Como hombres y mujeres del derecho sabemos que nuestra profesión no tiene por qué caer más en el desprestigio, ni la mala reputación que las personas suelen tener del abogado; lamentablemente, nuestra sociedad sigue siendo víctima de estos malos profesionales, por la falta de respeto a la integridad personal y a la integridad profesional del mismo; estos malos letrados, son los que suelen engañar a sus clientes, con la sola finalidad de llenarse los bolsillos; nuestra noble carrera es una profesión en la cual estamos para servir y ser voceros de la justicia, no para caer en las pérfidas garras de la corrupción y el engaño. Para llevar esto a la práctica y cumplir bien la labor como abogado, debemos conocer un poco la psicología de nuestro cliente o patrocinado, lo cual se logra tratándolo, escuchándolo y observando la manera como nos narra los hechos y por qué ha llegado a acudir a nuestro despacho; de este modo, todo profesional del derecho debe saber que si desea dar un servicio que genere seguridad y garantía a su patrocinado, este debe empezar por brindarle la confianza que necesita.

Entre el letrado y el cliente, se tiene que crear un ambiente de confianza, más allá de toda relación jurídica que ambos entablen; una relación de confianza, basada en principios y valores con otra persona, siempre perdurará, y esto es necesario que se dé en el ámbito legal, porque ambos son los interesados en alcanzar la justicia, ganando el caso; todo abogado sabe desde ya, que es imposible llevar el caso de una persona y más aún, preparar su defensa, si es que esta persona –el cliente– no llegó a manifestar o expresarle la confianza requerida a su defensor, y no necesariamente estamos hablando de una confianza como la que se tienen dos grandes amigos desde antaño, sino una confianza laboral, donde el cliente no puede dejar de pasar por alto los más mínimos detalles, para que su abogado pueda recibir esa información y pueda plasmarla sobre el escrito que hará en pos de su defensa.

Para el profesional del derecho, será imposible y difícil poner todos sus conocimientos sobre el documento, sin que antes su cliente no ha podido serle del todo sincero y contarle hasta lo más mínimo; si el cliente desea salir airoso y ganar el caso, debe abrirse a su abogado y contarle todo; como también, es imposible que el cliente pueda contarle hasta los más mínimos detalles al letrado, si es que su defensor no se muestra confiable, esto perjudica demasiado la relación laboral haciendo que se dificulte más o simplemente no se pueda llevar bien el caso. Un elemento que no podemos obviar es la toma de decisión por la vía que se optará para asumir la defensa, las mismas que deberán acompañar con una buena justificación y explicación del jurisconsulto para con su patrocinado; ya que si el abogado sabe qué camino tomará, el cliente se sentirá más seguro.

En conclusión, el abogado deberá ponerse en lugar del cliente o patrocinado, y hacer de cuenta que será él quien necesite de los servicios que presta un profesional del derecho; si el letrado realmente desea tener una amplia cartera de personas que requieran de sus servicios, entonces solo le queda cumplir con su trabajo y ser responsable en las acciones que ejecute o demande; como profesionales del derecho, tenemos la consigna, el respaldo de la ley y, sobre todo, nuestra labor de poner el ejercicio de la abogacía en al causa justa y noble de nuestro patrocinado, para luchar con él y superar cualquier obstáculo que pretenda opacar la justicia.