El putinismo, una visión del mundo estructurada

Sienten orgullo del desarrollo desde la caída de la URSS, la modernización y la llegada del capitalismo.

El historiador colombiano Juan Camilo Vergara, que dedicó veinte años en introducirse en Rusia, afirma que este país no tiene una ideología oficial, por la razón que sería costosa tenerla. El llamado putinismo ¿debe contentar a todos?

“Rusia no puede darse el lujo de volver a una estructura como en la época de la Unión Soviética (URSS), porque necesitaría tener unos mecanismos de coerción inmensos para obligar a las élites y al pueblo a someterse a una ideología y a asumir un solo discurso. La Rusia de hoy en día es mucho más débil que la URSS. No tiene esa capacidad. Pero tampoco el putinismo es una doctrina, es una simple visión del mundo estructurada”, expresó.

“Su objetivo –agregó- se resume en que es una tendencia, no solamente en Rusia, sino en la política mundial, una especie del populismo, y lo que llaman algunos filósofos la posverdad, donde ya no importa si somos de izquierda o de derecha, lo que importa es decir lo que se nos ocurra, porque así todo el mundo queda contento. Esto es algo terrible en este mundo contemporáneo”.

El estudioso se pregunta si el putinismo debe ser relativamente rígido para marginalizar a sus rivales y deslegitimar a sus enemigos. Pero también debe ser relativamente flexible para crear unos símbolos, unas parábolas que se usen de ser necesarios para generar cohesión, sin encerrarse en una camisa de fuerza.

“Es flexible y rígido al mismo tiempo. Debe consolidar el consenso popular, es lo único que importa, que todos se reconozcan ser parte del sistema y miren que es algo que se ve en Brasil, en EE.UU., en Turquía o en Venezuela”, sintetizó.

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¿QUÉ SE NECESITA PARA TENER EL CARNÉ DEL PUTINISMO?

Vergara explicó que “lo primero es ser un patriota, una especie de nacionalista ruso. Hay que sentir orgullo del desarrollo de Rusia desde la caída de la URSS, la modernización, la llegada del capitalismo, pero también hay que sentirnos parte de la URSS. En este sentido, volvemos a la frase de Putin: ‘El que no añore la Unión Soviética, no tiene corazón; pero el que quiera revivirla, no tiene cerebro’ ”.

Además, debe criticar el ultra liberalismo de Boris Yeltsin, porque ese es el traumatismo de los años 90, pero sin que esto implique acabar con el capitalismo. “Hay que aceptar una política imperial de Rusia, de injerencia de Rusia, en el extranjero cercano. Y al mismo tiempo criticar el cinismo de la Comunidad Internacional (léase Occidente), manipulada por intereses oscuros bajo una cubierta democrática, idealista, y conspiratoria”, detalló.

Opinó que el putinismo a veces promueve las teorías de conspiración y hay que detestar al mismo tiempo toda idea revolucionaria, las reformas deben ser graduales y seguir su propio ritmo.

“En el putinimo hay nacionalismo, visión conservadora, pero también busca tocar las fibras del sentimiento ruso. Ante ese abanico de ideas, todo se permite. Se toman todos los personajes históricos de Rusia, se mezclan y sale el putinismo, donde muchas ideologías son posibles. Si se tiene nostalgia de la URSS, se tiene orgullo de la Rusia actual y se añora el zarismo, que hace 30 años sería una contradicción insostenible”.

“En las casas de los rusos a veces está la imagen de San Nicolás II, Stalin, Lenin y Gagarin. La ortodoxia debe ser la religión de Estado, pero otros dicen que Rusia es un país secular, porque es multiconfesional; debe defender el dominio del pueblo ruso sobre las otras naciones de la Federación; otros dirán que es multicultural. La idea es cómo ven que la mayoría estén contentos”, pormenorizó.

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IMÁGENES BIEN MONTADAS 

De otro lado, el académico aseguró que quién desarrolla está política de imágenes y mensajes es el Kremlin, que fabrica una imagen de Putin como el único que puede darle cohesión a todo esto.

“Así como Putin domina este país, hay sectores de Rusia que también dominan a Putin. Se va creando una imagen de Putin como hombre fuerte, porque si Putin es fuerte, Rusia es fuerte. Hay que ver las imágenes muy bien pensadas y que bombardean las redes sociales: Putin todos los días se levanta y hace pesas, no es extraño, es deportista, la idea es ‘soy fuerte y estoy en forma’. Después, Putin hace judo y no es del todo falso, es campeón nacional de judo, recuerden lo que aspiraban los rusos en los 90, aspiraban a la fuerza, el orden y el control. Putin es la imagen que los rusos quieren ver en su presidente. No quieren ver un Yeltsin que viaja a los EE.UU. y lo tienen que sostener para bajar del avión, porque se ha tomado una botella de vodka. Esa no es la imagen que los rusos quieren proyectar de sí mismos”, explicó.

PERCEPCIÓN

Asimismo, se ve a Putin en el río y empieza a hacer rufting, hasta tiene heridas, como si el presidente de la Federación Rusa pueda darse el lujo de estar en estos temas. Después con sus propias manos pesca un salmón, y se coloca camisas ajustadas para mostrar sus músculos.

REPRESENTACIÓN

“Tiene imagen de vida sana, debe ser vegetariano, sensible a la religión y a la cultura. Va a misa y asiste al teatro. Muy efectivo en la política rusa y a nivel mundial. Y ha ganado adeptos fuera de Rusia, entonces el Kremlin, además de proyectar una imagen, funciona como la caja negra de un avión, va recibiendo información de los sectores de influencia de Rusia, recoge la información con las peticiones, las convierte en doctrina y después, a veces, las abandona”, sostuvo Vergara.

Por Ricardo Sánchez Serra

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