Escribir resulta cada vez más difícil. Se trata de una tarea cada vez más ardua y, en el peor de los casos, insostenible. Antes bastaba con tajar un lápiz y ponerse a ello. No era tan complicado, después de todo. Ahora se necesita el ordenador, un póster de Rimbaud al lado, cierta vida bohemia y algunos estimulantes. E incluso así, nos hemos agotado en las cinco primeras líneas de una nouvelle que anhelamos terminar (a este respecto quizá habría que agregar que el escritor de hoy, el escritor de nuestra era, lucha contra algo nuevo: la distracción provocada por las redes sociales). Paulo César Peña ha optado por el camino fácil: tomar el lápiz y escribir.

Lo demás es un producto, una consecuencia, un hijo, un tributo. Nos referimos a 1945: Jorge Eduardo Eielson, vida y canción en Lima (Paracaídas, 2015). En lo que concierne al autor podemos decir que este ensayo no es el libro que el orden de su futura bibliografía le demandará, pero sí se puede afirmar que nos ha entregado el libro que él estaba obligado a escribir.

Hay que decir que todo esto es el fruto de una obsesión del autor hacia Jorge Eduardo Eielson (como lo son casi todos los buenos libros: obsesiones materializadas). El contexto del libro resulta bastante simple de explicar: Peña nos acerca al Eielson que habitó en Lima durante 1945. No hay otra manera de resumirlo. El resto es literatura.

Aquí encontramos una armónica mezcla de ensayo, crónica y poesía, donde además se muestra el lado agresivo de Eielson. Las fotos del autor de Habitación en Roma lo intentarán desmentir, los estudiosos de la obra de este poeta no lo querrán creer, sus dispersos lectores no lo podrán asimilar; sin embargo, el Eielson que aquí vemos está escupiendo sobre la indigesta poesía de José Santos Chocano y proponiendo a José María Eguren y César Vallejo —a quienes sí digiere— como parte del nuevo canon.
Canon. La palabra sagrada.

El análisis que realiza Peña se pone interesante cuando (desde una mirada que se aferra a la objetividad y que, por lo tanto, no pretende juzgar) nos describe al «trinomio» conformado por Jorge Eduardo Eielson, Sebastián Salazar Bondy y Javier Sologuren. La disección efectuada sobre Eielson (hecha con base en una erudita documentación invisible, una vasta documentación que parece estar muy bien camuflada en cada línea de este libro) nos permitirá verlo tomando posiciones de poder.