En la última década, el Planeta ha tenido avances y retrocesos en la conservación de suelos debido a la desertificación, sequía y avance de los desiertos. El 7 de julio se celebró el Día Internacional de la Conservación del Suelo, fecha que nos lleva a la reflexión de qué estamos haciendo para evitar las malas prácticas que afectan los suelos en el mundo.

Según la FAO, la desertificación afecta al 30% de la superficie terrestre. En América Latina, que cuenta el 8% de la población mundial, tiene a nivel global el 23% de las tierras potencialmente cultivables, el 12% de la tierra actualmente cultivada, el 46% de los bosques tropicales y el 31% del agua dulce del planeta. Sin embargo, nuestro continente tiene el 14% de la degradación de los suelos.

Esta situación es una amenaza para las tierras productivas en general. Entonces, una solución paliativa es la agricultura de conservación, estrategia que ayuda a detener el avance del desierto, incrementa las cosechas y los ingresos para el agricultor.

Se conoce que la agricultura y las actividades ganaderas y forestales tienen un impacto en el suelo, ya que lo van erosionando. La agricultura de conservación según los expertos ayuda a detener la aridez de los suelos y puede incrementar la producción de las cosechas previniendo la desertificación en los ambientes frágiles o áridos, en este último caso permite al suelo mantener un mayor volumen de las lluvias que caen.

Como una alternativa, los expertos afirman que este tipo de agricultura beneficia a las zonas áridas ya que el campesino puede optar por rotar sus cultivos con los no tradicionales, es decir, como cebada, trigo, lenteja y garbanzo, además de girasol, sorgo y mijo, según la humedad disponible en los terrenos, esto ayuda a que el suelo se nutra más y descanse del mismo cultivo.

Es importante pensar que los suelos deben pasar por etapas de conservación, reciclaje, aprovechamiento de agua y humedad, como estrategias para hacer frente a la sequía.

De no ser así, la desertificación seguirá degradando los suelos fértiles y productivos, que perderán total o parcialmente su potencial de producción. Junto a ello el cambio climático también podría ser una causa de la desertificación, que afecta a los suelos.

La conservación de suelos debe ser una prioridad, una meta para el futuro inmediato; de no verlo así y no actuar o implementar acciones, desde las instancias rectoras, se degradarán y con ello se perderá la calidad de vida de los pobladores que lo habitan y de los recursos naturales que contienen.