Dijeron representar “el cambio”, que serían un gobierno del pueblo y para el pueblo y siendo que ganaron las Elecciones se hace necesario examinar estos primeros cien días de gestión de Pedro Castillo, los pros y contras.

Entre los primeros rescatamos la continuidad en la vacunación, no se prescindió del expertise de brigadas y funcionarios del Ministerio de Salud, se actuó con criterio técnico y no político de acuerdo a la exigencia de una crisis sanitaria. Asimismo se resalta las ratificaciones de Julio Velarde en el BCRP y de Enrique Vera en la Sunat.

La remoción en la presidencia del Consejo de Ministros de un político beligerante, sin haber desempeñado cargo público y que entre otras cosas en los sesenta días de gestión ni siquiera pudo designar un sólo jefe de gabinete de asesores en la PCM, ¿es que no había cuadros o los propuestos no reunían los requerimientos de ley? Vemos positiva la designación de su reemplazo, la expresidenta del Congreso Mirtha Vásquez, política de izquierda moderada, y de Óscar Maúrtua, diplomático de carrera en Relaciones Exteriores.

Pero por encima de todo, seguimos siendo un “Estado Constitucional de Derecho”, en donde se respetan las libertades, hay que reconocerlo.

Y entre los segundos, los contras, están el debilitamiento del aparato estatal, poniendo en manos de personajes cuestionados y sin experiencia en gestión pública, el manejo de los recursos públicos, salvo honradas excepciones; el ineficaz manejo de las crisis políticas, falta de transparencia de los actos de gobierno, un presidente de la República que solo se manifiesta lacónicamente a través del Twitter, con alta resistencia a dar entrevistas. Inéditamente, en sólo cien días dos gabinetes ministeriales y dos cambios en los altos mandos de las Fuerzas Armadas.

También se percibe una manifiesta voluntad de ir en sentido contrario a Reformas de Estado (CONTRARREFORMA) en materia de Educación y Transporte Público, basta remitirnos a los anuncios de los titulares de dichos sectores como el nombramiento directo de docentes contratados (de espaldas a la meritocracia) y el extender autorizaciones de ruta a combis y cústeres por diez años en Lima y Callao, entre otros.

Finalmente y lo más delicado, no hay “Visión de País”, no se nos ha dicho en este tiempo ¿a dónde se quiere llegar en cinco años? Y encima pareciera haberse adoptado aquello de “ensayo y error” o “prueba y error”, con decisiones de gestión o nombramientos cuestionados con los que “patinan” y que posteriormente corrigen. ¿Acaso el jefe del Estado ve esto como fortaleza? ¿Que, porque es receptivo a la crítica, enmienda? No, no lo es, Sr. Presidente, al contrario, es muestra de improvisación, de incapacidad para gobernar y además hace ver a sus gobernados, como “conejillos de indias”, con los que puede experimentar, misma filosofía de “echando a perder se aprende”.

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