“Yo estoy comprometido para darle estabilidad y gobernabilidad al Perú”, dice ese mercantilista de la política llamado César Acuña. Multimillonario provinciano que se jacta de su racismo –“sólo los provincianos sienten al Perú”–, juega con el destino de millones de peruanos, manipulando la coyuntura política nacional según sus particulares intereses.

Acuña, asimismo, hace alardes de sus riquezas exhibiendo ofensivamente su grosero modo de vida pleno de lujos y dispendios, en una nación que se cae a pedazos por gente, como él, que privilegian sus canonjías y defienden sus prerrogativas, antes que interesarse por la nación, como le compete al auténtico político.

Por cierto, pese a ser propietario de una cadena nacional de universidades, Acuña exhibe sin reparos una medianía cultural que le impide transmitir coherentemente sus ideas. No sólo por su ofensa a la sintaxis sino por sus agravios gramaticales y su afición a los disparates. Como eso de “camas susi”, en lugar de camas UCI.

Acuña tergiversa la realidad apelando a ambigüedades. Alega “defiendo la gobernabilidad”, pero allí donde no existe gobierno. Porque señor Acuña, lo de Pedro Castillo no califica como gobierno sino justamente de lo contrario. Castillo administra un brutal desgobierno que viene carcomiendo nuestras estructuras sociopolíticas y económicas.

Tampoco es cierto cuando dice que el Perú no resistiría otra vacancia. Oiga, señor Acuña, Castillo lleva 120 días en palacio y el Estado peruano ha sufrido muchísimo más daños que los que produjeron las vacancias de Fujimori, Kuczynski y Vizcarra juntas. Si no ve esta realidad, a sus exuberancias de multimillonario y a sus gazapos intelectuales súmele la ineptitud de sus aspiraciones de político.

No basta fundar y mantener un partido, señor Acuña, para ser político. Los partidos no sólo son locales repletos de aspirantes a algún cargo en el Estado en épocas electorales. Los partidos políticos son ágoras desde donde se imparte docencia política y transmite mística, ideología y valores guiados por un Norte. No por coyunturas; mucho menos por prebendas. ¡Sólo por principios rectores! Precisamente de lo que carece su “partido”, señor Acuña, porque Alianza por el Progreso sobrevive sólo para mantener su imagen mesiánica, endiosándolo como “político” cuando usted es un empresario que, sin tener esa condición pétrea del político –una ideología bien definida– persiste en manipular a la nación, respaldado por su fortuna empresarial. Si tiene grandeza, señor Acuña, mantenga a su partido. Pero entréguele la función política a gente que reúna esa condición.

En tiempos dramáticos como por los que atraviesa el Perú –¿sabe que podría perderlo todo, y acabar sus días en el exilio o en una cárcel si usted ayuda a que se consolide este esperpéntico régimen comunista liderado por un tonto útil de Cuba y Venezuela?–, felizmente su partido mantiene gente valiosa. La ex Fiscal de la Nación Gladys Echaíz y el general Roberto Chiabra tienen las cosas clarísimas. Pero usted les relega para exteriorizar su prerrogativa del líder que no lo es. Sacrifique su imagen en estos momentos dramáticos, y apoye al Perú. ¡Quizá ese gesto lo convierta en figura política!

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.