Hemos visto al Congreso vacar la Presidencia dos veces en este quinquenio. Y aprobar luego la devolución a los pensionistas de 16 mil millones de soles que no existen. Y derogar al día siguiente la ley que hizo posible el éxito mundial del Perú en la agroexportación.

La izquierda está en el gobierno sin ningún poder. El poder lo tiene el Congreso. Paralizado por el miedo, el gobierno ya no atina a nada, no puede controlar los espacios clave del territorio nacional. Las carreteras principales están bloqueadas. No está claro si la Polícía le obedece.

Y al Congreso lo domina la demagogia. No el pueblo, sino la turba. El Congreso no sabe lo que hace. Sigue al pie de la letra la agenda de la calle, a la que teme, que es dictada por percepciones inducidas, ajenas a la realidad, cuyo objetivo es causar el caos y la confusión, las condiciones objetivas para la toma del poder.

Este libreto es más viejo que la Revolución Francesa. Desde la Revolución Francesa se llama el Terror. Entonces duró diez años hasta devorarse a sí mismo. Aquí vamos llegando al final del primer quinquenio.

Todo gira en torno a la idea-fuerza de la igualdad, que fue y sigue siendo el paradigma del Estado desde hace 200 años. En la versión de las repúblicas europeas, condujo al marxismo y a la violencia, según Marx la “partera de la historia”. En la versión norteamericana condujo al “sueño americano”. Ambos han venido a terminar juntos.

El ataque es hoy contra las dos columnas que sostienen la economía del Perú: la minería y la nueva agroindustria exportadora. Eso es lo que para la olla del país. Y el enemigo lo sabe. Quiere tomar el control de los recursos naturales –el cobre, el litio, las tierras raras, el oro, el agua-, todos los cuales el Perú tiene. Por eso la batalla final, como hace 200 años, será en nuestro país y especialmente en el Sur.

Tengamos la seguridad de que el Terror pasará y prevalecerá el equilibrio entre la igualdad de oportunidades, la libertad de la economía y la gobernabilidad democrática, los tres componentes del Estado del futuro.
Pero no sin que la noche se haga aún más oscura. Estemos preparados. El enemigo no pasará.