Es preocupante lo ilusos que pueden llegar a ser algunos congresistas de la oposición al pensar que Pedro Castillo renunciará a su propuesta de cambiar la Constitución a través de la instalación de una Asamblea Constituyente. Cuando se publique esta columna, ya Castillo, en su primer mensaje como presidente electo, habrá reiterado lo mismo que viene diciendo durante toda la campaña electoral: eso de la Constitución con “olor, color y sabor a pueblo”. Y, si no lo hace hoy, lo hará en los siguientes días. No tendría tampoco por qué dejar de lado el ideario radical estatista que lo llevó -con trampa en la mesa- hasta Palacio de Gobierno. Los torpes caviares que intentan blanquear al profesor rural no tendrán éxito, pues él sabe que sin Perú Libre; es decir, sin Vladimir Cerrón no hubiese sido presidente. Fue Cerrón, como contó el congresista Guido Bellido, quien le puso el sombrero en la cabeza y el lápiz en la mano. El chotano le debe mucho. Es por ello que, en los últimos días, hemos visto cómo el “portero” está más presente que nunca en la transferencia de gobierno, demostrando que él es quien corta el jamón.
Si algo podemos destacar de Vladimir Cerrón es que ha sido sincero desde siempre: públicamente ha dicho que quiere instalar una dictadura castrochavista. Él es un agente cubano y con mucha honra. En el reciente cónclave de su partido, reiteró que su objetivo, una vez alcanzado el poder, es no soltarlo. Y para ello es que necesita una Constitución a su medida. Pedro Castillo es, por tanto, solo una marioneta que será útil hasta que Cerrón pueda tomar Palacio de Gobierno. Mientras tanto, el sentenciado por corrupto será el poder detrás del trono.
Cerrón no ha engañado a nadie. Son, más bien, los “dignos” antifujimoristas, que votaron por el candidato del lápiz esperando que no haga lo que prometió en campaña, los que se han dejado engañar por los caviares que ven a Castillo como un Ollanta Humala 2. En la asunción del profesor también ayudaron mucho ciertos periodistas que se pusieron el sombrero bajo la excusa de que son “neutrales”. Ningún periodista independiente podría haber respaldado la propuesta de Pedro Castillo (¡en el ideario de PL dice explícitamente que van a limitar la libertad de expresión y cerrar medios de comunicación!), a menos que busquen ser parte de la prensa oficialista y vivir de la publicidad estatal. En ese caso, colegas, ustedes no son periodistas, sino relacionistas públicos de Castillo. O, en cristiano, lamepatas.
Solo esperando lo peor podremos hacerle frente a la satrapía comunista que llega para quedarse. Si Pedro Castillo intenta cambiar la Constitución, pasando por encima del Congreso por intermedio de un referéndum, estará cometiendo un golpe de Estado y tendrá, por consiguiente, que ser vacado. En tanto, nos toca respaldar la iniciativa de reforma constitucional de Lucas Ghersi -que sí pasará por el Parlamento- para que la Carta Magna diga que no se puede instalar ninguna Asamblea Constituyente. Y, si Castillo insiste en querer quebrar el orden democrático, estoy seguro de que más de la mitad de peruanos -amparados en su derecho a la insurgencia- tomará las calles para botarlo a patadas de la ‘Casa de Pizarro’. Que tengan miedo los comunistas; nosotros, no.

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