De mis maestros aprendí a no descuidar mi escritura: “que nunca la gestión cultural, o la política, avasalle tu producción”, es la máxima a la que retorno porque con ella me hablan las voces de todos mis mentores. Gracias a ellos, durante el año de la tragedia, me concentré en escribir, revisar y corregir lo que hasta mis 42 exigía un ajuste de cuentas, un inventario para retomar el curso, o cambiarlo.

Así se reeditó “Lima”, publicado en un generoso tiraje de diez mil ejemplares por el programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima, así nació “La épica del desastre”, la antología personal que publicó, en España, Valparaíso Ediciones; así publiqué “La primera línea, antología de poesía iberoamericana”, un volumen de 400 páginas que presenté en el marco del Festival Internacional Primavera Poética, en febrero, gracias al Ministerio de Cultura del Perú; y así aparece ahora “A tiempo completo, antología poética 1998/2020”, publicado por la Universidad Nacional del Altiplano (Puno), en la colección que, pulcramente, dirige el poeta y académico Jose Luis Velásquez Garambel.

Acabo de recibir los ejemplares y la emoción es mayor a la de aquel día, a mis diecisiete, en aquel lejano 1995, cuando el taxi llegó con los ejemplares de mi primer libro. Gracias, querido José Luis, por tu confianza; gracias, querido Omar Aramayo por tu atenta lectura, gracias por permitir que mi poesía se lea ahora en Puno, la histórica región de las vanguardias. Gracias a las autoridades de la Universidad Nacional del Altiplano, queda el compromiso de continuar retornando a la vieja máxima para no abandonar jamás mi producción. Les comparto un poema, un soneto de 1998:

SPLEEN// El mar, su azul de celda matutina,/ Sus alas desplegándose en las olas,/

Tiene esa tristeza que difumina/ La estela de inciertas barcarolas. //

Allí se oculta acaso la tragedia,/

El corazón que se destroza rudo/ En los actos de una vil comedia/ Donde mi personaje es mudo.// Ya no el veneno de las amapolas,/ La culpa de quien se recrimina/ Sobre su tumba de caracolas.//

Solo el Pacífico que dictamina,/

Lejos de crucifijos y de estolas,/ La muerte de lo que abomina.