Hace poco más de diez años me encontraba trabajando en una compañía trasnacional, éramos cerca de tres mil trabajadores y la plana gerencial vigente se preocupaba mucho por generar un ambiente laboral bastante agradable. Teníamos durante el año muchas actividades de integración y los campeonatos de fútbol eran los más promocionados entre los trabajadores. En una oportunidad, la persona encargada de ver los uniformes para el campeonato quiso buscar nuevas opciones; recuerdo mucho la cara de alegría que tenía porque había logrado mejorar de manera significativa el precio y con “las mismas condiciones” que se tenían de los anteriores proveedores.

Llegó el día del campeonato, era febrero y nos acercábamos al medio día; hasta ese momento previo al pitazo inicial del primer partido, todo seguía siendo digno de felicitar, hasta que empezaron a transcurrir los minutos de juego. No llegamos a terminar el primer tiempo porque la incomodidad de casi todos los jugadores era inmanejable… ¡la camiseta quemaba!

El impase se superó minutos después y se tuvieron que conseguir chalecos y cada uno jugar con su propio polo, hubo gran desorganización, pero finalmente se superó. El lunes siguiente a primera hora, la encargada de ver las camisetas presentó la queja formal al proveedor, adicionalmente lo llamó y le comenzó a increpar telefónicamente en plena oficina por que le había vendido gato por liebre; el ánimo cambió repentinamente ante la inesperada respuesta del señor… “señorita, en el contrato que firmó está clarito que si no hay el material que usted pidió se le daba uno alternativo, por eso el precio…” , el silencio se apoderó de la oficina y la cara de derrota selló el momento, efectivamente, al revisar nuevamente el contrato de servicios, decía en letra chica lo mencionado por el señor… no había nada para reclamar.

Casos así, de situaciones donde nos sorprendemos por resultados no esperados son parte de nuestra experiencia de vida, como empresarios, debemos ser muy agudos en identificar qué firmamos, qué condiciones tiene
aquello que estamos buscando lograr, esto lo vamos a encontrar en cualquier tipo de gestión, desde la firma de un contrato de servicios, o hasta la obtención de licencias de funcionamiento o los permisos necesarios para operar nuestro negocio, no son iguales los requisitos para operar un restaurante que para poner un colegio, ni que decir de un establecimiento de salud.

Pongamos atención en las condiciones propias del negocio en que nos estamos involucrando, como emprendedores solemos tener un perfil vehemente y ejecutivo, pero asegurémonos de estar corriendo en el terreno correcto. Ya saben, en adelante, a leer bien, hasta la letra más chica… a seguir remando, una excelente semana para todos.