Senegal: Economía crece con pocos beneficios sociales
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Senegal, una de las democracias más estables de África, celebra este domingo elecciones presidenciales en el contexto de un gran crecimiento económico que no se traduce necesariamente en un mejor bienestar social.

Durante los siete años de mandato del presidente saliente, Macky Sall, que busca la reelección, la economía de este país de África occidental ha experimentado un gran avance.

El producto interior bruto (PIB) creció en 2017 más de un siete por ciento, uno de los incrementos más altos de la región.

«Somos un país con un avance macroeconómico con unos índices excelentes», explicó a Efe Meïssa Babou, economista y profesor en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar.

Ese crecimiento presenta un balance muy positivo para Sall, que defiende su mandato haciendo alusión a esa mejora, así como a la construcción de infraestructuras.

Sin embargo, «por desgracia, sobre el plano social este crecimiento económico no es visible. La economía senegalesa no está muy equilibrada», advierte el economista.

Ese progreso se debe a grandes empresas de servicios, bancos, agencias de seguros, comercio y algunas industrias extractivas, como el cemento.

«Es un crecimiento que no produce empleo. Estas grandes empresas ya casi han terminado de crecer y no tienen necesidad de seguir contratando y, como son capitales extranjeros que no nos pertenecen, en lugar de reinvertirse en el país son expatriados», explica Babou.

Para los senegaleses, ese pregonado crecimiento económico no se percibe en su vida cotidiana, en la que productos básicos como el arroz son importados del extranjero.

En 2017, Senegal exportó por valor de 3.590 millones de dólares e importó por 7.890 millones de dólares, resultando un saldo comercial negativo de 4.300 millones de dólares, según el Observatorio de la Complejidad Económica (OEC, por sus siglas en inglés).

El arroz representaba el 5,6 % de sus importaciones, situándose en el tercer puesto de los productos importados, tras el petróleo refinado y el crudo, según esta misma fuente.

Según Babou, la base de la economía senegalesa debería de ser la pesca, debido a sus más de 500 kilómetros de costa, y la agricultura, porque el país es en un 70 % rural.

Pero la ausencia de inversión en ambos sectores, subraya, reflejan «un problema de orientación de la política del Gobierno».

Para él, lo «esencial» es «garantizar la autosuficiencia alimentaria» y que haya una política pesquera que permita reemplazar la pesca artesanal por una moderna.

«Aún pescamos en piraguas y no tenemos la capacidad de explotar el mar, así que se han firmado acuerdos con la Unión Europa que coge lo esencial de nuestro pescado», critica.

Según el OEC, casi un 15 % de las exportaciones de Senegal son pescado, moluscos y crustáceos.

Durante sus siete años de mandato, Sall se ha centrado también en su Plan de un Senegal Emergente (PSE) por el que pretende lograr «un nuevo modelo de desarrollo para acelerar su camino hacia la emergencia».

En este plan se hace alusión a la estabilidad constitucional, la modernización de la democracia, la eficiencia y eficacia de las instituciones estatales o a la industrialización.

«El problema de fondo es que no hay una estrategia de industrialización. Sí, está escrito en el Plan de Emergencia de Macky Sall, pero sólo son palabras, no es real», advierte el economista, al añadir que ahí fracasaron gobiernos anteriores.

Las infraestructuras realizadas en los últimos años, remarca el experto, no resuelven cuestiones esenciales como la educación, la salud o el agua potable.

Durante el gobierno de Sall se han firmado también licencias de explotación del petróleo y gas hallados en aguas senegalesas.

Aunque los ciudadanos esperan una mejora de la calidad de vida cuando se exploten esos recursos, los analistas señalan que los contratos firmados con las compañías extranjeras no convienen a Senegal.

En enero pasado, el ministro senegalés de Petróleo, Thierno Alassane Sall, dimitió tras negarse a firmar un contrato con la empresa francesa Total al considerar que no beneficia a Senegal.

Las dificultades de la sociedad senegalesa en su vida cotidiana se traducen también en una migración irregular entre los jóvenes que no encuentran un empleo en su país.

Según el Banco Mundial (BM), la tasa de desempleo era en 2017 en Senegal del 4,84 %, pero Babou asegura que esa cifra no representa la realidad y que uno de cada dos jóvenes senegaleses no tiene trabajo.

«La migración irregular – apunta el economista – es consecuencia de las malas políticas que aplicamos aquí, bajo la responsabilidad de los europeos, principalmente Francia. En Senegal se dice ‘Barça o Barzakh‘, Barcelona o la muerte – en el idioma wolof -, pero no quedarse para no hacer nada. Los jóvenes están desesperados».

(María Rodríguez– EFE)

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