Hace algunos días un amigo que visitó recientemente Washington cuando ocurrió la desastrosa salida norteamericana de Afganistán, me contó que el Perú en ciertos círculos fue comparado con ese país mediterráneo del Asia Central. Mi primera reacción fue de perplejidad ante semejante comparación, ¿qué pueden tener en común el Perú y Afganistán? Es obvio que nada o muy poco, pero luego mi amigo soltó una clave que podría de alguna forma revelar esa línea de pensamiento: la droga. Sin embargo volví a preguntarme, ¿qué droga? Y ahí saltó la madre del cordero, Afganistán es uno de los principales productores y exportadores mundiales de opio. Quizás el opio sea su único producto de exportación más allá de la violencia consumada en las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono el 11 de septiembre del año 2000.
El Perú sin duda es un importante productor de hoja de coca, de pasta básica de cocaína y por último de clorhidrato de cocaína, a pesar de que hasta ahora toda esa actividad es considerada ilegal y reprimida por las autoridades del gobierno. El problema con el nuevo gobierno del presidente Castillo bajo la tutela de Vladimir Cerrón y de Perú Libre, ¿por cuánto tiempo más el Perú seguirá la política de combatir al narcotráfico como una actividad ilícita? En el Perú desde hace muchos años el narcotráfico derivó hacia el narcoterrorismo en la zona del Vraem, donde Sendero Luminoso todavía conserva una base terrorista de operaciones financiada con las exportaciones ilícitas de cocaína.
En ese aspecto el actual gobierno peruano despierta una incógnita que muchos peruanos y por cierto muchos analistas políticos en el exterior se formulan, ¿el Vraem será abandonado a su suerte con el retiro de las fuerzas armadas y policiales para que los Quispe Palomino y compañía se conviertan en los amos y señores de ese territorio? Ahí está la base de comparación con Afganistán que a primera vista parece y es absurda.
La economía peruana que la semana pasada sufrió una degradación de Moody’s por el enfrentamiento político y por la incertidumbre de las políticas económicas, todavía ofrece muchas bases de fortaleza. Si bien por efecto de la pandemia del 2020 el PBI del Perú sufrió una contracción del 12%, en el primer semestre del presente se ha presente un efecto rebote del orden del 10%. Todo eso ha sido muy bien explicado por el congresista y experto en economía Carlos Anderson. El problema reside en la definición de las políticas económicas, en un gobierno que podría estar dominado por los “nuevos talibanes de la política marxista”. He ahí la causa de preocupación en los Estados Unidos, que no se relaciona con situaciones de seguridad nacional, sino de ofrecimiento de cocaína peruana en ese país cuyo volumen hasta ahora no podemos cuantificar.

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