A finales del 2019 recibimos la noticia de la aparición de un virus letal que desataba una enfermedad nunca vista: la covid-19; la noticia -estoy seguro- impactó más a las madres que a todos nosotros, surgió de inmediato el instinto maternal de preocupación de que a los suyos no les pase nada, aquello tan natural y sublime, propio de cada madre de este mundo. Esta pandemia nos ha llevado a un terreno peligroso e inexplorado y el planeta entero se encuentra en ese nuevo y aterrador lugar; las madres no dejan de pensar en cómo proteger a los suyos de la plaga antes que en cualquier otra cosa; el tiempo transcurre y aún no logramos salir de esta situación, son millones las vidas perdidas, y sumado a ello tenemos al colapso económico, las divisiones políticas y todas las crisis que nos agobian. En este tiempo vemos cómo las madres hacen frente a la pandemia y a toda crisis que se les presente, sin abrumarse ni desesperarse, de una manera simple pero poderosa, sencillamente pensando y actuando maternalmente; dejo en claro que la maternidad no es simplemente el proceso orgánico de dar a luz, es -en realidad- comprender las necesidades del mundo.

Observemos a las mamás y su forma de hacer frente a cualquier obstáculo, por ejemplo: la desigualdad y la violencia; ellas son capaces de plantar una semilla, una semilla diferente que cultivarán y harán que crezca, incluso en medio de cualquier crisis; a lo largo de la historia la mujer ha sido víctima de crueles e inhumanos maltratos, ahora persisten la violencia doméstica y el feminicidio; a pesar de todo, ellas siguen creyendo en un futuro mejor y no dudan en construirlo a pesar de las adversidades; son las madres quienes verdaderamente practican la justicia social, actúan en el presente con la idea de un brillante porvenir; son ellas quienes hacen posible lo imposible. Las madres usan su sexto sentido para predecir algunas cosas, a lo que solemos responder con sarcasmo; ellas están preparadas para lidiar con el sufrimiento, hasta pueden ver las vicisitudes y transmitir tranquilidad frente a ellas.

Tenemos, como humanidad, temas pendientes: poner fin a la violencia contra la mujer, que la guerra sea cosa del pasado, vivir en equilibrio con la naturaleza y asegurar que a nadie la falte nada para prosperar; las madres tienen un rol preponderante en dichas tareas, ellas son capaces de caminar durante días cargando a sus hijos en busca de agua y comida; así como ellas, hay otras madres que acuden en su auxilio, a pesar de sus carencias o limitaciones, sintiéndose identificadas como la solución y tomando acción. Una madre toma decisiones todo el tiempo sobre sus hijos: su atención médica, su educación, su bienestar emocional; ella sabe lo que su hijo necesita y despliega todo su esfuerzo para proporcionarle todo, hasta lo que no está dentro de sus posibilidades; una madre ven al mundo de una manera distinta, ellas sienten un amor natural por toda la humanidad. El eje del pensamiento y de la acción de una madre es el amor; debemos entender el amor no solo como una emoción, sino como un verbo, un recurso infinitamente renovable y que en ellas es inagotable; pensar y actuar como una madre es saber priorizar las necesidades de muchos sobre los caprichos de pocos.

Muy a nuestro pesar, no todas las madres piensan como una madre; algunas toman decisiones equivocadas, se esconden detrás de sus privilegios, alimentan la discriminación; no todas las madres son un modelo para seguir, pero todas tienen la posibilidad de elegir la opción de salvar el mundo y aliviar el sufrimiento. ¡Pensemos y actuemos como una madre! Pensar y actuar como ellas es la única herramienta que todos podemos utilizar para construir el mundo que realmente queremos.

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