Este año, el 8 de octubre, en el que se conmemora el 141 aniversario del combate de Angamos, paso como un día más. Totalmente desapercibido. Allí donde tradicionalmente era considerado feriado en recuerdo y homenaje a lo que significó el ejemplo del almirante Grau, el Gobierno consideró convertirlo en laborable, bajo el argumento de que “en el marco del proceso de reactivación económica, dejar sin efecto el feriado nacional del día jueves 8 de octubre del presente año, toda vez que un día laborable menos por feriado, donde la producción opera por debajo de su capacidad potencial, resta al crecimiento de la actividad económica”. ¿Un día?

¿Qué solía ocurrir en una fecha como el 8 de octubre? Algo parecido a una fiesta patriótica nacional en que se rendía homenaje a nuestra Marina de Guerra del Perú, por lo que significó la proeza de nuestro héroe don Miguel Grau Seminario al mando del histórico monitor “Huáscar”, durante la infausta guerra con Chile. Una fecha en la que hacíamos un alto para reflexionar sobre el legado de nuestros héroes, que entregaron sus vidas en defensa de la soberanía nacional. Era ocasión para recordar los más altos valores de responsabilidad, lealtad y amor a la patria.
Esta vez, el homenaje se limitó a un recuerdo virtual debido a la pandemia que nos toca enfrentar. El propio mensaje del jefe de Estado en el Callao debió pasar inadvertido, seguramente por lo ocupada que estaba la población en el día laborable.

El almirante Grau fue el héroe reconocido por propios y extraños como el hombre que demostró arrojo, valentía, y mucha calidad humana incluso con el enemigo aún en los momentos de mayor fragor del combate. En todos los aspectos, fue un hombre honesto y un caballero; es decir, un ejemplo para las generaciones. Se ha escrito mucho sobre el héroe naval. Se ha investigado en todas sus facetas, como marino, como ciudadano, como demócrata. No olvidemos que fue también diputado por Piura en el Congreso de la República. En 1875, ya siendo un reconocido oficial de Marina, fue elegido como representante por la provincia de Paita, como miembro del Partido Civil. De su paso por el Parlamento está allí, de manera simbólica, la curul vitalicia de Grau que es un escaño perpetuo que se encuentra en el hemiciclo de sesiones parlamentarias del Congreso de la República.

Grau representa para la Marina de Guerra del Perú el más alto valor de dignidad, lo que los hace indesligables. Como diría el notable historiador José Agustín de la Puente Candamo, no se puede estudiar a Grau sin su relación con su institución naval. “Es un hombre que ‘respira sal’. Es un hombre ‘náutico’”, precisaría. Y este perfil fue destacado por todos, empezando por la prensa internacional de la época. En una publicación de 1879 el Times se refería al Huáscar como “un barco histórico, que figura en todos los combates navales en el curso de la guerra; ha bombardeado las poblaciones de los chilenos (solamente aquellas fortificadas), perseguido y capturado sus buques transportes y ha sido por varios meses el terror de la costa chilena. Al mando de un hábil y valiente oficial y tripulado por hombres excelentes, el Huáscar ha sido siempre un formidable adversario”.

Lo propio refiere el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackena al señalar que “las frecuentes, atrevidas y sobre todo impunes excursiones del ‘Huáscar’ en las costas de Chile comenzaban a producir en el ánimo del país un sentimiento de rubor parecido al de la estupefacción, y en el cerebro de sus mandatarios una emoción semejante al vértigo”. Viniendo esta expresión de un intelectual chileno, nos debemos sentirnos orgullosos de la valía de Miguel Grau, y parafraseándolo, debemos decir con él, ante la crisis que vivimos, “En este PERÚ nadie se rinde”.

Juez supremo