Emulando la cita histórica de Cicerón: ¿Hasta cuándo abusarás Vizcarra de nuestra paciencia?
El mundo real le queda grande, lo tiene absolutamente abrumado a este contradictorio gobernante que ha instaurado el engaño como moneda de cambio en el Perú. Hace algunos meses expresó: “La corrupción en el Perú genera pérdidas por S/10,000 millones al año, atenta contra los principios básicos de la Democracia, como la TRANSPARENCIA, el uso eficiente de recursos y, sobre todo, la confianza de la población”, pero como sus palabras se las lleva el viento, ha osado sacar bajo la manga un informe preparado por SU ministra de Justicia para rechazar la invitación de la Comisión de Fiscalización. ¿Dónde está su invocada transparencia, señor Vizcarra? No puede seguir utilizando la mentira para salvar sus intereses personales y sus cálculos políticos. Los medios afines, convenientemente engrasados, sacan una pequeña nota, sin mayores comentarios. Imposible que no sepa de las contrataciones de sus familiares y amigos, si muchos de ellos lo acompañan desde que fue GORE de Moquegua, simplemente han ido escalando a puestos de envergadura nacional.

Quizás Vizcarra podría convenir con Cioran, escritor y filósofo rumano, que la mentira, al fin y al cabo, no deja de ser una forma de (repudiable) talento.

Y en Walter Martos tiene a un PM ad-hoc, con una lealtad que llega al absurdo y que le deja el camino expedito para el caudillaje. Bastante pobres las respuestas del ministro a una entrevista del diario Correo el pasado domingo. Más allá de intentar anular el control parlamentario y de pretender convencernos de que sin María Antonieta Alva no es posible la recuperación económica, me sorprendió una de ellas especialmente, que solo refleja sus confusos pensamientos: “Tendríamos que disculparnos por no haber tenido la capacidad de pruebas moleculares y bueno, si como Estado tenemos que disculparnos con el país por esto, como Estado hemos fallado, no como Gobierno”.

Efectivamente Estado y Gobierno no son sinónimos. Una de las definiciones más aceptadas (Convención de Montevideo sobre Derechos y Deberes de los Estados) describe al Estado como un espacio que posee una población permanente, un territorio determinado y un Gobierno capaz de mantener control efectivo sobre dicho territorio y conducir relaciones internacionales con otros estados. Vale decir, el Gobierno es el que controla y administra el poder el Estado y es absolutamente responsable por todas las decisiones que están llevando al país al despeñadero. Le faltará vida para pedir justas disculpas.

Los bancos también están sufriendo con esta crisis, sus utilidades se han desplomado por la parálisis económica y por la necesidad de hacer provisiones. Nos guste o no, es un sector vital para el país, es la savia que vivifica la economía; si la banca colapsara, el impacto económico sería indescriptible. Ya se han reprogramado cerca de 6 millones de créditos, equivalente al 30% de la cartera bancaria. En este delicado escenario, no se debe permitir que el Congreso regule las tasas de interés, es un peligroso populismo que le pasaría la factura a los más vulnerables, y el maná ya no llueve del cielo.