Carlos Oquendo de Amat (1905-1936) fue un poeta puneño que significó mucho para la literatura peruana. Su poesía, sin duda, está inserta en el movimiento vanguardista, a pesar de que publicó un solo poemario en 1927: 5 metros de poemas. Tal como indica su nombre, se trató de un texto donde predomina lo visual y donde, además, físicamente, se estructura de manera horizontal, como una extensa sábana que se desdobla a manera de un libro acordeón. El poemario, al inicio, da una clara indicación sobre ello: “Abra el libro como quien pela una fruta”.

El libro reúne 18 poemas, muchos de ellos bajo la forma de caligramas, lo que es propio del vanguardismo. Su fuerza visual es evidente. Sin embargo, hay mucho más que ello. Existen poemas que abordan los sentimientos, como aquel que es importante rescatar en estas fechas. Quienes están cerca de la literatura seguramente lo conocen. Para quienes no han explorado la poesía de Carlos Oquendo de Amat, es importante mostrarlo, ya que es un homenaje, precisamente, a quien se dirige: Madre.

“Tu nombre viene lento como las músicas humildes / y de tus manos vuelan palomas blancas / Mi recuerdo te viste siempre de blanco / como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante / Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura /A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso / Entre ti y el horizonte /mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos /Porque ante ti callan las rosas y la canción”.

A lo largo de los nueve versos, la figura de la madre para Oquendo de Amat representa la fuerza y el orden de todo lo que rodea. Asimismo, el afecto y amor que emana es permanente y traspasa fronteras. Se evidencia una totalidad que gira en torno a ella. Va más allá de la conducta humana, de los sentimientos, de los recuerdos y de la vida misma. Por esas razones es que días como estos se vuelven espacios de unidad, espacios que permiten reunir a todos, a pesar de las dificultades. En estos días pandémicos ellas están con nosotros, incluso aunque se hayan ido, aunque hayan partido en estos tiempos de angustia. Sin embargo, esa partida es también un reencuentro con quienes la recuerdan, porque como escribe Carlos Oquendo de Amat: “Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura”.