Una cosa es que Víctor Hugo sea el celebrado autor de “Los Miserables” y otra cosa es que Víctor Hugo Carrillo ofrezca otro arbitraje miserable. Solamente le faltó ejecutar él mismo el penal para asegurar la efectiva demostración de su penosa incapacidad.

Cuando el marcador estaba aún cerrado, Cuesta anotó un golazo con un remate por elevación y bastante cruzado que anidó el balón en el segundo palo de Diego Penny. Justo antes del remate había disputado el balón con Revoredo y ambos cargaron con el hombro, lo que es perfectamente válido.

No es difícil entender que Cuesta, con más capacidad física, haya ganado el tope dejando mal parado al celeste. Le alcanzó para estabilizar el cuerpo, dominar el balón y girar. Todos esperaban el centro pero Cuesta anotó el golazo. Fue entonces, y recién entonces que el inepto Carrillo decidió inventar una falta y anular la conquista. Qué vergüenza.

No se trata de hacer un inventario de las pequeñas trapacerías de este discutido personaje del silbato que ya nos ha hecho pasar vergüenzas internacionales, pero tampoco está uno para quedarse callado. Hubo otro momento en el que el colombiano Omar Fernández ya había girado superando a Revoredo y haciéndolo trastabillar.

Revoredo tiene experiencia y forzó la caída haciendo perder el equilibrio al jugador de Melgar. Fue entonces que Carrillo se ganó, con todo, el derecho de ser considerado hasta ese momento el mejor jugador de Sporting Cristal. Cobró falta en ataque, cobró al revés. Hizo lo que quiso, ensució su mal ganado carnet FIFA a ojos de todos.

¿Puede haber alguien peor que Carrillo en el arbitraje? Sí. Claro que sí. El tal Gambetta. Y precisamente será él quien tenga a su cargo el segundo encuentro. Como si alguien quisiera asegurar la jugada. Qué feo.

Efraín Trelles