Solo podía concebirlo Hitchcock en alguna de sus películas. El vértigo o la acrofobia, o ese miedo de ser invadidos que nos subyuga en Los Pájaros. Si la vida real fuera hoy una película del maestro del suspenso, titularía

“Acorralados”. Al margen de la inconsciencia que nos permite ver las calles repletas de gente, al margen de lo que se defina como riesgo, lo cierto es que por todas las vías y más por las redes sociales los obituarios se multiplican, las urgencias por camas UCI o balones de oxígeno tocan nuestros teléfonos. No veo bajada ni con gráficos en los ojos. La sensación es la de una guerra en la que el enemigo se sofistica.

No hay certidumbre de vacunas, de alguna manera el mundo considera vacunación de emergencia lo que es una “prueba”. Para quien tiene teletrabajo estatal es una cuestión de esperar, para quien debe vivir con lo que gana al día es una cuestión de arriesgar y exponer a la familia. Muchas casas han perdido a alguien. Unos tienen la opción de la enseñanza universitaria, pero la ley malhadada exige una maestría, por tanto una tesis, como si la tesis asegurara la calidad de la enseñanza. Hay malos maestros con doctorado y licenciados con lucidez. Nunca la libertad había sido tan constreñida por las circunstancias y el temor.

La pandemia ha cerrado empleos, ha cerrado la plaza. “Acorralado” parece una definición física, pero es un término general, quizás un estado espiritual, el de no saber cómo liberarse ni hacia dónde fugar porque el virus es ubicuo, está en París, en el más remoto distrito del Perú y a veces en los sueños ¿De qué vive quien tiene un computador en casa y no un contrato de trabajo? ¿Qué siente jugar en hard level? ¿Qué se siente no poder huir?

Alguna vez un maestro me refirió de un discípulo de Porras que vivía de lo que escribía en revistas para una élite. Ganaba para vivir en buenos tiempos, no había riesgos, una oficina no era una trampa mortal del envenenamiento que es hoy.

Alguno por allí la hace de negro literario y escribe para otros, alguno fabrica biografías y ensayos a solicitud o hace informes. Suerte. “El negocio digital”, dice uno; pero se lo veo inviable. Acorralados como Boccaccio y sus amigos contando historias en la peste, refugiados de ella en una villa de Florencia, acorralados. Si Hitchcock viviera.