El gran bagaje que hemos adquirido en las aulas universitarias no deben ser utilizados para alardear, tampoco para realizar nuestras tareas solo pensando en una retribución económica ¡Eso no! Nuestros maestros han querido brindarnos y compartir con nosotros su sapiencia con el anhelo de vernos convertidos en abogados dignos; a lo largo de la carrera, llevamos materias como derecho constitucional, derecho civil, derecho penal, derecho laboral, entre otros, asignaturas fundamentales en la formación del letrado; sin embargo, poco o nada serviría haber cursado estas materias sin tomar en consideración el gran aporte de asignaturas como teoría del derecho, filosofía del derecho y deontología jurídica; si a todo ello le sumamos el quehacer profesional, mediante la asesoría o la defensa, recién podríamos hablar orgullosamente que hemos tomado el vasto derrotero jurídico.

Muchos de nosotros, una vez profesionales, decidimos seguir avanzando en el ejercicio profesional y optamos por llevar cursos de postgrado, maestría y doctorado, enriqueciendo de esta manera la concepción y comprensión del derecho y sus más altos valores sobre la justicia; así pues, más allá de destacar, estudiar y reconocer las materias plasmadas en los sílabos o en la currícula, debemos reconocer que el derecho no solo se ejerce con el litigio o el asesoramiento, sino también con la enseñanza, donde se procura ubicar al estudiante o al estudioso del derecho en el ámbito real, procurando resolver los conflictos que se presenten en la sociedad. El derecho, como tal, debe estar siempre sometido al ámbito constitucional y al estudio esmerado de los derechos humanos; resulta de imperiosa necesidad no solo establecer las normas constitucionales, sino también hacerlas ejecutar, logrando que los ciudadanos sepan muy bien cuáles son sus derechos y cómo éstos están protegidos, amparados y garantizados por la constitución; debemos entender y comprender que el estudio del derecho siempre debe regirse por una sola consigna: hacer justicia; de poco o nada sirve que los estudiantes de derecho, abogados y magistrados, vean en el estudio del derecho una disciplina seria, arraigada de valores y principios, si no se tiene la plena convicción y vocación que uno, como profesional del derecho, está dispuesto a cumplir su misión, como servidor de la justicia, de hacer las cosas correctas y justas, con disciplina, respetando los principios y sujetándose
a las normas supremas de la sociedad.

Para aplicar nuestros estudios de derecho en los casos que se nos presenten, siempre debemos trabajar con libros, tanto antiguos (doctrina, fuentes, historia, teoría), como también contar con textos actuales, para poder aplicar la dinámica de los casos y la jurisprudencia, consultando sentencias relevantes que nos sirvan de guía o fuentes, forjándose un estudio pragmático del derecho y logrando la armonía e independencia necesarias para la correcta argumentación jurídica; mientras más leamos, más informados y actualizados estaremos de todo lo que acontece a nuestro alrededor, sin perder de vista nuestra labor social; vivimos en una sociedad plagada de actos injustos, gobiernos arbitrarios y corruptos, diariamente se vulneran y dejan de lado los derechos y libertades fundamentales de las personas, baluartes de nuestro estudio y aplicación, sin los cuales no vamos a poder alcanzar un sistema óptimo donde impere la justicia y donde no se transgredan los valores, los derechos y las garantías constitucionales; debemos estar atentos y vigilantes, ante cualquier infracción, recurramos a la tutela jurisdiccional.

¡Pensemos en el futuro! Los estudios que hemos recibido ayer los estamos aplicando hoy; pero ¿qué estamos dejando al futuro? Quizá muchos colegas prefieran solo vivir en el presente y del presente; pero, habemos otros letrados que nos preocupamos por dejar no solo una trayectoria, sino una trascendencia; los estudios del derecho nos han enriquecido en conocimientos y lo seguirán haciendo, pero debemos pensar en el legado que dejaremos para el mañana, podría plasmarse en una obra, fruto de nuestro arduo estudio, investigación y trabajo, para que las nuevas generaciones de abogados sigan progresando y haciendo de esta noble carrera, el mejor proyecto de vida, como lo es, el de servir siempre a la justicia.