Por más que los funcionarios del gobierno morado disfrazado de independiente que controla el Ejecutivo, diariamente propalen éxitos en el plan de vacunación, los peruanos solo escuchamos proyectos de compras millonarias de vacunas varias y de un perfecto plan de inoculación por segmentos sociales de mayor exposición a la covid, pero nada de eso se percibe en la realidad.

Somos el último país del mundo en compra de vacunas, en aplicación de las mismas y hasta en almacenamiento porque no es dable que debiendo inocularse de inmediato, se descubra que hay lotes grandes de vacunas aún en almacén; pero sí somos el primer país en el mundo en cuanto a número de fallecidos que, en cifras no maquilladas, superan los cien mil peruanos que dejaron de existir por un desgobierno que implica una serie de omisiones dolosas de contenido penal grave, amén de la corrupción desatada en la compra de elementos inútiles y en la negociación para la elección de la vacuna china.

Vizcarra y sus funcionarios responsables de este desastre deben ser sometidos a una inmediata investigación porque merecen la cárcel, tanto porque su comportamiento fue delictivo como por los negociados y la corrupción en que está envuelto como gobernador de Moquegua.

Sin embargo, su reemplazante, el señor Sagasti, tampoco ha actuado con la transparencia debida. En todo momento ha continuado ocultando lo hecho por Vizcarra y prosiguiendo con negociaciones dejadas inconclusas por éste, pero, además, descuidando por completo la atención a la seguridad ciudadana y la economía, colocando a la población peruana en un escenario de muerte, hambre, miseria y agresión.

La presunta autoridad moral que esgrimía ha quedado muy resquebrajada con la declaración de la exministra de Relaciones Exteriores en el sentido de haber comunicado al presidente Sagasti que se iba a inocular la vacuna con una tácita autorización y todo en secreto.

La primera ministra tuvo que reconocer que la reunión que menciona la excanciller sí se produjo, pero que allí solo se trató sobre negociaciones para comprar vacunas, afirmación esta que carece de un razonable sustento de credibilidad frente a los hechos conocidos.

Ahora la gente se muere en su casa con la covid, se muere de hambre sin trabajo, no hay gobierno y, negándose a dialogar con los transportistas, ha provocado que estos tomen las carreteras, incendien vehículos, agredan a transeúntes y se paralice el país.

Lástima de situación: ¿es posible tanta incompetencia?