Estrés y corazón; mala combinación (I)

Estrés y corazón; mala combinación (I)

“…no le temes ni a la muerte, corazón valiente…” (Los Kjarkas)
Bonita letra de los Kjarkas, pero sí debería temerle a la muerte, corazón, y hacer algo por controlar o manejar el estrés, corazón.
Cesáreo Fernández Alonso, médico del servicio de urgencias del Hospital Clínico San Carlos, Madrid, nos dice mucho al respecto. Hago un resumen muy acotado de sus importantes opiniones.
El estrés está ligado al ser humano desde su origen, por su relación vital en la lucha por su supervivencia.
El estrés puede ser bueno (eustrés) o malo (distrés).
El término estrés proviene del griego stringere, que significa ‘provocar tensión’. Es la respuesta del organismo, de índole física y/o emocional, a toda demanda de cambio real o imaginario que produce adaptación y/o tensión.
En 1935, Hans Selye (pionero del estudio del estrés), lo definió como la respuesta fisiológica, psicológica y de comportamiento de un sujeto que busca adaptarse y reajustarse a presiones tanto internas como externas, respuesta altamente compleja e implica principalmente al sistema nervioso y al endocrino (hormonas del estrés como la adrenalina, cortisol y otras).

De esta manera, el organismo se prepara para la lucha o para la huida: concentra sus energías en el cerebro, el corazón y los músculos en detrimento de los demás órganos. Se elevan la glucosa, leucocitos, hematíes y plaquetas en sangre, hay aumento de la frecuencia cardiaca e incremento de la fuerza de contracción del músculo cardiaco y de la respiración, así como mayor dilatación de los vasos coronarios y de los músculos esqueléticos. Se produce mayor constricción de vasos de los otros órganos (digestivos, riñón, bazo…), relajación de la vejiga, dilatación de las pupilas y aumento de la sudoración.
El estrés es considerado como disparador de numerosas enfermedades cardiovasculares en individuos susceptibles: miocárdica (angina de pecho, infarto sintomático o asintomático). También se asocia a hipertensión arterial y a arritmias malignas. A su vez, potencia el resto de los factores de riesgo cardiovascular.
En el próximo artículo veremos cómo el esfuerzo físico, condiciones sociales o situaciones laborales están vinculados con la generación del estrés, y ello implica riesgos al corazón.
El estrés obliga al corazón a trabajar más intensamente, la sangre se espesa y las arterias se vuelven menos reactivas o elásticas, acumulando sustancias nocivas en su pared.
(*) Abogado en derecho de la empresa y co-fundador de Pulso Corporación Médica.

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