Adiós descanso

Adiós descanso

Discrepo ideológicamente del dramaturgo Eduardo Adrianzén, pero leo un tuit suyo que dejo para discutir: “Qué alivio no tener que responder a ningún partido Ni buscar caer bien para pedir votos Ni defender y/o tragarse idearios u ortodoxias Ni q importe 1/2 pepino si te llaman rojo, tibio, radical, caviar, etc Ni callarse por temor a perder algo Qué genial ser libre Y qué solitario”.

Pablo Secada le responde: “Amartya Sen sostiene que no somos libres en tanto otros vivan en condiciones infrahumanas. No vamos a cambiar la política desde el Twitter. O nos metemos o sigue igual”. Alguien, bate en mano, responde al dramaturgo: “Pilatos versión siglo XXI. Ahhh pero en la campaña no eras así! Resumiendo… #cojudigno arrepentido?”. Por allí una frase críptica: “Bruce Banner pidiendo un aventón al final de cada capítulo: The lonely man en piano”. Nunca falta una frase filosófica: “Como dijo Kant, nadie es verdaderamente libre si está sujeto a una idea o un amo” …

¿Con cuál frase te quedas? Epicuro nos llamaba a la ataraxia, vivir despreocupados. A Diógenes le importaba un carajo el poder, “quítate Alejandro, que me tapas el sol”. El magno mandado a moverse por un indigente que vivía en un barril. Pero, ¡vamos!, vivimos con la culpa vallejiana (nuestros huesos fueron robados a otro) y ser sensible no es patrimonio de la izquierda, mejores manos las de un liberal.

La vida te raja, tienes que caer bien y ser evaluado, y a perpetuidad: padres, escuela, universidad, pareja, oficina, clientes, Estado, militancia, jerarquía, elector…hasta que mueres y sigues siendo débito. Miden también tu pulso, tu oxígeno, tu hemoglobina, tu vacunación, tus ingresos, tu bancarización, tus movimientos, tu “lavado”, tu “delincuencia nata”, tus pecados tirando abajo…

Un yoguini amigo me dice que imagine que no existo y que mire el parque sin juzgar, que inhale y exhale lento, que me deshaga del futuro y de las impermanencias, que no retenga filosofías, que comience de cero y que me quede en cero, que mejor no complicarse con deudas y con premuras imaginarias. A lo lejos un niño pobre me contempla pálido… y vuelvo a Amartya Sen y al proceso mental que me lleva a juzgar la política porque yo no soy solo yo, y más que yo (y que me perdone Ortega) soy mis circunstancias y en mis circunstancias crepitan los intestinos del pobre. Impertinencia esa la de quitarles la cara.

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