Hace tres años un 8 de febrero del 2017 se encontró un laboratorio clandestino en el distrito de San Miguel donde se incautó 5 kg de marihuana junto a equipamiento para producir aceite. Durante la intervención un grupo de personas se manifestó argumentando que esa producción era destinada para pacientes que sufrían enfermedades que eran aliviadas por este aceite. Este acontecimiento y otros posteriores lograron sensibilizar a las autoridades y elaboraron proyectos que finalmente terminaron con la aprobación de la Ley 30681 que regula el uso medicinal y terapéutico del cannabis y sus derivados ( sí, fue el Congreso tan criticado que la aprobó) y hace unos meses el Ejecutivo aprobó el decreto supremo DS-005-2019-SA, reglamento de la Ley de Cannabis Medicinal; sin embargo los pacientes que lucharon por sacar esta regulación no han quedado muy conformes con el reglamento debido a que no se incluye el autocultivo. Para quienes estamos en el sector sabemos que será muy difícil lograrlo en el corto plazo, básicamente por la complejidad de los actuales requisitos para fabricar productos farmacéuticos o insumos médicos, posibles de alcanzar solo para grandes laboratorios.

A mi entender los pacientes que esperaban encontrar una solución a su acceso con la aprobación de la Ley y el reglamento del cannabis han pasado a integrar la larga lista de personas que sufren de las carencias generales en salud, pues ahora tienen acceso en el papel, pero en la práctica no encuentran el producto más que en una sola presentación disponible en la farmacia de Digemid, existiendo en el mundo cientos de combinaciones y cientos de productos.

Lo que está pasando con el cannabis tiene mucha similitud con diferentes medicamentos e insumos médicos. Los usuarios desean regulaciones coherentes para mejorar la disponibilidad de medicamentos y que tengan la garantía de ser seguros y eficaces, pero terminan siendo tan complejas que se ven obligados a recurrir a mercados paralelos y muchas veces ilegales para conseguir el producto. Y es que en general la desconexión de las autoridades con la población, los diversos intereses que existen y los largos caminos que se recorren para lograr lo que finalmente se aprueba termina distorsionado de la necesidad original.

Finalmente cámbiele de nombre al cannabis por la medicina que necesite para diabetes, cáncer, enfermedades huérfanas, o cualquier enfermedad crónica que signifique una lucha continua para usted y verá que todos peleamos contra los mismos enemigos, la indiferencia, la ignorancia, la burocracia, la corrupción, y sobre todo contra el tiempo, tiempo que nos consume mientras lo gastamos tratando de hacerle entender a las autoridades y a la sociedad que tenemos derecho a un verdadero acceso que simplemente es el acceso a la vida.
@sandrostapleton