La corrupción es un problema que afecta a nuestro país, a nuestro continente y a todo el mundo; existe corrupción de distintos tipos y formas, las más notorias son dos: la corrupción en el sector privado y la corrupción en el sector público. Frente a este tema, debemos recordar que somos profesionales del derecho y, como tales, los primeros llamados a combatirla, mediante el poder de la ley y de la justicia; como ciudadanos, tenemos el compromiso de luchar para derrocar a este mal o, al menos, procurar disminuirlo. En la historia peruana, observamos cómo llegamos a afrontar situaciones complicadas, sobre las cuales, las instituciones y las personas salieron al frente por nuestro Perú y dieron hasta su vida por él; en la actualidad, nos enfrentamos a esta lacra que día a día aumenta, eso no debe ser óbice para desentendernos del tema y desatenderlo.

En este lado de América, los gobiernos cada vez se corrompen más, causando la sensación de que la corrupción está en cada rincón de nuestros países, como un bicho o roedor que busca depredar todo a su paso; precisamente, el gobierno peruano se ha visto cada vez más involucrado en este deplorable problema, nuestros últimos mandatarios se han visto inmersos en una serie de acusaciones de las cuales ya no tienen cómo librarse; hemos empezado este nuevo año con el escándalo de las vacunaciones irregulares de altos funcionarios del Estado, quienes pretendían pasarse de listos, sin reparar que existe una justicia que quizá tarda, pero que tarde o temprano llega; no existe delito que pueda permanecer oculto, ni que se escape de los ojos de la justicia, al final todo se sabe. Por ello, estimados colegas, es necesario reafirmar nuestra postura, a cada instante, y evitar cometer errores, tanto en el ejercicio profesional como en nuestra vida personal, evitando así ser llamados a rendir cuentas ante los tribunales; es imperioso elevar nuestra voluntad y caminar con la frente limpia y erguida, contribuyendo a la construcción de un nuevo sistema ético cuyo máximo fin será el principio de responsabilidad.

Mis palabras quizá sean ásperas y directas, pero es mejor así, como letrados, no podemos permanecer silentes ante tanto maltrato, dolor y corruptela; mi intención es propiciar la toma de conciencia acerca de las malas y nefastas experiencias vividas en el pasado, para ya no repetirlas, para que no se propaguen, para que no se siga formando ese mal hábito en nuestros conciudadanos de querer corromperse cada vez más, en vez de mejorar como profesionales y como personas. Debemos luchar con las mejores armas: la espada y la balanza de la justicia, empleándolas en aquella lid que muchas veces, la mayoría de las autoridades de nuestro país no son capaces de combatir, dejándose embaucar fácilmente y engrosan las huestes de este mal; la batalla que emprendamos parecerá ser un conflicto eterno, en el cual toda la humanidad está dispuesta a ir al frente, pero no estamos dispuestos o convencidos de que la vamos a ganar. Nuestros conciudadanos siempre buscarán y encontrarán culpables al momento de decir que nuestro país está lleno de personas corruptas, centrándose en quienes detentan el poder y administran justicia; sostienen que de nada han servido las reformas, ya que de nada sirve plantear propuestas de solución si no se lograr aplicar con el rigor necesario.

¡Colegas! No repitamos el pasado, empecemos a proyectarnos de manera clara y transparente, como profesionales del derecho y como ciudadanos, buscando lo justo y lo legal, construyendo así una nueva sociedad pensante y actuante; y, forjando -de esta manera- un mejor futuro para las generaciones venideras.