Apreciados colegas:

El camino de la vida de toda persona va construyéndose sobre la marcha, a medida que va sorteando dificultades; cada uno avanza adquiriendo conciencia de que, sin el apoyo incondicional de almas nobles, la meta yacería tan ensombrecida que antes vagaríamos en círculos que conseguir mantenernos en el recto andar. La nobleza de nuestros acompañantes no solo nos orienta en dirección de la meta, sino que nos ofrece el aliento para creer en nosotros mismos, como un acto reflejo de la confianza que vemos en los ojos de quienes, por trechos más o menos fatigosos, se convierten casi en arrieros de nuestro destino. La amistad es, sin duda, la clave de una vida sana y llevadera. Reitero, sin cansancio, mi amistad y buena voluntad para todos ustedes.

Es momento de meditar acerca del sentido profundo de nuestra sagrada ciencia. Todos los que por vocación hemos elegido transitar el arduo camino del Derecho sabemos que lo que nos define es la persecución incansable de la justicia, pilar fundamental de la vida que hemos jurado defender con nuestras vidas.

No profundizaré en conceptos filosóficos; vengo a compartir lo que he aprendido de personas como ustedes, honorables colegas, que tienen en mi persona, tan solo un portador de sus enseñanzas. Deseo abordar a la justicia como tal. Solo que, en esta oportunidad, en su modalidad Electoral. Según nuestra Carta Magna, todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político. Sin embargo, es de vital importancia, proteger la legitimidad de dicha participación, cuidando con nuestra vida la legalidad del ejercicio del sufragio y de la realización de los procesos electorales, del referéndum y de otras consultas populares.

Platón entendía a la justicia como una virtud dedicada a que cada cosa cumpliera, de la mejor manera posible, su propia función en el mundo. El ejercicio del Derecho requiere de amor a la justicia y a la ley, pero nadie ama lo que no conoce y, conocer es más que ser mero testigo, es adentrarse en una relación, comprometerse con una causa y entender que parte fundamental de nuestra vida debe consistir en pensar disciplinadamente en la medida en que este compromiso adquiere carácter en nuestras prácticas.

Nosotros debemos afrontar el histórico llamado de la justicia sin temor a la persecución ni a la calumnia, que nuestro buen nombre no se hipoteque al chantaje de quienes maquinan un mundo de mentiras y agravios, que la venganza de nuestros enemigos sea la confirmación más explícita de nuestra honestidad.

Colegas, comparto con ustedes, mi postulación para ser vuestro representante ante el Pleno del Jurado Nacional de Elecciones y cumplir con responsabilidad en el encargo que la Constitución Política del Perú le asigna a nuestra orden. Mi anhelo es caminar juntos por la vida con la frente en alto y saber que en nuestras manos sangran las heridas de la más antigua de las batallas, la lucha sin cuartel entre el bien y el mal, entre la verdad y la calumnia, entre la justicia y la injusticia, que ganaremos porque sabemos que nuestro cuartel es el bien, nuestra espada la verdad y nuestro escudo nada menos que la rígida balanza de la diosa ciega, la Justicia.