También modificando a su antojo el plano cultural de la Lima de ese entonces y disparando desde su tribuna en La Prensa. Eielson articulista, Eielson crítico, Eielson bien contactado, Eielson cuchillo. (Y luego del sesudo estudio, se incluyen también algunos de sus artículos nunca antes publicados. Esto resulta un lujo al lado de las prosas poéticas salpicadas a lo largo del análisis y que son, sin el menor atisbo de duda, lo mejor del libro).

Una cosa que podemos advertir es que Peña utiliza a Eielson como excusa para hablar de sí mismo. Algo similar hace Eielson, quien, en algunos pasajes, pareciera habitar al autor. Así, objeto de estudio e investigador llegan en muchos momentos a ser una misma persona. Las fronteras se diluyen o se vuelven difusas o simplemente no existen más. ¿Quién es el autor de este ensayo? ¿Quién es Jorge Eduardo Eielson?

Han pasado 75 años desde la época retratada por el autor. Durante este periodo se ha escrito bastante sobre Jorge Eduardo Eielson (y se sigue escribiendo, qué duda cabe), pero Peña puede vanagloriarse de algo: salvo él, nadie lo había hecho con estilo.

Estilo. Pocos lo tienen. Francisco Umbral lo tuvo, William Gaddis lo perdió, a Jorge Luis Borges se lo hurtaron, a Paulo César Peña le sobra. 1945 es un híbrido compuesto por 45 prosas que narran, analizan, describen, informan, iluminan, edifican y poetizan el tránsito de Eielson durante ese año. Es un tránsito que observador y observado van a recorrer juntos sobre una Lima con ínfulas de París. Peña atisba todo con ojos de 1945, y, en consecuencia, todo lo va a describir. Es el año en que Eielson irrumpe en el circuito cultural limeño (del cual se apodera), llegando a su punto más alto con la corona de laureles que significó ganar el Premio Nacional de Poesía.

Escribir no es otra cosa que desnudarse. La cantidad de literatura que contiene un texto es directamente proporcional a lo que el autor nos ha dejado husmear de su persona. De andar quitándose la ropa o despellejándose mostrando las vísceras va esto que se llama escribir o juntar palabras (hay mucha artesanía en este oficio, más de la que uno se podría imaginar). El final de este rarísimo libro golpea al lector y lo llena una tristeza necesaria. Uno lo termina de leer y siente (porque se ha sentido a Eielson) que la literatura era esto.