Adelanto de elecciones… ¡Un engaña muchachos!

Adelanto de elecciones… ¡Un engaña muchachos!

La convulsión social, la acelerada degradación del Estado y de la economía nacional, nos indican que el cáncer Perú Libre, habiéndose iniciado como un tumor maligno en la región de Junín, haciendo metástasis, ya infestó el Ejecutivo y Legislativo, que galopante está llevando al Perú a punto de no retorno… ¡Si no hacemos algo!

Lo que se requiere es extirpar el cáncer de raíz, sin embargo, los médicos ambulantes oficialistas, ataviados como chamanes, en base a cebos de culebra, pretenden aliviar los malestares aplicándonos bonos y políticas populistas. Congresistas perulibristas, cual médicos matasanos, pretendiendo alargar la agonía, ladinamente nos ofrecen aromáticas hierbas en dulce fusión arracimada, que mágicamente logrará extirpar el mal restaurando la salud en ambos poderes del Estado.

Quijotes, el adelanto de elecciones es un engaña muchachos. Las recientes propuestas legislativas, de llegar al Pleno del Congreso, para decidir si prosperan o no, tomarían, en el mejor de los casos, unos tres años. También sabemos que los 83 congresistas del oficialismo (37 Perú Libre, 17 Acción Popular, 12 Alianza Para el Progreso, 5 Podemos Perú, 5 Juntos por el Perú, 4 Somos Perú y 3 Morados), disfrazados de institucionalistas defensores de la gobernabilidad y la democracia, jamás votarán por el adelanto de elecciones, ya que estos, a toda costa, buscarán preservar salarios, beneficios y el simulado respeto que jamás volverán a tener una vez dejen el Congreso.

Hermanos peruanos, es iluso pensar que Castillo renunciará a la presidencia porque sabe que, al día siguiente de hacerlo, se le vendrán múltiples investigaciones y procesos penales; lo mismo Cerrón y la gavilla de delincuentes que ahora orbitan delinquiendo alrededor y valiéndose del poder.

Por otro lado, desde una perspectiva más cotidiana, una vez que el “prosor” deje el poder, ya conocidas sus serias limitaciones mentales, académicas y morales, sinceramente, ustedes consideran posible que, alguna vez en su vida, ¿se le vuelva a elegir para algún cargo público importante? o ¿por lo menos humildes empresas o instituciones pugnen por contratar sus servicios profesionales? ¡Lo dudo! La verdad dudo que alguien siquiera quisiera confiarle la educación inicial de sus hijos… ¡Yo ni loco!

Entonces, Castillo, los congresistas, ni ninguna persona que de alguna manera esté ligado al actual gobierno, piensa ni por asomo en la renuncia presidencial; salvo Dina Boluarte, obviamente.

La mentira, el engaño, la traición, lo inmoral, lo delictivo, la victimización, entre otras taras, son lo recurrente en los perulibristas y sus socios oficialistas. Nada que hagamos y digamos bajo los cánones de la ortodoxia social y política democrática servirán para deshacernos de esta lacra que, por ahora, ocupa el Gobierno y el Congreso.

Quijotes, lo digo y lo repito. Tal es la gravedad de la situación que, sólo cuando un evento telúrico, un gravísimo hecho se haga de conocimiento público desnudando la miseria de Castillo y su banda, se gatillará el ya creciente descontento social, precipitando la caída del pollino Castillo.

Hermanos peruanos… ¡Sólo la calle sacará a Castillo!

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