Este año, el día del periodista fue celebrado en el país virtualmente, a través del internet, utilizando diversas plataformas que la tecnología moderna nos suele ofrecer. Atrás quedaron, sólo para el recuerdo, los tradicionales festejos que los periodistas acostumbraban realizar. El 1 de octubre fue oficializado como Día del Periodista en 1953, durante el gobierno del general Manuel A. Odría.

La fecha fue escogida en recuerdo al 1 de octubre de 1790 en que Jaime Bausate y Meza (Francisco Cabello y Mesa, su nombre real) fundara el “Diario de Lima”, primera publicación periodística de publicación regular en el país.

La historia del periodismo y de los periodistas está jalonada de riesgos y actos de valor en defensa del sagrado derecho de las personas a estar bien informadas. Muchos han pagado con sus vidas al tratar de enfrentar las fuerzas oscuras que nunca faltaron en nuestra historia. Los periodistas hicieron suyo esa especie de consigna de vida que solo la verdad nos hará libres.

Ahora vivimos tiempos difíciles. El Covid-19 ha terminado por transformar nuestros hábitos y costumbres aquí y en todo el mundo. En este nuevo escenario, el periodismo ha tenido también que modificar sus propios conceptos para adecuar a una nueva realidad sus prácticas de hacer periodismo. Y los periodistas tuvieron que verse obligados a cambiar las formas de obtener la noticia para trasladarla a sus públicos con la corrección necesaria. Incluso los organismos que los representan tuvieron que alertar, permanentemente, de los peligros que deberían enfrenar en el terreno de la información, además del virus que resultó ser muy letal, como nunca antes lo habíamos experimentado.

Lo primero que debieron hacer unos y otros fue llamar la atención acerca de los nuevos giros en el lenguaje que deberían utilizar en el trabajo diario. Ya nada era fácil. Todo se presentaba incierto y confuso. Había que tener mucho cuidado. Incluso para los periodistas más experimentados, las nuevas coberturas de salud se presentaban sumamente exigentes, para evitar inexactitudes o ligerezas al momento de lanzar sus mensajes.

El coronavirus tuvo pues sus efectos en todo orden de cosas y el periodismo no fue la excepción. La credibilidad de las noticias cayó y los medios, sobre todo impresos, se vieron golpeados con fuerza y afectados en sus ingresos, por lo que, casi todos ellos, tuvieron que migrar a plataformas digitales, tal como lo señaló, a poco de iniciarse la pandemia en la China, una investigación del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, de la Universidad de Oxford en Inglaterra. Allí se decía, por ejemplo, que el 56% se confesaba preocupada por distinguir las noticias ciertas o de las falsas en internet, drama con la que tendría que enfrentar las buenas prácticas del periodismo.

En este marco no había que pensar más en celebraciones como tradicionalmente solía hacerse. Otras urgencias del día a día obligaron a reuniones virtuales quizás menos emotivas o alegres que otras épocas. Los discursos se sucedieron a través del servicio del zoom por internet, muy en boga en los tiempos actuales y se redujo a plataformas virtuales de uso masivo. Ha sido una experiencia distinta, obligada a solitarios reconocimientos institucionales. Los periodistas celebraron así su día bajo nuevos rigores. A todos ellos nuestra gratitud por mantenernos informados, pese a la adversidad. Cuidando siempre de no convertir al periodismo en el “más vil de los oficios”. Un abrazo por su día, aunque sea tardío.

Juez supremo