Cuando inicié el estudio de la carrera de derecho, tenía una gran motivación e inspiración: lograr alcanzar la justicia por medio de esta loable y digna profesión; la abogacía nos exige el ferviente compromiso de entregar lo mejor de nosotros para conseguir el máximo valor jurídico; no obstante, el derecho representa mucho más que un simple conjunto de normas que sirven para regular a una sociedad determinada; el derecho va más allá de este panorama y busca trascender del plano abstracto a un plano real y necesario, donde la efectiva contemplación de lo que conocemos como “derecho” irrumpe en los albores de lo que las personas llaman justicia. Existen, en nuestra sociedad, algunas personas que relegan nuestra labor profesional, sosteniendo que solo nos motiva un afán lucrativo, llegando a decir que la justicia en nuestro país es sorda y ciega, lo cual rechazo; quienes ejercemos el derecho en aras de la justicia, sabemos que ésta a veces tarda pero llega.

Una de las misiones, quizá la principal, del derecho es la facultad y potestad de administrar justicia, razón por la cual los letrados somos servidores de ella, siempre y cuando aceptemos el valor que encierra cada uno de los parámetros establecidos en la evolución del pensamiento jurídico; es así como desde los orígenes de la humanidad hemos ido alcanzando dicha evolución, gracias al establecimiento de normas y conductas que la sociedad misma pudo concebir. Para poder comprender este tema es necesario razonar y pensar de manera lógica, escapar del sistema claustrofóbico de normas y leyes, recordando que la enseñanza y aplicación del derecho para lograr la justicia se ejerce pensando; debemos resaltar la importancia de la labor reflexiva en el derecho, la misma que se manifiesta mediante la difusión científica y académica que los abogados, magistrados, docentes e investigadores del derecho puedan lograr plantear, tanto en sus tesis, obras (publicaciones) y ejerciendo la docencia, llegando a construir un sistema de justicia en la enseñanza y en el ejercicio del derecho.

La corrupción es una de las grandes preocupaciones del mundo actual, la misma que se intensifica con el paso del tiempo, en vez de disminuir; observamos que este flagelo afecta de manera personal, pero más aún de manera social, empezando -lastimosamente- por nuestros altos funcionarios, quienes no han tenido conciencia para actuar de manera negativa, denigrando a la justicia; si pretendemos cambiar el sistema, no solo debemos cambiar la visión que tengamos de nuestro propio trabajo, debiendo enfocarnos en una tarea que comprenda el aspecto social, urbano y plenamente político, ya que como conocedores de esta magna ciencia, somos los primeros indicados en restaurar los derechos fundamentales contenidos en nuestra carta magna, así como reformar las norma establecidas, contribuyendo de esta manera a la gran labor de la correcta administración de justicia.

Alcanzar este alto estándar de cual hablamos tiene que ser también una preocupación no solo de los abogados, sino de todos los ciudadanos, quienes deben conocer -por lo menos- nuestros derechos y libertades fundamentales; es muy triste advertir que algunos colegas letrados se sirven de la astucia y el engaño para agenciarse de dinero, en vez de obedecer a la voz de su conciencia y el seguimiento de los preceptos éticos y morales, dejando de lado el servicio al ciudadano. El Derecho Romano nos ha dejado como legado que el derecho es el arte de lo bueno y lo justo, y que -precisamente- para ser un hombre justo se debe vivir honestamente, dando a cada uno lo suyo; consignas y principios fundamentales que muchos profesionales del derecho han olvidado o no quieren recordar, optando por la corrupción y la impunidad, desdeñando las máximas y principios que nos llevan a la justicia.