estigma y reproche general, incluso se solicita su rehablitación, frente a los cuales en forma reiterativa cada cierto tiempo se modifican las leyes penales como una engañadora solución, en los delitos suscitados en las altas esferas del poder sobre todo respecto a la corrupción política, su tratamiento no solo aparece es diferente sino aparece amañado.

En estos últimos, por lo general priman las comisiones administrativas o de investigación, y siempre priman las sanciones administrativas y los procesos disciplinarios, con sanciones intrascendentes como la suspensión, la amonestación y las llamadas de atención. Hablo del uso del poder frente a la delincuencia vinculada con el manejo de la política como el referente que en última instancia define situaciones.

La amplitud del poder depende de una serie de variables, pues es un instrumento sumamente sutil para manejar conflictos entre la ley y la aplicación del derecho, a tales extremos que frente el abuso del derecho y la corrupción política, muy rara vez se aplica medidas restrictivas de derechos como son aquellas conducentes a privar de la libertad o restringir el tráfico económico.

Defensa privilegiada

La defensa personal, institucional o colectiva en términos sistemáticos como uno de los medios más eficaces para revertir cualquier tipo de acusaciones en contra del poder en las esferas de la gobernabilidad, resulta clave no solo porque se trata de desmentir las acusaciones provenientes de los acusadores, sino porque media una estrategia para manipular a la opinión pública como receptora de las acusaciones.

A diferencia que rara vez un procesado por delitos comunes tiene posibilidades de autodefenderse en los medios de comunicación, en el presente caso esta clase de sindicados siempre tiene a su disposición todos los medios de comunicación para que pueda señalar todo lo que considere pertinente y oportuno sin el última instancia se trata de desmerecer los dichos en su contra.

Dilatar como estrategia

Señalo que el paso del tiempo siempre resulta un factor decisivo que juega a favor de los responsables, sobre todo para esta clase de sindicaciones vinculadas con el mal ejercicio del poder, porque aún cuando se pueda dar lugar a una indagación, investigación, posterior acusación y el propio juicio oral, por lo general pasan varios años hasta que se resuelven, y la coyuntura política suscita que los procesos judiciales se vayan adaptando a cada uno de los acontecimientos políticos como parte del mismo engranaje de impunidad.

Los procesos por gran corrupción adrede duran varios años hasta que se resuelven y si es que se sanciona a los culpables, sin soslayar que siempre existe la posibilidad que el largo camino de la justicia surjan otras estrategias legales relacionadas a los sobreseimientos, excepciones y otros medios de defensa.

Doble justicia operativa

Recalco que existe un doble ritmo o dinámica de la justicia que nunca es ajena a los intereses políticos, sobre todo cuando media corrupción.

Depende de quién o quiénes estén de por medio, y que tanto son importantes los intereses económicos y políticos que median al respecto.

Grupos políticos y económicos van de la misma mano como una fórmula mutua y recíproca que se protege a sí misma, si de lo que se trata es de evadir cualquier posibilidad que implique algún tipo de responsabilidad penal por corrupción y otros graves delitos.

Sutil manejo

Hablo de una sutil y a la vez maquiavélica estrategia de distracción y a la vez de manipulación, no solo para presionar a la misma justicia sino a la opinión pública como último bastión de la seguridad jurídica de una sociedad que vive una profunda crisis moral en todo sentido.

Se buscará por todos los medios posibles que se desentienda de todo lo que se hace público en materia de corrupción, para efectos de que de manera progresiva y metódica vaya perdiendo interés los temas que se develan.

Aparecerán nuevos personajes vinculados que se sumarán a los ya develados, y otra vez se dispondrán nuevas investigaciones unas tras otra como parte de la misma sistemática y problema, con nuevos o antiguos personajes que gozan de una serie de privilegios, pero el panorama seguirá siendo el mismo: una justicia que tiene dos velocidades y que es parte intrínseca del mismo problema que aparenta solucionar.

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