En plena amenaza de cambio de modelo constitucional, por otro de índole comunista, es inadmisible que Acción Popular –defenestrado del poder en 1968 por la entonces cúpula comunista de la Fuerza Armada- coloque en entredicho la unidad de todas las fuerzas democráticas, con antojadizas poses de privilegio que minan las posibilidades de que el centro político alcance a presidir la mesa directiva del Congreso. Su ademán podría dejar el Legislativo bajo control del comunismo. Con lo cual entre otras afrentas se abolirá el Estado de Derecho, alentará la quiebra absoluta del sistema democrático, y avalará el llamado a una constituyente. Consecuentemente quedará garantizado que la República del Perú pase a ser un Estado bolivariano bajo el mando del Foro de Sao Paulo teledirigida desde La Habana.
Acá lo que durante el fin de semana han venido concertando los partidos democráticos no ha sido una negociación ordinaria, adonde lo que se pretendía definir eran sólo los intereses particulares de cada partido. No. El convenio, en este caso, era por asuntos absolutamente superiores. De por medio está nada menos que el futuro de la patria; el mañana de la democracia peruana; el porvenir de una ciudadanía libre y una nación que sepa preservarle los derechos universales -y garantizarle la seguridad personal y patrimonial- a todos sus pobladores. No estamos en tiempos normales, amable lector. La fraudulenta elección ha consolidado en el Ejecutivo al comunismo más radical que incluye a los terroristas, al formar parte de la cúpula de gobierno el llamado movadef, movimiento por la amnistía y los derechos fundamentales (del genocida guzmán y los demás miembros de las cúpulas letales de sendero y mrta que se encuentran presos).
Sin embargo, exhibiendo una prepotencia superlativa, un desprecio impresentable por la peruanidad amenazada por el comunismo, y una ambición colosal, la dirigencia de Acción Popular antepone sus privilegios particulares –y las miserias personales de sus autoridades- a los grandes intereses de la patria. Es probable que semejante yerro histórico se confirme en la elección final de la mesa directiva del Parlamento. De ser este el caso, entonces Acción Popular habrá traicionado, de manera imperdonable, al Perú. Y el futuro que le espera a usted, amable lector, será aquella noche oscura del totalitarismo que ve reflejado en Cuba y Venezuela. Sería indigno al extremo que esto acabe plasmándose ahora mismo. Por eso hoy apelamos a la sensatez de las figuras históricas que aún tienen vigencia en esa tienda política, para que repongan el sentido común tal cual fue originalmente la razón de ser del partido democrático que fundara Fernando Belaunde Terry. No este feudo de temerarios caciques tardíamente aupados para disfrutar del poder, beneficiándose del prestigio que acopiase la agrupación de la lampa. Sino acciopopulistas abocados al fragor patriótico para defender la democracia y el Estado de Derecho en este atribulado país.
Sería indigno para la memoria de quienes gobernaron el Perú en dos oportunidades –y abyecto para quienes votaron por Acción Popular como esperanza democrática- que esta otrora señera agrupación acabe convertida en cómplice del comunismo sudaca.

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